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D&D 40: Las películas (sí, plural) y la serie de dibujos

Completamos nuestra heroica gesta de Dungeons & Dragons comentando las tres películas y la serie de dibujos animados ochentera.

 

Para terminar de celebrar el cuadragésimo aniversario de Dungeons & Dragons, en el que hemos repasado las distintas producciones que ha generado, vamos a desempolvar la Espada +2 Exterminadora de Películas Malas y la Capa de la Nostalgia. Hemos dejado lo más temible para el final, y además nos hemos repartido el artículo entre toda la redacción —aunque Loren ha sacado éxito en la tirada de salvar—, porque temíamos que ninguno de nosotros, pese a haber subido unos niveles desde la inauguración de Fantífica e ir equipados con poderosos objetos mágicos, sobreviviera a la experiencia de verse las tres películas seguidas. Aquí tenéis el resultado, y esperamos que hayáis disfrutado tanto como nosotros de los artículos especiales sobre el 40.º aniversario de D&D.

Dungeons & Dragons (Sergi)

Dungeons & Dragons 1
El mismísimo año 2000 se estrenó la película de D&D. Supongo que algún cerebro privilegiado pensó aprovechar lo montado por Peter Jackson con El señor de los anillos y hacer una dragonada low cost. Eso sí, para que sonara a algo serio convencieron a Jeremy Irons para que participara. Y luego empezaron a hacerlo todo tan cutre como pudieron. Los efectos especiales dan risa, el vestuario parece sacado de un todo a cien, y el guión es… bueno, la historia es una campaña de D&D, el juego de rol. Una campaña simple y lineal. Con todos los tópicos y ningún interés por hacer algo interesante. El humano ladrón, la elfa exploradora, el enano guerrero… ¿os suena? Y el pobre Jeremy Irons con cara de «¿qué demonios hago yo aquí?» cada vez que sale. Y sí, Jeremy: ¿qué demonios haces ahí?

En teoría todo estaba estudiado. Incluso pusieron al típico secundario gracioso y negro para contentar al mercado afroamericano. Y le liaron con la elfa, que también era negra (¿qué queréis? ¿Parejas mixtas? ¿En Hollywood?). Pero el resultado fue un telefilm lento y aburrido, con pinta de amateur y que da bastante vergüenza ajena.

Dungeons & Dragons: Wrath of the Dragon God (Manu)

Dungeons & Dragons 2
Tras el predecible fracaso en taquilla de la primera peli de D&D, lo normal habría sido no repetir la experiencia. Pero alguien debió de hacer cuentas y descubrió que, reduciendo el presupuesto al mínimo, aún podía sacarse dinero de la licencia, así que en 2005 se estrenó sin pena ni gloria Dungeons & Dragons: Wrath of the Dragon God. Libres de la necesidad de atraer a un gran público que sabían que no llegaría —la peli salió casi directa a DVD—, Robert Kimmel y Brian Rudnick escribieron un guión que, aunque era tan lineal y soso como el de la primera parte, al menos se ceñía más a las convenciones y reglas del juego de rol.

El villano Damodar sobrevivió a la primera peli convertido en no-muerto y, un siglo más tarde, logra recobrar su poder mediante el Orbe de Faluzure, llamado así por ser el artefacto que mantenía al dios dragón del mismo nombre atrapado bajo una montaña. Ahora el dragón amenaza con despertar, Damodar amenaza con conquistar el mundo y la única esperanza reside en un grupo de héroes formado por luchador, bárbara, pícaro, maga elfa y clérigo. Prácticamente todo el guión es un despropósito, tanto que casi divierte y todo. ¿En mil años nadie se fijó en que las portadas de los últimos cuatro libros de una civilización extinta encajaban entre sí? ¿A un guerrero de nivel alto que ha ido de aventuras con magos y clérigos hay que explicarle la diferencia entre sus tipos de magia? ¿Un elemental de fuego y tierra se elimina echándole agua con un bastón de mago con cabeza de mono en la punta y una manguera dentro?

Tal vez haya niños que no, pero cualquier adulto se pondrá casi al instante del lado de los malos, mucho mejor interpretados y más divertidos que los buenos, sobre todo Bruce Payne (Damodar), que repite de la primera peli. Por lo demás, recomendable única y exclusivamente si no tenéis nada mejor que ver, tomando unas cervezas con amigos sin hacerle demasiado caso o para coger el sueñecito y echaros la siesta.

Dungeons & Dragons: The Book of Vile Darkness (David)

Dungeons & Dragons 3
Después de conocer a sus predecesoras, lo tenía todo preparado para saltar al cuello de esta película. Era fácil: una cinta de serie B (por ser generoso) estrenada directamente en DVD y perteneciente a una saga cinematográfica que no había fallado en dejar a la altura del betún la licencia en la que se apoyaba. Dos veces. Lo tenía todo preparado y realmente me habría resultado más sencillo echar pestes de Dungeons & Dragons: The Book of Vile Darkness, pero no. Es la mejor película de las tres basadas en la franquicia que hay disponible. No es mucho decir y, de hecho, tampoco se puede decir que sea una buena película. Pero ahí queda.

The Book of Vile Darkness nos cuenta el viaje de Grayson, un recién nombrado caballero del dios del Sol Pelor —lo que nos sitúa en el escenario de campaña de Greyhawk— que ve cómo su orden es atacada por un grupo de villanos con el fin de secuestrar a su padre, que parece ser un pieza clave para la reconstrucción del Libro de oscuridad vil —que existe en la realidad como suplemento de la 3ª y la 4ª edición y casualmente se estaba reeditando cuando por la fecha en la que la película vio la luz—. Grayson, que sobrevive al ataque, decide engañar a los villanos y unirse a ellos con el fin de rescatar a su padre. Un pícaro, un bárbaro, un nigromante y una hechicera, todos malvados, serán los nuevos acompañantes de Grayson en un viaje en el que se suceden los chascarrillos de humor negro, las traiciones, los dragones y muertos vivientes realmente incómodos de ver.

Vamos, que es una película de sobremesa más que entretenida para cualquier aficionado a los juegos de rol en general. Toda una sorpresa.

Dragones y Mazmorras, la serie (Laura)

Dungeons and Dragons - Serie
¿Qué probabilidades existen de que una atracción sea, literalmente, una puerta a otro mundo, un mundo en el que existen los magos, los arqueros y los dragones, dragones de una impactante y muy diversa gama de colores que a menudo tenían más de una cabeza? Lo cierto es que no demasiadas, pero ¿cuándo han sido las probabilidades un problema para los chicos de Marvel? Porque Marvel es la responsable de la mítica serie de televisión basada en Dungeons & Dragons que aterrizó en España en 1985, dos años después de que se estrenara en Estados Unidos y un año antes de que la clausuraran. Hay cientos de miles de anécdotas que tienen que ver con la trama (en España, por ejemplo, Sheila la ladrona se reconvirtió en maga) y hasta un juego infantil de tablero, no basado en el juego original que dio pie a la serie, sino en la propia serie en sí, y que era en realidad una especie de Juego de la Oca que en España distribuyó la editorial Dalmau Carles Pla el mismo 1985.

La ochentera intro —tan ochentera que casi parece una canción de Mecano escrita por un fan de lo fantástico, e interpretada por una banda llamada Dulces— esboza una especie de sinopsis de la trama: «Llegamos a un mundo fantástico, lleno de seres extraños, y el Amo del Calabozo nos dio poderes a todos; tú el bárbaro, tú el arquero, acróbata, mago y él caballero». En ella se ve a los protagonistas subidos a la vagoneta de la atracción «Dragones y Mazmorras» que les ha llevado hasta ese otro mundo en el que solo les esperan amenazas. Amenazas comandadas por un misterioso tipo calvo (y diminuto) de melena blanca que se limita a mirar de lejos mientras los chicos las pasan realmente canutas.

Aunque en un primer momento se pensó que el público ideal de la serie era el adolescente, lo cierto es que en realidad enganchó a los niños, y en aquella época se consideraba en cierto sentido violento que los chavales dispararan flechas mágicas y que el niño de la historia se hubiera convertido en un bárbaro que iba a todas partes con un garrote. Lo cierto es que la serie tuvo una audiencia considerable, y en España se mantuvo en antena hasta prácticamente los 90. Los valores que transmitía estaban en sintonía con los que transmitían otras series de la época, un exceso de empatía y una responsabilidad del tamaño de un transatlántico. Digamos que los chicos de Dragones y Mazmorras no eran Marco buscando a su madre, pero lo parecían. Después de todo, estaban en un mundo alternativo y tenían que buscar el camino de vuelta al suyo mientras se las veían con bichos que escupían fuego.

La leyenda cuenta que existe un episodio perdido. Lo escribió el guionista habitual, un tipo llamado Michael Reaves. El episodio debía titularse Requiem y en él los chicos regresaban sanos y salvos a casa. Pero nunca llegó a producirse. El guión se quedó en algún cajón, tal vez a la espera de que alguien lo rescate. Hoy que se reversionan películas con menos de una década de vida (véase Amazing Spider-man), no estaría de más que a alguien le diera por rescatar ese episodio perdido y construir una pequeña epopeya fantástica a partir del regreso de los chicos a sus casas. ¿Por qué no? Podrían echar de menos ese otro mundo gobernado por el misterioso tipo calvo de melena blanca al que le gustaban más de la cuenta los acertijos.

 

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