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Sitges 2013: Primer fin de semana

Minirreseñas de Grand Piano, The Wait, Antisocial, Upstream Color, The Green Inferno, The Zero Theorem, Drugwar y The World’s End.

Con más de 40 títulos en su sección oficial y casi 300 en total, el Festival de Sitges ofrece tanta variedad que es imposible abarcarlo todo. Lo mejor para no perderse entre tanta oferta es ir a tiro fijo a por los títulos que más te interesan, y luego atreverte a entrar en sesiones donde se proyectarán películas que posiblemente no podrás volver a ver en una sala de cine.

En todo caso, a continuación tenéis la minirreseña de algunas de las películas más destacadas que se proyectaron en el festival durante su primer fin de semana, entre el viernes 11 y el domingo 13 de octubre.

Grand Piano
Si hay una persona que acaparó toda la atención en el festival de Sitges en su día inaugural, ese es Elijah Wood. El actor que encarnó a Frodo venía a presentar Grand Piano, su nueva película como protagonista. Elegantemente dirigida por Eugenio Mira, Grand Piano es un thriller que nos recuerda mucho al cine realizado por dos grandes del género, Hitchcock y Brian de Palma, que mantiene al espectador pegado a la butaca durante sus 90 minutos sin poder apartar la mirada de la pantalla. En ella se nos relata el infierno por el que tiene que pasar Tom Selznick (Wood), un pianista que vuelve a los escenarios después de cinco años de ausencia para interpretar una de las piezas más difíciles al piano, bajo amenaza de muerte si falla alguna de las notas.

En el primer día de festival también se proyectaron The Wait y Antisocial, dos películas pequeñas que, partiendo de unas premisas interesantes, ofrecen desiguales resultados. The Wait nos muestra las experiencias de dos hermanas a partir de la muerte de su madre y cómo una de ellas, creyendo que la fallecida va a volver a la vida, se niega a dejar sacar el cuerpo de casa. La película, visualmente potente, peca de una dirección monótona que hace que a los pocos minutos decaiga el interés por lo que les sucede a los personajes. Por su parte, Antisocial toma como base una crítica abierta a las redes sociales y la alienación que estas ejercen sobre la juventud. En ella, un grupo de jóvenes cuyo nexo común es ser amigos en una red social pasan el fin de año en casa de uno de ellos. Poco a poco se va extendiendo una infección por el mundo que vuelve a las personas hiperviolentas. Aunque técnicamente es solvente, su ritmo soporífero, la mezcla fallida de géneros (película de zombis, toques de Cronemberg, slasher) y unas actuaciones muy justas hacen olvidar enseguida tan interesante punto de partida.

Una de las películas más esperadas por los aficionados a la ciencia ficción más hard era Upstream Color, la nueva película de Shane Carruth tras nueve años desde Primer, su galardonada ópera prima. Un hombre y una mujer que comienzan una relación se dan cuenta de que han sido sometidos a un mismo experimento del que no recuerdan nada. Poco a poco se nos va desvelando lo ocurrido y las secuelas de dicho experimento. Tal como ocurría con su primera película, Shane Carruth ha creado una obra con un sello tan personal que se puede amar o aborrecer, pero nunca dejará indiferente. Lo que es innegable es que, aunque no te estés enterando de la mitad de lo que ocurre en pantalla debido a su compleja manera de estructurar la película (con continuos saltos de tiempo y de perspectiva), las imágenes poseen tal magnetismo que no podrás levantarte de la butaca inmerso en tan extraño y personal mundo.

The Green Inferno
Este año también se ha presentado la nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, su particular Holocausto caníbal. Un grupo de jóvenes activistas se encadenan en la selva peruana para evitar el exterminio de una tribu local. El problema viene cuando esta tribu ve a los jóvenes como su principal aporte alimenticio. El tono humorístico heredado de Hostel, que impregna toda la película, suaviza las escenas más gore que se han visto hasta el momento en todo el festival. Una fiesta de tripas y sangre que, aunque podía dar más de si, es suficiente para colmar las expectativas creadas alrededor de ella. Eso sí: la chicha tarda en llegar, con una primera mitad de película un poco floja, debido principalmente al mal trabajo actoral.

Terry Gilliam presentaba The Zero Theorem como la película con el presupuesto más bajo de toda su carrera. En ella el ex Monty Python rueda la secuela espiritual de Brazil, tanto en forma como en contenido, alejándose de propuestas más pomposas como El imaginario del Doctor Parnassus o Las aventuras del Barón Munchausen. Quohen Leth, interpretado por un inmenso Christopher Waltz, vive una existencia gris y monótona en un trabajo que odia hasta que un día se cruza en su camino una joven con la que se terminará obsesionando. La película habla sobre la manera actual en que nos conectamos las personas gracias a las nuevas tecnologías, haciendo por el camino una crítica muy cruda al actual sistema laboral.

Otro director clásico del festival que presentó película este año es Johnnie To. El cineasta hongkonés firma con Drugwar otro ejercicio de estilo impecable, donde el cuerpo policial de Hong Kong planta cara a los principales capos del tráfico de metanfetamina. Sin encontrarse entre los mejores títulos de To, posee un tiroteo de casi media hora de duración donde no queda nadie en pie, que va directo a las mejores escenas rodadas por el veterano realizador.

The World's End
Y concluimos nuestro repaso al primer fin de semana de Sitges hablando de The World’s End, proyectada el domingo 13. Con ella Edgar Wright cierra su autodenominada «Trilogía del Cornetto», tras Zombies Party y Hot Fuzz, y firmando su película más redonda hasta la fecha. Un grupo de amigos cercanos a los cuarenta deciden revivir la adolescencia visitando el pueblo donde pasaron su juventud, para poder terminar una ruta por los pubs del pueblo que no pudieron acabar veinte años antes. Con unos actores en estado de gracia, un guión impecable que nos regala momentos de auténtica carcajada y una dirección sólida, Wright realiza una película que plantea el intento de recuperar la amistad perdida por unos amigos en edad adulta, mientras plantan cara a una invasión extraterrestre a ritmo de cerveza.

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