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Bienvenidos al fin del mundo, lo mejor de Edgar Wright

La conclusión de la particular «Trilogía del Cornetto» de Wright es una cinta sólida, divertidísima y técnicamente impecable.

Edgar Wright regresa para cerrar, con su mejor película hasta la fecha, su personal «Trilogía del Cornetto». Tras parodiar las películas de zombies con Zombies Party y las buddy movies con Arma Fatal ahora le toca el turno al género de las invasiones extraterrestres. En Bienvenidos al fin del mundo cinco amigos cercanos a los cuarenta deciden visitar el pueblo donde pasaron su infancia y juventud para cerrar un capítulo que por distintos motivos no pudieron terminar con éxito veinte años antes: hacer una ruta por todos los bares de su pueblo. Por el camino van a tener que enfrentarse a una amenaza que puede acabar con la humanidad.

Bienvenidos al fin del mundo
La película comienza como una comedia con toques melancólicos —que perfectamente podría estar firmada por Gregg Mottola— sobre la responsabilidad que entraña la vida adulta y sobre cómo un grupo de amigos que han ido distanciándose con los años intentan recuperarla. Los primeros minutos donde ese explica la aventura que pasaron en su juventud está rodada con tanta fuerza, y con un montaje tan frenético, que te será imposible despegar la vista de la pantalla durante el resto de la cinta. A ello contribuye que los personajes estén perfectamente escritos e interpretados. A los habituales Simon Pegg (dando vida al eterno adolescente, camiseta de Sisters of Mercy incluída) y Nick Frost se les suma esta vez la crème de la crème de la actuación inglesa: Eddie Marsan, Paddy Considineun y un Martin Freeman que entre Hobbit y Hobbit ha sacado tiempo para realizar una actuación a la altura de Sherlock. Gracias al presupuesto más holgado con el que Wright ha contado esta vez, la película posee más empaque que sus anteriores propuestas. El resultado es su cinta más cuidada técnicamente hasta la fecha, superando (aunque parezca mentira) a Scott Pilgrim contra el mundo, su anterior largo, y sin nada que envidiar a producciones estadounidenses.

Bienvenidos al fin del mundo
Y cuando crees que la cosa no puede mejorar, la cinta pega un volantazo de 180 grados que, cogiéndote con la guardia baja, suma unas escenas de acción impecablemente rodadas a las risas constantes que se han mantenido hasta el momento. De esta manera se acaba convirtiendo en una película que, coqueteando con la ciencia ficción, está llena de referencias que el fan del género recibirá con los brazos abiertos: Terminator 2, Matrix, El pueblo de los malditos e incluso El coche fantástico, entre muchas otras. Pero ojo, se trata de tributos, no de copias. Tanto la película como su director poseen una personalidad propia, y esto tiene mucho mérito cuando hablamos de una trilogía que posiblemente fue ideada por tres colegas entre cerveza y cerveza.

La espectacularidad de la cinta, rodada con pulso firme, ofrece un espectáculo solido como una roca que no da tregua al espectador en ningún momento. Las casi dos horas de duración son una montaña rusa de sensaciones guiadas con paso firme por un guión escrito a cuatro manos por Simon Pegg y Edgar Wright, a quienes que será mejor recibir como nuestros héroes, con una sonrisa en la cara y una buena pinta de cerveza en la mano.

Bienvenidos al fin del mundo

Sinopsis

Bienvenidos al fin del mundo

Cinco amigos de la infancia se reúnen después de 20 años porque uno de ellos está empeñado en volver a probar suerte en un maratón alcohólico que nunca pudieron llegar a completar. Gary King, un cuarentón que todavía no ha conseguido superar la adolescencia, convence a sus cuatro reacios amigos y los arrastra a su pueblo natal en un desesperado intento por llegar al famoso pub “The World’s End”. Pero mientras intentan reconciliar el presente con el pasado, empiezan a darse cuenta de que la auténtica lucha debe librarse por el futuro, y no solo el suyo, sino el de toda la humanidad. Llegar al pub “The World’s End” es ahora el último de sus problemas.

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