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Black Summer: en caso de apocalipsis zombi, corra usted

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Llevamos prácticamente desde el inicio de la moda zombi oyendo hablar de su final, del agotamiento de la figura como vehículo narrativo, y de la inminente llegada de la próxima moda: ángeles, hombres lobo, sirenas… Pero los zombis son difíciles de matar e insisten en volver una y otra vez.
Black Summer no es nada nuevo, ni pretende serlo, pero se toma en serio a sí misma y al espectador. Quizás por eso, en tiempos de distanciamientos irónicos y de postmodernidades varias, resulta refrescante. Porque como espectador uno no tiene la sensación de que le están narrando desde la condescendencia, sino que se trata de una historia honesta. Y quizás sea justamente porque no cuenta nada nuevo por lo que se permite florituras narrativas con la estructura o por lo que puede estar durante capítulos enteros en los que, en honor a la verdad, lo único que sucede es que los personajes corren de un lado para otro.

Lo típico que te vas de vacaciones y te pilla el apocalipsis

Lo típico que te vas de vacaciones y te pilla el apocalipsis

Black Summer sucede durante el verano inicial del brote zombi, cuando las esperanzas de que sea controlado aún no son absurdas, y sigue a un puñado de supervivientes que acaban más o menos juntos por puro azar. Se trata de una precuela de Z Nation, pero más allá de que suceden en el mismo mundo no hay mucho parecido. Z Nation es una gamberrada divertida, y no pretende ser nada más. Está llena de chistes, de sangre y humor negro, y de vez en cuando intenta buscar los límites de la credibilidad del espectador: plantas de marihuana zombi, bebés zombi cuyo llanto atrae a la horda, un superviviente aislado en Alaska sobre el que cae un avión –con lo pequeña que es Alaska-, o incluso un tornado zombi, que para algo eran los productores de Sharknado. En cambio, Black Summer es una historia seria y sobria que se preocupa por mantener la verosimilitud en todo momento. Obliga al espectador a creer en la existencia de los zombis, pero le ayuda a hacerlo y no se permite ningún desliz en la parte realista de la narración, porque no habla para los fans del género, sino para todo el mundo.

¡Hay que llegar al estadio!

¡Hay que llegar al estadio!

Es fácil caer en la comparación con otro spin off, Fear The Walking Dead, de la que en su día reseñamos la primera temporada. Ambas suceden en los momentos iniciales del brote, ambas siguen a un puñado de supervivientes que no formaban grupo… y hasta aquí los parecidos. Black Summer no es un melodrama, sus personajes no son meros clichés con piernas y, sobre todo, no se olvida de que hay zombis. No solo están ahí, sino que -y esto es probablemente lo mejor de la serie- cuando no están, acechan en ausencia. Cuando el espectador no los ve no es necesariamente porque no estén, y eso le da una tensión narrativa que ni Fear The Walking Dead ni si serie matriz consiguen demasiado a menudo.

La historia de Black Summer no es sorprendente, pero sí lo es más su calidad técnica y artística. No es habitual que las interpretaciones en una historia de zombis sean destacables, pero aquí casi todos los actores cumplen sobradamente con su papel y algunos, como Jaime King -Rose- o Erika Hau -Carmen- resultan excepcionales. De hecho, solo Sal Vélez -Vélez- resulta impostado.

El típico amigo que no se sabe bien cómo, pero siempre sobrevive.

El típico amigo que no se sabe bien cómo, pero siempre sobrevive.

Cada capítulo está dividido en episodios que giran entorno a alguno de los personajes, y podría fácilmente perder toda cohesión interna. Pero los ocho episodios tienen solo dos directores, que además son también guionistas -junto a otros- y productores. El resultado consigue que la historia, narrada de manera muy fragmentada, se perciba como un todo unitario. Y, de paso, les deja hacer cosas tan poco frecuentes como un episodio sin diálogos o uno en el que vemos una y otra vez lo mismo siguiendo a diferentes personajes. Quizás por eso las críticas de usuarios de sitios como Metacritic o Rotten Tomatoes son más bien bajas, porque no es la típica y tópica narración de zombis, predecible y lineal.

Aunque lo que más me ha gustado, y tengo claro que esto es algo totalmente personal y discutible,  es que la serie no se regodee de lo que hace. Hay momentos de una intensidad brutal que se resuelven con un plano de un par de segundos, una brillante interpretación, y el uso del sonido. Momentos que en The Walking Dead se habrían convertido en un par de minutos de cháchara lacrimógena y música melodramática. Son momentos que requieren que el espectador esté pendiente y que tenga el cerebro encendido. Si lo haces, Black Summer te recompensa.

Sinopsis

Black Summer

El verano en el que el brote zombi se expande por EEUU, un puñado de personas intentan llegar al estadio que sirve como punto de encuentro y evacuación.

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