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Cuento de invierno, una de pegasos y cabezazos

Sin trama, sin personajes y sin siquiera diálogos decentes. Y la rodaron en plan serio. Vais a flipar.

En el último capítulo de #TodosSomosSergi echaremos un vistazo montados a un pegaso blanco a la que probablemente (qué demonios, a la que sin lugar a dudas) sea la peor película romántica con tintes fantásticos de la Historia, así, a tope, con mayúscula. Una película sin personajes, sin trama, sin actores y sin una sola línea de diálogo decente. Diréis: «Bah, no será para tanto». Pero os aseguro que lo es. Como suele decir mi madre, es la clásica película que no tiene ni pies ni cabeza. Y ojo: voy a espoilearla entera. Total, qué más da.

Cuento de invierno - Colin y caballo

Colin, su peinado y el caballo


Digamos que si existe una trama, esta sería: un ladrón se enamora de una chica enferma y la chica muere y el ladrón deja de envejecer y un tipo con cara de loco y más mala leche que Luis Suárez le da cabezazos de vez en cuando y trata de cazarlo. ¿Para qué? Encogimiento de hombros. Ni flowers. El caso es que lo quiere pillar todo el tiempo. Y el otro no hace más que volver una y otra vez a la Estación Central de Nueva York y abrir una caja y encontrarse con una placa en la que pone City of Justice. La frota al menos en tres ocasiones distintas, con tres peinados distintos que se supone que corresponden a tres épocas distintas. Pero nadie da pistas de nada, aunque parece ser que la historia arranca en el siglo XIX y llega hasta 2014. ¿Habéis entendido algo? Yo tampoco, y me la vi entera. Pero voy a intentar ir por partes, como diría el viejo Jack. Porque os aseguro que llegas a los títulos de crédito preguntándote qué ha sido eso. Todo eso.

En el siglo XIX, cuando arranca la historia, Colin Farrell (con un peinado imposible, ridículo hasta la carcajada, un rapado combinado con una melena grasienta) es ladrón. Y está, ya por entonces, huyendo del tipo que da cabezazos (Russell Crowe), del que al principio el espectador, ingenuo, cree que es policía o algo parecido. Porque claro, está huyendo de él, ¿no? Pues resulta que no, que no es policía sino un enviado de Lucifer, que ilumina cosas y es capaz de montar maquetas de luz de la Estación Central de Nueva York y tal. Y tiene la cara llena de cicatrices que, de hecho, se abren de vez en cuando y es como si la cara entera se abriera, y oye, es casi lo más interesante de la película, porque el tipo que concibió el villano casi que debió pasárselo bien y todo imaginándolo, pero, tipo en cuestión, te equivocaste de película.

Cuento de invierno - Russel y banda

Crowe y su banda, en busca de la chica pelirroja


Decíamos que Farrell, en la que a todas luces es la peor interpretación de su carrera, hacía de ladrón, y que entraba a robar en una mansión (eso no lo habíamos dicho aún) y se enamoraba de la chica que había dentro (eso más o menos sí). La chica no se sorprende en absoluto de que un tío entre a robar a su casa y, como le da más o menos igual, lo invita a tomar el té (literal) y le suelta que tiene 21 años y que nunca nadie la ha besado. En la boca, se entiende. Como en aquella película de Drew Barrymore.

Farrell se queda de pasta de boniato, evidentemente, y un par de escenas después, caballo blanco mediante —al parecer, un enviado del Cielo para que las cosas salgan Bien y tenga lugar una Magia que nadie se ha molestado en explicar, más allá de que Russell Crowe ilumine maquetas que no existen y se le abra la cara—, está pidiéndole la mano al padre de la chica, al que solo le preocupa que Colin aprenda a pronunciar bien la palabra gourmet, porque dice que dice «gourmé». El buen señor es fan de Masterchef fijo. Bueno, el caso es que Colin empieza a caerle en gracia al suegro, pero no va a servirle de mucho porque a la chica la buscan como desesperados Crowe y su banda, una banda de tipos que visten de negro y que crece por momentos, y de la que no se sabe absolutamente nada: ellos simplemente están ahí para pillar a Colin Farrell e impedir que el milagro suceda. ¿Que qué milagro? Ni idea. La banda, por lo visto, parte de un retrato robot que consiste en un dibujo hecho con ceras de una chica pelirroja de espaldas. Sí, los enviados de Lucifer son listos hasta para eso.

Cuento de invierno - Baile

Demencial. Todo es demencial.


Pero el retrato robot resulta efectivo porque la encuentran, y en la escena más fantástica de la película, Colin Farrell salva a la chica de morir atravesada por el machete de Crowe, que estaba paseando en su caballo negro cuando se la encontró por la calle, miró el dibujo y dijo: «Es ella». ¿Y cómo la salva? En primer lugar, la coge en plan saco de patatas desde un caballo a galope, caballo que al llegar a un acantilado que aparece de repente en mitad de la calle, porque sí, sale volando porque resulta que no es un caballo, sino un pegaso. En fin. Los milagros existen. O de eso parece que va la peli.

Pero ni siquiera un milagro salva a la chica, que acaba muriéndose, aunque eso sí, disfruta de su baile con Colin Farrell y de su particular noche de bodas. De hecho, es justo después de hacerlo que la pelirroja se va al otro barrio. Estupendo, diréis. Y aquí se acaba la película, porque Crowe lo ha conseguido, ha impedido que el milagro ocurra, que el amor salve a la chica de morir. Pues no. Olvidad todo lo que creíais haber entendido sobre el asunto y preparaos para el último asalto.

Cuento de invierno - Jennifer y Colin

Jennifer y el Colin del futuro


Porque la chica, que se llama Beverly, tiene una hermana pequeña, que de mayor dirige el New York Sun y que lo flipa cuando se topa en la redacción con Colin Farrell, el mismo, con la misma edad y el mismo corte de pelo ridículo, en plan: «No sé qué hago aquí, pero aquí estoy». La niña se ha convertido en una entrañable abuelita que no cree en la jubilación, y mientras tanto Russell Crowe sigue dejando que se la abra la cara cada vez que se enfada y ese tipo de cosas. Entonces, en un tirabuzón del destino (o mejor de la trama), resulta que aparece otra pelirroja, que está de espaldas y que no es la tal Beverly, sino la hija de una de las periodistas que trabajan en el New York Sun —«OH, VAYA», estaréis pensando—, y ese es el milagro que Colin tiene que hacer y por el que no ha envejecido, porque tenía que salvar a la niña y la niña necesitaba que él fuese un joven apuesto con un peinado ridículo. Así de delirante.

Ah, la periodista en cuestión es Jennifer Connelly, y Lucifer, chicos y chicas, Will Smith, en un cameo que eleva a categoría de Oscar el de Alanis Morissette en Dogma.

En fin, Sergi, queda claro que te queremos. Me atrevería a decir que quizá demasiado. A todos los demás, manteneos por favor alejados de Akiva Goldsman. Es el Coco del Cine Romántico.

Sinopsis

Cuento de invierno

A finales del siglo XIX, en Nueva York, Peter Lake (Colin Farrell), un ladrón irlandés, conoce a Beverly Penn (Jessica Brown Findlay), la joven heredera de la casa que pretende robar. Se trata de una historia de fantasía sobre un ladrón, una chica moribunda y un caballo blanco volador. Está ambientada en el siglo XIX y en la actualidad.

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