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Dragon Ball Z: Battle of Gods, risas y nostalgia

La última OVA de Dragon Ball es un reencuentro desenfadado con viejos amigos.

La decimocuarta película de Dragon Ball (si no tenemos en cuenta aquel engendro de imagen real que salió hace unos años) es la primera que se proyecta en salas de cine desde hace 17 años. Estrenada en marzo en Japón, pude verla el sábado en el Auditori de Sitges, con una sala llena de gente y el audio original, subtitulada en inglés y castellano. Y me lo pasé pipa.

La película está ambientada después del combate contra el monstruo Bu pero antes de la conclusión del manga original, por lo que ni aparece Ub ni Videl ha revelado todavía a Gohan que está embarazada de Pan. Bulma celebra su trigésimo octavo cumpleaños por todo lo alto en las instalaciones de Capsule Corp, con prácticamente todos los buenos de la serie invitados, aunque Vegeta esté entrenando en una de sus salas especiales y Goku haga lo propio en el mundo de Kaito. Y entonces… entonces llega un nuevo enemigo, por supuesto.

Battle of Gods: Bills

El maloso de turno


Bills es un dios de la destrucción, una especie de antikaioshin con forma de gato humanoide que vive con Whis, su misterioso mentor, aunque el dios pasa largas temporadas durmiendo. Durante su última siesta de 39 años soñó con algo llamado «el dios saiyajin», así que cuando despierta decide partir en su búsqueda. Y cómo no, su primer paso es preguntar a los pocos saiyajins que quedan vivos. Ninguno de ellos tiene ni idea de lo que es ese dios saiyajin, pero en el proceso descubrimos que Goku en supersaiyajin 3 no llega a Bills ni a la suela de los zapatos, y el dios de la destrucción termina autoinvitándose a la fiesta de Bulma.

Battle of Gods: Bulma
Y ahí es donde tiene lugar una recopilación con aire nostálgico de todo lo que hizo grande a Dragon Ball: peleas espectaculares, ases sacados de la manga —casualmente, hacen falta cinco saiyajins para conferir a un sexto el estatus de dios— y humor, mucho humor. Por una vez, el malo no llega con unos cuantos compinches más débiles para que hasta Yamcha pueda recibir su dosis de galletas, y eso deja mucho tiempo para que Vegeta haga el ridículo anunciando con bailes el bingo cumpleañero, para que sepamos que Pilaf y sus adláteres reunieron las bolas de dragón pero un deseo mal expresado los convirtió en niños, para que Trunks y Mai tengan un conato de noviazgo infantil, para que Mutenroshi haga comentarios inadecuados, para que Sheu-ron tenga un momento mítico y para que, al final de la película, descubramos la mayor debilidad de Bills, que no revelaré aquí pero es puro Dragon Ball clásico. Porque la amenaza del dios de la destrucción en ningún momento se toma demasiado en serio (Whis amenaza con reventar el sistema solar mientras se come un pastelito, Bills empieza la pelea porque Bu se niega a compartir sus púdines) y, de hecho, el combate viene a ser siempre amistoso salvo en uno de los momentos más épicos de Vegeta desde que se convirtió en un soseras buenrollista.

Battle of Gods: Goku

Goku en modo dios saiyajin. ¿O dudabais que se transformaría él?


Y así tenemos hora y media de película que, al menos a mí, se me pasó en un suspiro. Si tenéis el día nostálgico y os apetece ver lo que, en esencia, son cinco capítulos de Dragon Ball sin relleno y con humor, no lo dudéis ni un momento.

Sinopsis

Dragon Ball Z: Battle of Gods

Los Guerreros Z deben enfrentarse a Bills, dios de la destrucción. Pero es necesario un dios para combatir a un dios, y ninguno de ellos lo es... ni siquiera los saiyajins.

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