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El destino de Júpiter, la princesita se va al espacio exterior

Los Wachowski dejan el aeropatín a la altura del betún, aunque en una película poco meditada.

Cualquier estreno de los hermanos Wachowski en el cine se ha acabado convirtiendo en todo un fenómeno cinematográfico para los aficionados a la ciencia ficción. Desde que estrenaran The Matrix en 1999, Andy y Lana se han convertido en el punto de mira tanto de detractores como de partidarios, y huelga decir que han dado muchísimo que hablar con cada uno de sus estrenos posteriores. Speed Racer (2008) fue una adaptación sin pretensiones del anime que, a su vez, se basaba en el manga de 1958 firmado por Tatsuo Yoshida. Y El atlas de las nubes, todo un arriesgado experimento para llevar a la gran pantalla la complicada narrativa de la novela de David Mitchell.

El destino de Júpiter, retrasada en su momento desde julio de 2014 hasta febrero de 2015 para trabajar en su posproducción, se convertía así en la primera película con guion original dirigida y producida por los hermanos en más de una década. A tenor de lo que se nos enseñó en los tráileres durante todos los meses previos a su estreno, la cosa no podía pintar más interesante: acción a raudales y una imaginería visual en su máximo exponente, algo que se ha convertido ya en marca de la casa. ¿Cuál es el resultado final?

¿Tanta cabriola para contarme esto?

El destino de Júpiter - Princesa

La princesita intergaláctica.


Si el verdadero motivo del retraso era dar los últimos retoques a los efectos especiales de la cinta, bien justificado está, pero vamos a hablar primero de lo que debería hacer una película: contar una historia. ¿Qué nos cuenta El destino de Júpiter? Pues eso mismo. Júpiter Jones (Mila Kunis) es una chica pobre que vive con su madre rusa y su familia en Chicago, mientras se dedica a limpiar casas. La chica no llegó a conocer a su padre, un enamorado de la astronomía que murió asesinado por unos ladrones de poca monta que pretendían robar su posesión más preciada: su telescopio. Júpiter ha heredado la afición de su progenitor y sueña con reunir el poco dinero que gana limpiando casas para comprarse un telescopio con el que ver las estrellas. Pero como era de esperar, un día su vida da un vuelco de 180 grados.

Sin saber por qué, Júpiter se ve envuelta en una persecución interestelar, descubre que los humanos no estamos solos en el universo y se convierte en el objetivo número uno de una de las familias más importantes del espacio exterior, los Abrasax. Con la ayuda de Caine Wise (Channing Tatum), un mercenario contratado por uno de los tres hermanos Abrasax, tendrá que escapar de aquellos que intentan acabar con su vida, descubrir las razones de esta persecución y viajar hasta los confines del espacio para poner fin a esta amenaza.

Deja en paz a la princesita y cuéntame la historia de verdad

El destino de Júpiter - Nave

No os perdáis detalle en el espacio. Lo mejor de la película.


Y he aquí una de las pocas cosas rescatables de la cinta, aparte de los efectos especiales: los Wachowski han creado un trasfondo la mar de interesante para dar sentido a su universo. Original sería decir demasiado, ya que guarda algunas similitudes con elementos que ya hemos visto en su filmografía, pero la supremacía corporativa galáctica de la familia antagonista y los tejemanejes que se montan para producir y vender su producto habrían podido dar mucho más de sí de haber sido el eje de la historia. También podríamos destacar la variedad racial de este universo y el uso de la ingeniería genética para crear seres que se utilizan en los ejércitos; vamos, que por haber hay chicha para rato. Por desgracia, esto va de Júpiter y de cómo la persiguen por toda la galaxia mientras se enamora del chico malote, así que nos quedamos con las ganas.

Los despropósitos de El destino de Júpiter comienzan a hacerse evidentes con sus personajes. No es que Mila Kunis y Channing Tatum lo hagan especialmente mal, pero los han encorsetado en unos personajes de cartón piedra de los que es imposible salir. Júpiter parece sacada directamente de una película Disney, del siglo XXI, eso sí, que tiene su carácter; y Caine es poco más que un chico con aspecto de malote pero con sentimientos y víctima de su pasado. No hay más que ver cómo se pasa media película salvando a la dama en apuros con el torso al descubierto sin motivo aparente. Ojalá pudiéramos decir que los secundarios son harina de otro costal, pero no es el caso. Desde un Stinger Apini interpretado por Sean Bean que clama al cielo (un figurante para complementar el pasado de Caine que tiene más metraje del que debería), a un villano que parece sacado de entre los peores de un Final Fantasy (Titus Abrasax) y otro que llega por los pelos a la categoría de caricatura (Balem Abrasax).

De perdidos al río: acción y lucecitas, por favor

El destino de Júpiter - Botas

Estas botas molan lo suyo.


Como decíamos, la cinta sufrió un retraso de más de seis meses para mejorar el aspecto visual de los efectos especiales en posproducción —y también para colocarla fuera de los grandes estrenos veraniegos, lo que dice mucho sobre la confianza depositada por la Warner— y, sin conocer el resultado anterior, parece un tiempo muy bien utilizado. Uno de los grandes puntos fuertes de la cinta es el aspecto visual: el vestuario, la extrañas criaturas que pueblan el universo, la grandiosidad de los escenarios y de las batallas espaciales y las botas voladoras de Caine —que ríete tú del aeropatín— forman un todo que consigue por momentos que nos olvidemos del resto de despropósitos. Las escenas de acción con las que se aprovecha todo este desparpajo visual, algo largas pero muy disfrutables, se convierten en un oasis para el espectador y consiguen salvar el ritmo irregular y que lleguemos al final de las dos horas con la impresión de que la peli no se nos ha hecho demasiado larga.

El principal problema de El destino de Júpiter no es que sea una película palomitera, de eso nos damos cuenta en los primeros diez minutos, sino que termina por convertirse en un pastiche lleno de luces y efectos especiales que intenta encandilar y empalaga. Una historia de amor, humor absurdo, trasfondo sociopolítico y acción a raudales, todo lanzado a la pantalla sin ton ni son durante dos horas seguidas. Uno no se aburre, claro, pero sale de la sala con un sabor de boca agridulce, sin saber muy bien qué pensar y con la impresión de que si la película hubiera sabido escoger bien su lugar y los Wachowski fuesen un poco más ordenados, la cosa habría dado muchísimo más de sí.

El destino de Júpiter - Nave
Las cifras no engañan: la película ha costado 200 millones de dólares y todavía está luchando para recuperar tan solo la cuarta parte de la inversión. El atlas de las nubes ya fue un fracaso en la taquilla estadounidense, pero también una película mucho más redonda que consiguió recuperarse en el mercado internacional. En esta ocasión la cosa no pinta tan bien. No seré yo el que diga a los aficionados de los Wachowski (entre los que me encuentro) que no vayan a su último estreno: son dos horas a todo trapo que tienen su mejor lugar en las salas de cine, para disfrutar al máximo de lo mejor: su acabado visual. Pero no es una película que invite a verla por segunda vez, ni siquiera en casa, y desde luego ni mucho menos a pagar para tenerla en la estantería.

Otro guión original de los Wachowski que deja mucho que desear. Y eso que esta vez se han vendido mucho más al gran público. Los rumores apuntan a que habrá una nueva trilogía de Matrix y ya han perdido demasiado dinero como para seguir experimentando. Blanco y en botella…

 

Sinopsis

El destino de Júpiter

Júpiter Jones nació bajo el cielo nocturno, con signos que predecían que estaba destinada a hacer grandes cosas. Ahora adulta, Júpiter sueña con las estrellas, pero despierta a la fría realidad de un trabajo que consiste en limpiar las casas de otras personas y una racha interminable de malas rupturas. Solo cuando Caine, un cazador exmilitar modificado genéticamente, llega a la tierra en su búsqueda, Júpiter empieza a vislumbrar el destino que la ha esperado todo este tiempo.

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