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El hobbit: La desolación de Smaug, desde el Bosque Negro a Erebor

Continua el viaje que cambiará la vida de un acomodado hobbit de La Comarca.

Empezar una reseña de una película que adapta tu libro favorito siempre es complicado. Empezar una reseña de una película que adapta tu libro favorito y que empieza cargándose una de las escenas más divertidas de toda la novela pone las cosas un poco más cuesta arriba todavía. El hobbit: la desolación de Smaug se estrenó este pasado viernes en los cines de todo el mundo, cita que se volverá a repetir el próximo diciembre de 2014 para despedir la trilogía con El hobbit: partida y regreso, cerrando así esta serie de precuelas que Peter Jackson se ha sacado de la manga para contentar al público que esperaba un acontecimiento similar al ocurrido con El señor de los anillos, en esta ocasión con un planteamiento mucho más ligero —como no podría ser de otra manera, teniendo en cuenta que El hobbit es un libro infantil— pero con una trama demasiado estirada para lo que realmente nos quería contar Tolkien con su libro.

La película empieza en el punto exacto donde había terminado la anterior: después de salir de la cueva de los trasgos y de que Bilbo encontrara un extraño anillo que le permite hacerse invisible, el hobbit y los enanos se hallan a los pies de las Montañas Nubladas, en el ecuador de su viaje, justo antes de adentrarse en el Bosque Negro, hogar de los elfos silvanos del rey Thranduil y donde oscuras criaturas se han empezado a reproducir exponencialmente debido a la amenaza creciente del Nigromante en Dol Guldur. La rápida sucesión de escenas y situaciones que vimos en la primera parte también sigue teniendo lugar en esta segunda, y es que la novela no deja de estar dividida en las pequeñas aventuras que va viviendo grupo de enanos a lo largo de su camino hacia la Montaña Solitaria. Al igual que en Un viaje inesperado, la película ha sabido captar muy bien esa sensación aventurera en su primera mitad, pero en esta ocasión no funciona tan bien como en la primera parte de la trilogía.

Gandalf el Gris
En El hobbit: la desolación de Smaug siguen faltando tiempo y situaciones para tanto personaje protagonista y muchas veces da la sensación de que algunos de ellos podrían haberse aprovechado mucho mejor, aunque eso es algo que ya pasaba en la primera parte. El problema de esta es que el protagonismo en muchas ocasiones recae en personajes que no aportan absolutamente nada a la trama y están metidos con calzador para conformar un producto mucho más comercial y enfocado a un sector del público específico. Por lo menos en la primera parte de la película, sobra mucho metraje de elfos y falta mucho de Bilbo y de enanos, algo que se arregla posteriormente con la llegada a Erebor y, sobre todo, con la aparición de Smaug, lo mejor de esta segunda parte de la trilogía sin lugar a dudas. Bilbo (Martin Freeman) y Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) siguen copando gran parte de las escenas, aunque en esta ocasión tenemos a un Gandalf (Ian McKellen) mucho más presente en la trama y a una pareja de elfos, Legolas (Orlando Bloom) y Tauriel (Evangeline Lilly) que se cuelan como protagonistas en bastantes más ocasiones de las que nos gustaría a muchos.

Como comentábamos, Gandalf es uno de los grandes protagonistas de la primera parte de La desolación de Smaug gracias a esa trama alternativa, presente en la línea temporal de la Tierra Media de Tolkien pero nunca narrada directamente por el autor inglés, de la que se pudieron ver algunos indicios en Un viaje inesperado. En esta ocasión, se dedicarán muchos más minutos en pantalla a la aparición del Nigromante en Dol Guldur, con escenas realmente interesantes protagonizadas en exclusiva por el mago gris. Radagast también hará su aparición en esta segunda parte, pero con un protagonismo mucho menor, cosa que algunos agradecerán debido a la extraña personalidad cómica con la que Peter Jackson ha decidido dotar al mago pardo, aunque después en el cine las risas del público con sus apariciones justifiquen la decisión del director por mucho que nos duela.

Bilbo Bolsón
Con una primera mitad de la película que nos deja un poco fuera de lugar después de una decepcionante escena con Beorn y lo incomprensiblemente estirada que está la parte de los elfos —aunque tengo que reconocer que el trepidante descenso en barriles por el río se convirtió en una de mis escenas favoritas de la película—, la llegada a Ciudad del Lago marca un punto de inflexión en el ritmo y en la calidad de la cinta. A partir de este momento, la película toma un ritmo mucho más pausado que le sienta genial: la presentación de Bardo y la creíble interpretación por parte de Luke Evans, la aparición de Smaug con la siempre apabullante voz de Benedict Cumberbatch —en su versión inglesa, claro— y un final que corta por lo sano dejándonos a las puertas del final de la trilogía que veremos en diciembre del año que viene.

En definitiva, El hobbit: la desolación de Smaug es un entretenimiento más que digno para toda la familia, con el que los que no sean aficionados al escritor inglés y sí a la primera trilogía cinematográfica pasarán un muy buen rato. El problema somos los que quizá esperábamos más, o al menos algo diferente: menos elfos, algo más de humor, menos orcos… Por lo menos hemos tenido la cantidad exacta de Smaug que esperábamos y se podría decir que es eso lo que salva la película en su segundo tramo. Digamos lo que digamos, cualquier aficionado a la fantasía no debería de dejar de ir al cine e intentar arrastrar a sus hijos y a todos sus amigos a uno de los grandes acontecimientos cinematográficos del año. Se podrán decir muchas cosas de Peter Jackson y de las decisiones que ha tomado tanto con El hobbit como con El señor de los anillos, pero ya me gustaría a mí haber podido disfrutar de una adaptación de estas características hace más de 15 años, cuando viajé a la Tierra Media por primera vez.

La Montaña Solitaria

Sinopsis

El hobbit: La desolación de Smaug

Los enanos, junto a Bilbo Bolsón y Gandalf el Gris, retoman su misión para recuperar su tierra natal, Erebor, del dragón Smaug. Bilbo Bolsón posee un anillo misterioso y mágico.

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2 Responses to “El hobbit: La desolación de Smaug, desde el Bosque Negro a Erebor”

  1. […] especialmente interesante”, y muy acertada nos parece la apreciación que al respecto hacen desde Fantífica: “el protagonismo en muchas ocasiones recae en personajes que no aportan absolutamente nada a la […]

  2. Luis Jorge dice:

    En líneas generales estoy bastante de acuerdo con la crítica, que creo que señala de forma clara algunos de los defectos que hacen que sea una gran película imperfecta (como lo mal que funciona el material creado para la película).
    Sin embargo, como me encanta viajar a la Tierra Media de la mano de las películas de Peter Jackson, he de reconocer que perdono estos fallos y que en líneas generales a mí me ha gustado.