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Infierno azul, hasta los tiburones son estúpidos

Infierno azul - Destacada

El guión lastra otro gran trabajo de Jaume Collet-Serra en la dirección.

Jaume Collet-Serra es uno de esos directores que parecen disfrutar rodando malos guiones. Su debut en Hollywood fue La casa de cera, aunque es con la trilogía de acción protagonizada por Liam Neeson con lo que se ha ganado el favor del gran público. Ninguna de esas películas tiene un buen guión y, si me apuráis, ni siquiera una buena historia detrás. Pero Collet-Serra se las apaña para convertirlas en buenos productos.

El guión de Infierno azul no hay por dónde cogerlo, pero aun así Collet-Serra ha conseguido que sea una película entretenida y que funciona. Lo que no ha conseguido es que la historia dé más de sí, ni que salga del ámbito del tópico. Veamos: tenemos a una surfista que, en plena crisis existencial por la muerte de su madre, se va a surfear a la playa en la que su madre surfeó cuando estaba embarazada de ella. Una playa de la que no sabe el nombre. A la que le lleva un desconocido y de la que piensa regresar con Uber: «¡Ey! ¡Recógeme en esta playa que no sé cómo se llama ni dónde está!». Y, como su amiga se ha quedado con resaca en el hotel, pues ella se va a surfear sola. Aderezos: tiene una hermana pequeña que la idealiza y un padre que no sabe bien cómo lidiar con ella.

Infierno Azul - Islote

Hay que reconocer que, con esos mismos ingredientes, poco más o menos, hay películas muy dignas. Pero para eso hace falta que los diálogos compensen y las interpretaciones los hagan creíbles. En el caso de Infierno azul, los diálogos parecen sacados de un curso CCC de guión —de regalo, una guitarra—; de las interpretaciones, por desgracia, no puedo hablar: la he visto doblada y el doblaje es realmente espantoso. Es posible que Lively lo haga muy bien, pero la voz que oía en castellano no tenía ni un ápice de credibilidad. Los surfistas mexicanos son peores, porque, como en la versión original ella no les entiende cuando hablan en castellano, en el doblaje les hacen hablar en «mexicano», o sea, con muchos dialectalismos. Así entre nosotros, parece un español imitando a un mexicano.

El montaje, en cambio, es muy acertado, con la excepción de los terribles minutos de surfeo del inicio de la película, dignos de la MTV en sus peores momentos. Con esa breve excepción, el resto es impecable. Se va acelerando poco a poco hasta llegar a un desenlace trepidante; sabe jugar con la tensión, mostrando poco y teniendo al público enganchado esperando el susto que a veces llega, y a veces no; e incluso se permite momentos de humor para relajar —y que luego funcionen mejor los de sustos— con lo que quizás sea lo mejor de la película: la gaviota Steven. Sí, Steven Seagull.

Además, la influencia de Tiburón —no se puede hacer una película como esta sin tener Tiburón en mente— va más allá de los homenajes e impregna casi toda la concepción visual del film. Empezando, claro, por la poca presencia física del tiburón, que resulta tanto más ominoso por cuanto no le vemos. De hecho, la película tiende al minimalismo, y no sólo se come a sus víctimas casi siempre fuera de plano, sino que incluso el uso de la sangre es moderado. Un poco de sangre manando de una pierna mientras nada o una mancha en el ala dislocada de la gaviota resultan mucho más sobrecogedores que un tiburón saltando y comiéndose a un surfista.

Infierno Azul - Prota

Justo por eso es una pena el final, en el que casi todos los aciertos que ha mantenido se pierden. El tiburón aparece físicamente, mucho, y demuestra que lo de ser una máquina de comer sin cerebro va en serio. Tamaña muestra de estupidez en un animal es inconcebible. El desenlace provocó carcajadas, y no debería.

Aun así, es una buena película para huir del calor de una tarde de verano y no resulta aburrida ni larga, lo cual ya es todo un logro, teniendo en cuenta la escasa premisa de la que parte. El día que Collet-Serra tenga un buen guión con el que trabajar, nos puede dar una auténtica obra maestra.

 

Sinopsis

Infierno Azul

Una estudiante de medicina va a hacer surf a una playa perdida, sola. Un tiburón la ataca, pero consigue refugiarse en un islote que se forma con la marea baja. Pero sabe que, cuando la marea suba, el islote quedará sumergido y ella estará a merced del tiburón.

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