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Infierno bajo el agua: este año, caimanes

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Un verano más tenemos peli de depredadores en el agua. Este año tocan caimanes.

Todos los años tenemos un blockbuster veraniego sobre animales que se comen a gente en el agua. Normalmente son tiburones de distintos tamaños, como el año pasado Megalodón o el anterior Infierno azul, pero como este año es el 40º aniversario del estreno de Tiburón y para celebrarlo la han reestrenado en algunos cines, el cupo de escualos ya estaba cubierto. Así que tenemos caimanes en Florida.

E Infierno bajo el agua no es ni pretende ser nada más que un entretenimiento veraniego con una buena dosis de tensión y de sustos. Lo curioso es que, aunque cae en un buen puñado de los tópicos más molestos de este tipo de películas, en general consigue hacerlo sin que resulte molesto y, mucho más importante, está muy bien rodada. Sabe aguantar los planos, no tiene un montaje de miniplanos de un segundo, y arranca con unos primeros 10 minutos muchísimo mejores de lo que uno esperaría de este tipo de películas.

Es cierto que no es la primera película de este tipo que rueda Alexandre Aja, pues en 2010 ya rodó Piraña 3D. Pero Infierno bajo el agua está muy lejos de aquella -que, por otro lado, es probablemente su peor película- y tiene una evidente preocupación por el encuadre que en aquella se echaba en falta.

El otro gran acierto visual de Aja, muy adecuado en este año de Tiburón, es el no mostrar a los caimanes. No es, claro, que no se les vea en ningún momento, sino que en general juega con que el espectador intuya su presencia, con aguas tan turbias que no se puede ver nada en ellas. De vez en cuando, algo que se agita, o una cola que cruza fugazmente la pantalla, o unos ojos de reptil reflejando la luz entre las sombras, al fondo. El espectador se mantiene en tensión, porque, al igual que los personajes, no sabe si están ahí o no.

De vez en cuando, hay que verlos.

Pero Infierno bajo el agua se sostiene sobre otro pilar: la interpretación de Kaya Scodelario como Haley. Debe estar en más del 90% del metraje en pantalla y consigue que el espectador la acepte. Es más, consigue que acepte el puñado de absurdos que el guión de los hermanos Rasmussen plantea. No es que sea un mal guión que se salva por la excelente dirección, como pasaba con Infierno azul, y de hecho consigue alargar la tensión durante toda la película, cuando una vez pasado el planteamiento inicial parece que ya no vaya a dar de sí; pero sí que tiene suficientes momentos en los que la verosimilitud corre un serio peligro, como el momento de diálogo y reconciliación padre-hija mientras un par de caimanes se la intentan comer a ella. Es en esos momentos donde Scodelario, de alguna manera, consigue que su personaje funcione y resulte creíble. Por desgracia, el otro personaje con peso en la película no está a la altura. Barry Pepper, que interpreta al padre de Hailey, parece más preocupado por poner cara de intensidad que por resultar creíble. Eso sí, ninguno de los dos consigue un acento de Florida creíble. Quizás sea porque ella es británica y él canadiense.

La película, producida por Sam Raimi, está lejos de ser perfecta, y tiene un final abrupto que suena viejuno, como de película de los 70. Pero es, desde luego, mucho mejor de lo que uno esperaría. Mucho mejor de lo que otros estrenos más sonados del verano. Y solo es una pena que la película sea mucho mejor dando sustos que haciendo que nos importen las relaciones de los personajes.

Sinopsis

Infierno bajo el agua

Una joven nadadora intenta encontrar a su padre durante un huracán, pero cuando la zona se inunde, los caimanes camparán a sus anchas.

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