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Jem y los Hologramas, quiero ser famosa y tengo un robot

Jem y los Hologramas - Destacada

Mi vida sin mí + Casi famosos + robot monísimo + guión horrible + Juliette Lewis.

Después de sufrir el año pasado con el visionado de la terrible Left Behind, un auténtico prodigio del hasta dónde debe llegarse para rivalizar con Sharknado en el asunto de las pelis malas, malas de verdad, me decidí este año por un título aparentemente light, con algo más de presupuesto, nada de propaganda mesiánica y la no aparición estelar de Nicholas Cage, para cumplir con mi parte del siempre apetecible #TodosSomosSergi. ¿Y con qué me topé? Con una supuesta adaptación de una serie de culto —¿en serio, era de culto?— de los ochenta llamada Jem y los Hologramas, una serie en la que, a todas luces, el componente de ciencia ficción era claro desde el título (había hologramas), pero que, al parecer, los tipos de Hollywood han decidido obviar porque… ¿en serio? ¿Hologramas? ¿Para qué? ¿Quién quiere un holograma? ¿Y una trama de ciencia ficción? ¿Qué es eso? ¿Marcianos?

Será mejor que empecemos por el principio. En la serie original, el padre inventor de la protagonista (Jem, también Jerrica, Jerrica Benton) era además dueño de un imperio discográfico que les ha sido arrebatado, porque el padre ha muerto y no sé quién se lo quitó, pero en fin, resulta que el padre ha dejado en herencia a su hija Jem unos pendientes en forma de estrellas. ¿Y qué tienen de especial? Que al ponérselos aparece una mujer holográfica que la lleva, a ella y a sus amigas, a un autocine abandonado en el que hay oculto una especie de ordenador llamado Synergy que crea hologramas, sí, y cambia la forma de los objetos. En el sitio en cuestión, además del aparato en sí, hay un montón de instrumentos musicales y las chicas deciden recuperar la compañía haciéndose pasar por un grupo de música que va a desbancar a las actuales superventas, las Misfits. Hasta aquí la historia original.

Jem y los hologramas - Grupo

Jem y las No Hologramas on fire.


Y ahora vayamos con el intento de adaptación de Jon Chu, el responsable de Ahora me ves 2. Primero: borremos cualquier rastro de hologramas de la ecuación Jem y los Hologramas. Segundo: tracemos un menú clásico de telefilm con su familia disfuncional, su chica con aspiraciones y talento pero chica de pueblo tontorrona y con complejos, su arpía discográfica que pretende alejarla de su familia, su familia que está a punto de quedarse sin casa, su padre muerto que deja pistas para que la chica lo recuerde todo el rato, etcétera. Tercero: Añadámosle, en plan Algo Hay Que Hacer Porque Se Suponía Que Esto Era Una Adaptación Y Está Siendo Lo Que Nos Da La Gana, un robot monísimo y pequeñísimo, un robot que es como uno de esos perritos que la gente lleva en bolsos, metámoslo en una mochila y llamémosle Synergy. Y, tachán, habemus película.

Jem y los Hologramas - Synergy

Synergy es monísima.


Luego, adentrémonos en el fenómeno. Veamos cómo se transforma una supuesta historia de reconquista del imperio perdido (haciéndote más famosa que las más famosas) en una historia que avanza en dos direcciones que nada tienen que ver entre ellas.

Por un lado, tenemos al padre inventor, que está muerto, claro, y ha dejado una robot a Jem y a su hermana Kimber, que por cierto parece que no es hija del mismo tipo, porque a él solo le interesa Jem y solo tiene recuerdos con Jem y solo cree que Jem va a triunfar; la otra hermana es como: «¿Ah, pero tuve otra hija?». En fin, que por un lado está la historia lacrimógena del padre muerto que le ha legado una robot, la monísima Synergy, que escupe coordenadas en plan holograma que apuntan a un lugar en el mapa donde que encontrar piezas que completan a la robot. Cuando se complete, al final le devolverá a su padre, que no, no estará vivo, seguirá muerto, pero se habrá grabado a sí mismo despidiéndose de su hija —solo de una, porque la otra para qué, ¿no?—, en plan Mi vida sin mí pero tocando las narices, porque no se podía grabar a sí mismo y punto, tenía que dejar pergaminos por toda la ciudad y cosas por el estilo.

Jem y los Hologramas - Jem

Jem antes de convertirse en Lady Gaga.


Y esa dirección de la película no encaja en absoluto con la otra. Porque en la peli el padre solo es inventor, no dueño de ninguna discográfica. La discográfica es de Juliette Lewis. Juliette Lewis, sí. La actriz y también cantante. La de Juliette & The Licks. La diva punk, que aquí se ha convertido en cazaproductos pop. Juliette hace el clásico papel de Cruella de Vil. Quiere explotar a las chiquillas porque son unas pueblerinas y porque su tía, que es lo más parecido a una madre que tienen, está a punto de ser desahuciada —algo que no parece preocuparle mucho y que, de hecho, se olvida a mitad de metraje y no se vuelve a mencionar, en plan: «Ya tenemos a la niña en el escenario, qué más da lo demás»—, y acaba explotándolas, claro.

Pero ah, la conciencia, ¿puede alguien con ella? Ni siquiera el protagonista de Crimen y castigo pudo con ella. Desde el principio sabes que la conciencia aparecerá y que todo volverá a su lugar. Y que Jem preferirá ser pobre y familiar a ser rica y despiadada. Qué os voy a contar. Lo hemos visto tantas veces que podría reemplazarse por un «Bla bla bla» y sería lo mismo.

Jem y los hologramas - Juliette Lewis - Peque

Juliette Lewis, de diva punk a cazaproductos pop.


Pero lo peor de la película no es el argumento, que es previsible pero podría tener su aquel, sobre todo teniendo en cuenta que utiliza el tema de youtube y el asunto de lo viral para hablar de la fama exprés y sus consecuencias. Se diría que eso y los vídeos de solos de batería con los que se acompañan los momentos clave de la película, un toque superpunk y maravilloso de la cinta (y que casi parece idea de la propia Juliette Lewis) son lo mejor de la película.

¿Lo peor? La ausencia absoluta de tiempo. Es decir, pongamos que la película empieza un lunes. Pues el miércoles ya se ha acabado y, por en medio, ha pasado de todo. Jem ha cambiado la vida al mundo entero (hay cientos de vídeos de niñas y niños diciendo que son mejores personas porque han visto a Jem tocar la guitarra), se ha separado de las No Hologramas (porque el segundo día ya firma un contrato en solitario y deja a las otras en la estacada), ha vuelto con ellas (vuelve al día siguiente de dejarlas) y ha confesado al mundo su verdadera identidad («En realidad soy una chica de pueblo que lleva camisas de cuadros y bla bla bla»). Sí, chicos y chicas, el tiempo vuela, pero en esta peli vuela en primera.

Jem y los hologramas - Jem cantando

Jem después de convertirse en Lady Gaga.


Y mejor obviemos la música. La obviamos, ¿verdad? Porque al principio hay una chica tocando la guitarra en plan Kurt Cobain y al día siguiente la chica (que es mega famosa) se ha convertido en Lady Gaga. Tal cual. Y cuando canta en la playa, cuando le canta al chico becario que le gusta, aparecen los coros y las percusiones y la electrónica. Todo.

En fin, casi que vamos dejándolo. Perded el tiempo si queréis, pero solo si sois fans de Juliette Lewis. O de las pelis de robots que quieren encajar en el guión y no pueden.

 

Sinopsis

Jem y los Hologramas

Cuando una chica pasa de causar sensación en el mundo del vídeo underground a ser una superestrella mundial, ella y sus tres hermanas emprenden un viaje único en el que descubren que hay talentos demasiado especiales para ocultarlos. En Jem y los Hologramas, cuatro hermanas con aspiraciones artísticas conquistarán el planeta dándose cuenta de que, para crear su propio destino, basta con encontrar su voz.

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