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La guerra de los mundos

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La guerra de los mundos consigue hacerse larga y tediosa pese a contar solo con tres capítulos.

Da igual cuándo se asome uno a un clásico. Uno de los de verdad. O a alguna adaptación o versión. Si es un clásico, de los de verdad, siempre se encontrará en él algún elemento que permita ver que en realidad no está hablando de tiempos pasados sino del presente. Por eso a día de hoy nuestra insensatez nos sigue llevando a perseguir ballenas blancas, ser o no ser sigue siendo una pregunta sin respuesta y somos conscientes de que ya no estamos en Kansas.

La guerra de los mundos se ha convertido en uno de esos clásicos, de los de verdad. Y en manos de Orson Welles en su célebre adaptación radiofónica en 1938 se convirtió en la encarnación de los miedos de un mundo que se dirigía al desastre de la II Guerra Mundial. En manos de Byron Haskin en 1953 los miedos habían cambiado y se habían desplazado a la bomba atómica y la invasión soviética. Y en 2005 de la mano de Steven Spielberg, La guerra de los mundos se convirtió en la alegoría de la América que todavía estaba conmocionada por el 11-S. Porque la novela de H.G.Wells y sus adaptaciones han resurgido en tiempos de zozobra en los que desconocemos los peligros que se nos vienen encima.

Resulta curioso que hasta ahora no hubiésemos tenido ninguna versión británica de la obra. Y también es llamativo que sea ahora, de la mano de la BBC, que nos haya llegado esta adaptación en formato de miniserie de tres capítulos. Por fin los británicos tienen miedo de algo y necesitan exorcizarlo. Y sí, esta nueva versión, pese a estar ambientada en los primeros años del siglo XX, podría haber sido la encarnación perfecta de ese miedo a lo que pasará tras el Brexit. Sin embargo, se convierte en la mejor encarnación de lo que es el Brexit en sí mismo: un proceso largo, tedioso, que en realidad nadie había pedido y al que el resto del mundo asiste ya hastiado pensando que le importa un rábano lo que les pase a los puñeteros ingleses, porque ellos solitos se han metido en el embrollo.

Versión muy fallida, pues, esta, que pese a durar poco menos de tres horas, se hace muy cuesta arriba al convertir su trama principal en una ñoña y poco interesante historia de amor mientras el mundo se enfrenta a su extinción a manos de unos marcianos sedientos de carne y sangre humanas. Lo peor que le puede ocurrir a una historia es que a sus espectadores no les importe lo más mínimo qué les pase a sus personajes. Y en este caso ayudan poco las interpretaciones de unos actores que en el mejor de los casos parecen actuar atados a un perchero y, en el peor, parece que lo lleven insertado. Tampoco ayuda mucho que uno de los aspectos cruciales de la historia, como es la invasión alienígena, quede reducida a la mínima expresión.

El presupuesto de la serie se lo ha llevado más la reconstrucción de la época (impecable como no podía ser de otra manera en una producción de la BBC) en detrimento de los efectos especiales, que acaban siendo más bien justitos. Poco trípode, poca destrucción y unos marcianos que cuando aparecen acaban por romper cualquier verosimilitud. Es imposible desde cualquier punto de vista físico que unos seres con esa morfología sean capaces de fabricar ni un tenedor, cuanto menos unas naves capaces de surcar el espacio.

Pero a todo el desastre hay que sumarle lo peor de todo. La serie se desarrolla en dos tiempos: el momento de la invasión y unos años después, cuando los marcianos han sido derrotados pero han dejado su simiente en La Tierra y la temible hierba roja que amenaza con convertir nuestro planeta en una réplica de Marte. Y no, no basta con ponerle un filtro de color a la cámara para conseguir un ambiente postapocalíptico a lo Mad Max. Es en este tiempo, en el que se juega constantemente a saber qué pasó con uno de los personajes protagonistas y si volverá o no volverá mientras otro de los personajes espera su retorno. Y decíamos que aquí viene lo peor de la serie, porque se nos hace creer que el personaje que espera ha olvidado lo que pasó cuando lo sabe perfectamente como revela al final de la serie. Para entonces, hace dos capítulos que ha dejado de importarnos si ese personaje esperado va a volver o no. Y recordemos que la serie tiene tres.

En definitiva, si uno quiere asomarse a los miedos post Brexit y repasar cómo se ha llegado hasta aquí no hay más que ver Little Britain para reír a carcajadas y Years & Years para congelar esa carcajada mientras nos sube un regusto de hiel por la garganta. Pero mejor ahorrarse el insufrible tedio que supone esta miniserie.

Sinopsis

La guerra de los mundos

Durante una invasión marciana a La Tierra, George y Amy intentarán sobrevivir en Londres y empezar una vida juntos.

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