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La visita y los tráileres engañosos

Lo último de M. Night Shyamalan es una gran comedia de humor negro, negrísimo.

Suelo hablar de las expectativas que uno lleva al ir al cine y cómo afectan a nuestra valoración de la película, pero creo que nunca he hablado de los tráileres engañosos. Son esos avances que te anuncian una película que tiene poco o nada que ver con lo que te vas a encontrar. Como el del caso que nos ocupa, La visita. Empecemos viéndolo.

 
Supongo que en el departamento de márketing hubo una escena parecida a esta:

          —Es Shyamalan, ¿no? El de El sexto sentido y tal…
          —Sí.
          —Pues terror. Este tío hace terror.
          —Pero es una comedia…
          —Terror.
          —Tiene chistes y…
          —Te-rror.
          —…y no da miedo…
          —«Del director de El sexto sentido y El bosque.» Te cagas.

Y claro, luego pasa lo que pasa. Que la gente va al cine y sale hablando pestes de la película, porque como película de terror es una basura. ¡Cómo no iba a serlo! ¡Si no es de terror, es una comedia! Una comedia de humor negro, sí, negro como el carbón, y que juega con la tensión y con que el espectador espere que en cualquier momento la cosa se desmadre para hacer gags. Y oh, sorpresa, como comedia negra funciona perfectamente. Lo que sorprende es que los de marketing no hayan decidido que el título no molaba y lo hayan cambiado también. Algo tipo La terrorífica visita o Visita mortal o Los abuelos de la muerte.

La visita - Abuelos

La frontera entre un viejo chocho y un demente es la base de la película.


Así que antes de verla, tened muy claro que no vais a pasar miedo. Hay algún susto, sí, pero es más un juego metanarrativo que otra cosa. Después de un diálogo sobre los reality shows y cómo lo que muestran en ellos es especialmente tramposo y falso, viene un susto rompiendo justo con la narración «honesta» de la película. Un guiño al espectador menos empanado, el que está siguiendo la reflexión sobre el lenguaje audiovisual contemporáneo que Shyamalan cuela como el que no quiere la cosa.

Porque eso también está. Digan lo que digan, La visita no es un found footage. No sigue las convenciones: se ve bien, la realización está cuidada, los encuadres están pensados, la cámara no tiembla… Esto no es La bruja de Blair, vamos. Sí que es una película barata en comparación con sus anteriores films (5 millones frente a los 150 de After Earth), aunque no lo es por el uso de un tipo de filmación u otro. Es barata porque son pocos actores, pocos escenarios, casi todo interiores.

La visita - Lengua

Dale una cámara a un niño y dile que filme solo cosas importantes.


Shyamalan tiene películas muy buenas, películas muy malas y películas que se desinflan por momentos. Pero todas, absolutamente todas, tienen una idea detrás. A veces le sale bien, como en El protegido, y a veces le sale mal, como en El incidente. Pero siempre se puede ver una reflexión previa. Uno casi le oye pensar que las películas de terror son siempre de noche y no tienen por qué, mientras ve El incidente. En La visita el tema es la narrativa audiovisual actual. Que la adolescente esté rodando un documental es solo una excusa para que pueda haber diálogos sobre el uso de la cámara, o sobre el encuadre, o sobre la honestidad, la realidad y la verosimilitud en pantalla.

La visita - Puerta

Las puertas permiten una composición impresionante.


Y claro, para ello da una lección de todos los niveles técnicos que una película puede tener. Empezando por los encuadres. La posición de la cámara está medida al milímetro, y algunos encuadres son de quitarse el sombrero. La presencia de las puertas siempre hace pensar en un umbral que lleva a otro mundo, parecido al nuestro, pero diferente: hogares cálidos y acogedores con una puerta abierta a la desolación nevada de la América profunda; habitaciones domésticas con puertas que dan a pasillos habitados por gente con ropa de hace treinta años; abuelos frente a la puerta de su casa que recuerdan al American Gothic de Grant Wood.

Y a lo mejor estáis pensando en que eso suena a terror. Lo extraño dentro de lo cotidiano (lo unheimlich, que diría Freud) y esas cosas. Pues sí: suena a terror, porque para tener humor negro necesitas negrura. Para hacer chistes sobre lo macabro, necesitas lo macabro. En La visita hay todos lo elementos propios del terror de la América profunda (llamado precisamente American Gothic) que te puedas imaginar, incluso un crescendo narrativo de la tensión hacia un clímax final, pero todo regado de gags, porque se trata de una comedia.

La visita - Galletas

«He hecho galletitas.» Como en Hansel y Gretel.


La pregunta, tratándose de una película de Shyamalan, por supuesto es: ¿hay giro final? Sí, hay un giro final sorpresa. Aunque con dos peros: si eres un espectador con experiencia y un poco avispado, puedes predecirlo; y (esto es más importante) da lo mismo. La visita no depende del efecto de la revelación final. Aunque sepas cuál va a ser el giro final desde el minuto 20, sigue funcionando igual de bien. De hecho, tal vez incluso mejor.

Recordad: La visita es una comedia de humor negro. Y el humor negro es como las piernas: hay quien tiene y hay quien no.

Sinopsis

La visita

Becca y Tyler van a conocer a sus abuelos, a los que no han visto nunca por una pelea que tuvieron con su madre antes de nacer ellos. Lo malo es que, lo que al principio parecen simples excentricidades de viejos, poco a poco se va volviendo cada vez más inquietante.

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