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Los pingüinos de Madagascar, el delirio esperado

Pingüinos, artes marciales, ganchitos y absurdos para parar un tren.

Los pingüinos son el clásico ejemplo de secundario gracioso que roba escenas, como la ardilla prehistórica de Ice Age o Timón y Pumba en El rey león. Así que supongo que era cuestión de tiempo que dieran el salto a su propia película como protagonistas. Al fin y al cabo, ya tenían su propia serie de televisión.

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Los guiños a James Bond planean por encima de toda la película.

Pero hay algo que los hace especiales. Algo que debería ser evidente, pero que parece no serlo. Que se los toman en serio. No han hecho una peli cutre para sacar el dinero a costa de los niños pequeños, como Disney hace con todos sus secundarios lanzando basura directa al videoclub. De hecho, la serie de los pingüinos ya era espectacularmente buena (el episodio de Yo fui un pingüino zombi es una auténtica obra maestra) y les permitió, por un lado, desarrollar los personajes más allá de los rasgos de personalidad que se veían en las películas de Madagascar y, por otro, foguearse en el gag como vehículo narrativo.

Y claro, la película es una pequeña joya.

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Lo sé, están manejando una góndola con un remo en vez de una pértiga, pero ¡a quién le importa!

El ritmo es endiablado, con una sucesión de gags que se van encadenando dejando el tiempo justo para respirar y que el siguiente funcione de nuevo. Algunas escenas son dignas de enseñarlas en las escuelas de guion, como toda la secuencia de Venecia, que es un homenaje a Indiana Jones y la última cruzada, pero que a la vez va más allá del mero homenaje. Es un delirio, una sucesión de absurdos al más puro estilo John Landis. Bueno, para ser sincero, toda la película es una sucesión de absurdos.

El de Indy no es el único homenaje que aparece, claro. Ni siquiera mi preferido: yo me quedo con el momento Los cañones de Navarone, aunque hay guiños para todos los gustos, siempre que la risa le permita a tu cerebro estar por esas labores. Claro que puede que no te haga gracia ese tipo de humor. Hay gente que solo se ríe (perdón, sonríe: reír es de ignorantes y plebeyos) con Woody Allen. Y aquí hay incluso un chiste de pedos. Intolerable. Igual deberías volver a ver El dormilón y replantearte tu política humorística.

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Los ganchitos *crunch* son recurr*crunch*entes en *crunch* toda la pelí*crunch*cula.

Si eres de ese tipo de persona que no le parece gracioso un pingüino haciendo artes marciales… bueno, entonces lo siento mucho. En serio, tu vida debe ser bastante triste. Pero si no es el caso, entonces corre al cine antes de que la quiten. Cómprate un gran cubo de palomitas, un refresco XXL, unas patatas fritas o lo que te dé la gana y prepárate para reír como un poseso con una de las mejores comedias que he visto en años. Una última cosa: si puedes verla en VOSE, mejor. Solo te diré dos cosas: John Malkovich y Benedict Cumberbatch. Pero es que además hay varias coñas con el español (la versión doblada al catalán las mantiene, pero la del castellano, obviamente, las pierde).

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Los pingüinos son cuatro incluso cuando solo son tres.

Sinopsis

Los pingüinos de Madagascar

El malvado pulpo Dave está secuestrando a todos los pingüinos del mundo, y alguien tiene que pararle los pies. Los ocho.

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