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Megalodón: Jason Statham contra el tiburón gigante

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Megalodón es justo lo que uno puede esperar de ella.

Megalodón es una de las películas que esperaba con más ganas este verano, porque lo tenía todo: Jason Statham y un tiburón gigante. Es más: Jason Statham contra un tiburón gigante.
Sí, Megalodón es una mala película. Pero es una buena mala película. Ofrece justo lo que promete: un tiburón descomunal y Jason Statham y cosas a su alrededor. Nadie puede decir que no se lo hayan dado. Ni tampoco que le prometieran diálogos brillantes, ni atuaciones de Oscar, ni giros inesperados de guión, ni demasiada coherencia interna.

megalodon helicoptero

El tamaño del megalodón parece variar entre escenas, pero siempre es muy grande.

Es cierto que los efectos especiales no siempre están a la altura -aunque algunos son realmente buenos-, pero Megalodón tiene otras virtudes. Para empezar, no se convierte en la enésima película de salvemos la naturaleza. Se conforma con tener un escualo descomunal y cabreado. Y a Jason Statham nadando con cara de tío duro y recordándonos que fue saltador olímpico en los juegos de Barcelona 92 y que se mueve en el agua mejor que yo en tierra. No es fácil tener carisma mientras te peleas con un bicho que en realidad no está ahí, aunque si algo tiene Statham como actor es carisma. Registro ya si eso lo trabajamos otro día.
La pena es que el guión está tan repleto de clichés que uno puede salir con la sensación de que tuvieron la oportunidad de hacer una buena película y no se atrevieron. Tenían a Statham y a un tiburón con más de Godzilla que del de Spielberg, pero no hicieron mucho más que ponerlos uno frente al otro y jugar al bingo de frases de películas de acción: “¡Dios mío!”, “Hay algo ahí fuera”, “¿Qué hemos hecho?” y otras por el estilo.

megalodon niña
Aun así, Megalodón ofrece buenas dosis de tensión, un personaje infantil que no deseas que muera de puro repelente, y es fácil no plantearse ninguno de los absurdos -al parecer, no hay cambios de presión en el Pacífico, por ejemplo-. Si la analizamos, está mucho más cerca de Sharknado que de Tiburón, pero eso permite grandes momentos, como Jonas -el personaje de Statham- con un arpón contra el tiburón.
El principal problema de Megalodón en realidad no viene de sus absurdos, sino de al absoluta falta de química entre Statham y Li Bingbing, que interpreta a Suyin y a la que vimos en Transformers: La era de la extinción. Se supone que hay un romance en ciernes entre Jonas y Suyin, pero eso es el auténtico esfuerzo de credibilidad que tiene que hacer el espectador, y no lo de un tiburón prehistórico comebarcos. La presencia de Bingbing es un guiño al mercado chino tan descarado que uno no puede evitar preguntarse si alguien en el estudio se ha planteado el casting más allá de la fama de la actriz, porque, sinceramente, no funciona. Parece estar más en un telefilm de melodrama familiar que en una peli de bichos gigantes y mamporros.

Jason Statham
Para hacerlo peor, resulta más creíble un potencial lío entre Jonas y Jaxx, el personaje interpretado por Ruby Rose… y que es lesbiana. Cuando es más creíble que el protagonista se líe con una lesbiana que con la chica, es que la falta de química entre los dos es tan grande como el tiburón que les acecha.
John Turtletaub, director de aquella adorable película con Bruce Willis que fue El chico, pasa desapercibido y se limita a filmar con eficiencia, dando algún guiño que otro -la escena de la playa, por supuesto, no podía faltar en una de tiburones-, pero sin dotar a la película de una estética reconocible ni esforzarse por compensar las lagunas de un guión con el que parece sentirse cómodo -al contrario de lo que hizo Jaume Collet-Serra en Infierno azul, si os acordáis-.
Megalodón no pasará a la historia, y probablemente se quede en la película de tiburones de este verano, pero es un buen entretenimiento que se mantiene fiel a sí mismo para bien y para mal. Porque, a veces, uno solo necesita ver a un tío duro machacar a un bicho malo y grande. Aunque solo sea para variar de la realidad.

Sinopsis

Megalodón

Al rescatar a un submarino científico en la fosa de las Marianas, un tiburón prehistórico ascenderá, poniendo en peligro todo el Pacífico.

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