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Pompeya, una erupción de disparates

Titanic + Gladiator + El hombre que susurraba a los caballos. Preparaos.

El caso es que yo había pensado ponerme G. I. Joe: La venganza para cumplir con el #TodosSomosSergi, una especie de tortura que nos hemos autoimpuesto en Fantífica como parte de las celebraciones de nuestro primer aniversario. Tenía preparada su versión extendida y hasta había visto un primer cuarto de hora épico (por malo) antes de caer en que la peli se estrenó bastante antes de que empezáramos con esto, y una de las reglas de #TodosSomosSergi es que lo que reseñemos haya salido durante nuestro primer año de vida. Es una lástima porque, siendo también un bodrio sin paliativos, al menos en G. I. Joe era difícil predecir con qué nuevas calamidades iba a salirte la cinta.

Pompeya - Honor entre esclavos

Se admiten apuestas: ¿cómo acaba el amigo negro del prota?


En Pompeya ni siquiera existe ese consuelo. Visto el primer cuarto de hora de la película, el único aliciente para seguir con ella hasta el final es saber a ciencia cierta que en algo tuvieron que gastarse la millonada que se invirtió en producirla, y desde luego no fue en el guión. Por tanto, posiblemente los efectos especiales de la erupción del volcán, que tendrá lugar al final de la peli, no estén tan mal (como de hecho es el caso, todo hay que decirlo).

Porque lejos de buscar alguna idea original, algo que poder encajar en los últimos días de una antigua ciudad romana antes de que un volcán se la lleve por delante, o incluso de darse un garbeo por Wikipedia a ver si les sugería algo, a la hora de plantearse Pompeya debieron de pensar algo parecido a: «Oye, esto viene a ser una tragedia tipo Titanic pero con romanos, ¿no? Vale, pues necesitamos a un chaval de clase baja y, ya puestos, que sea un cachas y lo hacemos gladiador. Dado que las escenas en el subsuelo de la arena y su enemistad con un noble van a ser calcadas de Gladiator, casi que mejor si su origen se parece más al de Spartacus. ¿Y cómo conoce a la chavala pija condenada a un matrimonio de conveniencia? ¡Ya está! Porque la caravana de esclavos pasa por Roma a recoger a una joven noble aficionada a la equitación y resulta que Jon Ceniza, que es como vamos a llamar al prota, es una máquina con los caballos, rollo Robert Redford. Hala, ya está; luces, cámara, acción». Más adelante llegaría alguien y cambiaría el nombre a Jon Ceniza por Milo, pero aparte de eso la peli es tal cual os digo. De verdad.

Pompeya - Inundación

Los efectos no están mal, aunque la chica de la derecha se parta el culo.


Los actores hacen lo que pueden, pobrecitos. El prota, Kit Harington, se esfuerza por no limitarse a poner ojitos y lucir la enfermedad esa que sale tanto por la tele, la que cuartea el abdomen de los tíos. Kiefer Sutherland tuvo que darse cuenta de que su papel se describía con dos palabras, «malo maloso», y procura dejar entrever cierta demencia que justifique unos actos que no se tienen en pie los mires por donde los mires (¿qué narices hace en Pompeya, para empezar?). Y así todos, porque no hay personaje en la peli que de verdad pueda llamarse personaje, que no esté metido exclusivamente a modo de argamasa para crear un metraje proyectable —y que pegue con los efectos especiales del volcán— a partir de trozos de las mencionadas Titanic, Gladiator y El hombre que susurraba a los caballos. Si veis la peli, fijaos en los desaprovechadísimos padres de Cassia, por ejemplo. Y claro, luego al espectador le trae sin cuidado que la gente viva o muera.

Pompeya - Cuadriga

Llevan 10 minutos enseñando Pompeya llena de cascotes y cadáveres, pero eh, hay una calle despejada para que huya el malo.


Entonces, ¿de dónde salen los tres puntos y medio que he puesto a la película, arriba a la derecha? Salen un poco de los efectos especiales, que no están mal (ya digo que se gastaron todo el dinero en la erupción del Vesubio), un poco de que los actores merecen un premio de consolación, que menudo papelón les llovió del cielo, un poco de las peleas bien coreografiadas y un último poco del doblaje (¡en el que se pronuncia bien la palabra «cuadriga»!).

Pompeya - Caballo

«No sabes nada, Jon Ceniza.»


Y no me resisto a terminar con la frase que me ha hecho aplaudir emocionado a la pantalla, y que ilustra bastante bien el cuidado que se puso en la escritura de Pompeya: «¡Demuestra a esos cobardes lo que pasa cuando alguien se atreve a desafiar a Roma!». Chapeau.

Sinopsis

Pompeya

Milo es un esclavo convertido en gladiador que contempla impotente cómo su verdadero amor, Casia, la hermosa hija de un rico mercader, se ha prometido con un corrupto senador romano. Pero cuando el monte Vesubio entra en erupción, Milo debe luchar en una carrera contra el tiempo para salvar a su amada mientras la magnífica ciudad de Pompeya se derrumba a su alrededor.

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