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Ragnarok, el fin del mundo era esto

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Ragnarok es una divertida serie, pero se conforma con poco.

Ragnarok es una serie para adolescentes. Y eso debe quedar muy claro desde el principio, porque su primer episodio puede llevar a creer que no es así y crear unas expectativas que en ningún momento pretende cumplir.

Y es que el primer episodio (y solo son seis), de presentación de personajes, tiene un tono sobrio y una realización brillante que, en comparación con los otros cinco, resulta casi desconcertante. Quizás porque su creador, Adam Price (responsable también de Borgen), era muy consciente de que no era fácil que el espectador aceptara su premisa: que los antiguos dioses y gigantes de la mitología nórdica siguen ahí, en Noruega, de alguna manera.

¡Qué bonito es Noruega!

De manera que nos dan la información que necesitamos con bastante estilo. Si Magne tiene la fuerza de un dios, ¿qué habrá más normal que que rompa la manivela de la ventanilla del coche?

Sin embargo, la serie no va a ir por ahí. Es un gran entretenimiento, pero también está lleno de los tópicos esperables de cualquier serie de instituto: los inadaptados, los profesores horribles, las decisiones injustas, los padres que no comprenden a sus hijos, los huérfanos… Y, por supuesto, unos malos muy malos.

Que sí, que los Jotun, los gigantes del hielo, eran malvados y les gustaba el caos y la destrucción, pero ¿por qué a la familia Jutul le da por destruir el fiordo en el que viven? ¿Para qué contaminarlo? ¡Que viven en él!

Jutulheim, la mansión de la familia Jutul.

Claro que eso también tiene su lado positivo. Nunca tienes la certeza de quién va a vivir o a morir. Los giros de guion son a menudo inesperados, incluso desconcertantes, por más que haya cosas esperables si conoces un poco de mitología vikinga.

Pero, en honor a la verdad, Ragnarok solo tiene dos grandes problemas. El primero es David Stakston, que no solo es el protagonista, sino también el peor actor de la serie con bastante diferencia. Las escenas que comparte con su hermano Laurits -interpretado por Jonas Strand Gravli- son especialmente dolorosas, porque el contraste entre la capacidad actoral de los dos es abismal.

El segundo problema es que los hermanos Jutul, Saxa y Fjor -Theresa Frostad Eggesbo y Herman Tommeraas-, que teóricamente son guapos hasta decir basta -al fin y al cabo, no son humanos-, son precisamente de los menos guapos de la serie. No es que sean feos -son noruegos, por dios-, pero cuesta entender que a todo el mundo le resulten tan atractivos cuando a su alrededor hay gente tan increíblemente guapa. Sin haber visto la serie, puede parecer una tontería, pero en algunos momentos supone un problema para la verosimilitud mayor que los efectos especiales limitados o las peleas barateras.

Stakston no es el más expresivo de los actores.

Pero, a pesar de todo, Ragnarok es una serie muy disfrutable y su formato de seis episodios de menos de 50 minutos cada uno la hacen ideal para una maratón. Netflix ya ha confirmado que habrá segunda temporada, y aquí ya os confirmo que la veremos.

No os acerquéis a ella con grandes expectativas, y no hagáis caso a esas reseñas que se refieren a ella como «serie de superhéroes», y podréis disfrutar mucho. Y puede que aprendáis un poco de noruego, er det ikke?

Sinopsis

Ragnarok

Magne y su familia regresan a su pueblo natal, Edda, en un fiordo noruego. Pero allí algo se despierta en él: ¿será Magne el mismísimo Thor? Y los Jutul, ¿acaso no serán mucho más que una familia rica? ¿Tal vez sean los Jotun, los gigantes enemigos de los dioses?

Seguir: Netflix | Ragnarok | Thor

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