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Ralph rompe Internet: ¿Disney se ha vuelto feminista?

Ralph Rompe Internet

Lo nuevo de Disney parece ser solo un gran chiste y un montón de publicidad, pero tiene un gran mensaje detrás.

Tenía que pasar. Rompe Ralph fue una peli con el éxito suficiente como para hacer una segunda parte. Y claro, si en la primera teníamos aventuras en un entorno de juegos de Arcade, en esta segunda parte era demasiado tentador hacer que los personajes saliesen de su salón recreativo para pasearse por el vasto Internet.
Así que en Ralph rompe Internet tenemos a Ralph y a Vanellope explorando un nuevo y casi infinito mundo en el que nos enseñan de una manera muy divertida e ingeniosa cómo funciona y qué son eBay, los buscadores de Internet, el spam, los virus o los likes a los vídeos de gatitos. Y volvemos a encontrarnos con los encantadores personajes de la primera parte; con Félix, con la sargento Calhoun (viviendo juntos su historia de amor y deseando poder adoptar un montón de criaturas), y con todos esos divertidos personajillos que pululaban por los videojuegos de Arcade en Rompe Ralph.

Ralph solo es el apoyo de Vanellope.

Ralph solo es el apoyo de Vanellope.

Y la cosa podría haberse quedado ahí, en una historia entretenida y muy (muy) divertida en la que Vanellope y Ralph deben encontrar un objeto en eBay para poder salvar el videojuego de Vanellope de la desconexión. Pero, no; esa es solo la primera capa. Los guionistas han decidido ir más allá y hacer una película sobre… ¡la amistad! ¡el amor! Porque sí, porque son Disney y pueden hacerlo. Con dos narices.
Y así, como hacen últimamente, en Ralph rompe Internet, hay varias capas (como en las cebollas, que decían en Shreck). La primera capa es esa historia tan entretenida que encantará a los más pequeños, en la que hay que buscar ese objeto viviendo un montón de aventuras.
La segunda capa es la que se dirige a los adultos. La que nos explica que la auténtica amistad o el amor verdaderos no consisten en atar a alguien, sino en dejarlo libre para que encuentre su propio camino, ese camino que haga feliz al amigo, la pareja o el hijo. Porque, puestos a buscarle lecturas, puedes descubrir una bonita metáfora sobre una amistad poco sana, sobre una relación de pareja enfermiza o de un padre incapaz de aceptar que su hija ha crecido y que para que sea feliz debe dejarla ser independiente y alejarse de ella. Y eso significa dejar de verla cada día, dejar de tomar juntos una zarzaparrilla cada noche para comentar lo que ha pasado durante la jornada y contentarse con llamarla por vídeo-llamada de vez en cuando.

Estos no son los personajes que estáis buscando.

Estos no son los personajes que estáis buscando.

Sí, es Disney. Eso no es demasiado original. Toy Story ya nos ha hecho llorar varias veces con eso de que los niños crecen y hay que dejarlos ir. Sí, vale, lo hemos visto ya unas cuantas veces. Eso no es lo original.
Lo diferente es la tercera capa: la lectura feminista. Porque Ralph rompe Internet es, por un lado, una película muy femenina. Es decir, la protagonista absoluta es Vanellope. Ralph, que parece ser el protagonista porque, después de todo, va en el título, es solo su amigo, su acompañante. Ralph es un tipo grande y un poco tonto que no hace otra cosa más que meter la pata, “romper Internet” y adorar a su amiga de manera enfermiza. Porque Ralph es un amigo, el mejor amigo de Vanellope, pero también es el que la impide evolucionar. La suya es una relación tóxica, de dependencia total, de la que cuando ella quiere salir, no puede. Y cuánto dolor hay, ¡madre mía!, cuando se separan: ¡¡Un 100% de inseguridades!!
Y lo feminista y original de la película, en comparación con otras películas infantiles, es que Vanellope, en su evolución, no se encuentra con un chico o un príncipe u otro amigo que la salve de apuros o le enseñe lo que es la vida. Vanellope se encuentra con una amiga, Shank, que vive en un muy peligroso juego de conducción. Shank no tiene novio, ni pareja: es independiente. Vive con sus amigos y amigas como si se tratase de una familia. Shank enseña a Vanellope lo que es la vida. Es, en definitiva, el personaje que en otra película cualquiera estaría ocupado por un chico guapo y atractivo. Y aquí es una chica guapa, atractiva, inteligente (emocionalmente también), que no necesita de nadie para ser feliz y vivir su vida de conductora en un juego peligroso de verdad de la buena.

Shank lo mola todo.

Shank lo mola todo.

Pero es que no solo está Shank. Vanellope también se encuentra con las princesas Disney en esa escena que nos adelantaron hace meses y que nos hizo reír tanto. Las princesas que ante un peligro se defienden con un zapato de cristal roto, como si se tratase de una botella, las princesas que preguntan a Vanellope si ella también es una princesa. Vanellope les contesta que no, y eso que Ralph la llama “princesa” en varias ocasiones y los guionistas se ocupan de que nos demos cuenta de ello. Vanellope no es una princesa porque no tiene poderes mágicos, ni canta, ni ha sido secuestrada… Y sin embargo, ¡sí lo es! Porque se espera de ella que sea rescatada por un hombre fuerte y grande y porque no tiene padres… Aunque al final, ay, que no puedo hacer spoilers, Vanellope no es rescatada por Raph, sino que son las mujeres las que acaban salvando la situación.
Bueno, sí, parece que Disney se ha apuntado al poder femenino. Probablemente porque vende y porque hay que adaptarse a los tiempos que corren. O porque hay una guionista de por medio (Pamela Ribon, que también firmó Vaiana) o porque se lo cree o vete a saber por qué. Pero la cuestión es que los personajes masculinos pasan por la historia de puntillas (Félix, el sabio buscador, el dueño del salón recreativo… son meros comparsas). En cambio, los personajes que parten la pana son las chicas: Shank, la responsable de los algoritmos, y todas las princesas Disney.

¿Quién de aquí se acuerda del Carmageddon?

¿Quién de aquí se acuerda del Carmageddon?

Pero que quede claro que la lectura feminista no lastra la historia: no es un panfleto. Ralph rompe Internet es muy graciosa, muy divertida, muy ingeniosa y muy Disney. Y como es Disney y pueden hacerlo, han decidido enseñarnos su mundo por dentro y reírse de él. Así que vemos a los personajes de Marvel conviviendo con los de Star Wars, Pixar y con las princesas Disney en pijama. Y nos gusta que nos hagan ver el sinsentido de sus historias (se ridiculiza el argumento de La Sirenita, el cantar sin ton ni son…). Y, si estás atento a lo que ves, entonces sí te llega el mensaje feminista. La mejor forma de difundirlo es que parezca que no es lo importante.
Y por mucho que al final Vanellope descubra, para su propia sorpresa, que ella también es una princesa Disney y que en los momentos clave pueda cantar junto al agua, nunca será una princesa como las otras. Vanellope siempre llevará una coleta sujeta por un regaliz rojo, con sus chuches pegajoseadas por el pelo, y cuando cante, lo hará no junto al mar o a un río lleno de burbujas, sino junto a un charco maloliente. Y el foco que la ilumine será el de un helicóptero, y las luces alrededor sean explosiones de gasolina. Y no por ello sus canciones serán menos bellas.
Sí, Ralph rompe Internet es Disney. Y hay canciones y explosiones, y risas y homenajes a monstruos. Y, por supuesto, el aire melancólico de los amaneceres solitarios con un regusto al recuerdo de las personas que amaste y que dejaste ir precisamente porque las amabas.

Sinopsis

Ralph rompe Internet

El volante de la máquina de Vanelope se ha roto, así que ella y Ralph tendrán que ir a Internet para conseguir uno nuevo a través de ebay. Y, ya de paso, echar un vistazo a ese mundo nuevo.

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