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Sitges 2015: El apocalipsis de las minirreseñas demoníacas

Terminamos con Yakuza Apocalypse, Demon, As the Gods Will y las dos partes de Parasyte.

Completamos nuestra cobertura del Festival de Cine Fantástico de Sitges (a falta de un artículo sobre el cine romántico de género que nos guardamos para mañana) con una última tanda de cinco minirreseñas en las que predomina el cine japonés, con la de cal y la de arena que nos ha dejado Miike este año y las dos partes de Parasyte de Takashi Yamazaki, que pudimos ver seguidas el último sábado del festival.

Yakuza Apocalypse de Takashi Miike

Yakuza Apocalypse - Combate
Va, voy a intentar sintetizar casi dos horas de despropósito continuo en una sinopsis de una sola frase, porque tenía planeado hacer algo parecido a lo del año pasado con La distancia pero quedaba demasiado incongruente. Vamos allá. Un joven quiere impresionar al jefe vampiro de la yakuza, que al morir le transmite sus poderes y la capacidad de convertir en vampiro yakuza a todo el que encuentre, pero deberá dirigir los pasos de un chaval yakuza vampiro empeñado en vengarse de otro bando no muy definido (que planta «civiles» en tierra porque, si no, a quién va a extorsionar la yakuza) y, por algún motivo, también enfrentarse a un peligrosísimo hombre disfrazado de peluche rana. ¡Conseguido!

Yakuza Apocalypse - Rana peluche
La palabra clave aquí es «despropósito». Reconozco que llegué un poco tarde a la película porque se retrasó la anterior que vi, The Devil’s Candy, pero por lo que he leído (y por cómo es la propia peli) tampoco me habría cambiado en nada la opinión. Yakuza Apocalypse da la sensación de ser un refrito de sobras, de idas de olla absolutas que Miike tenía ganas de rodar porque sí pero no le encajaban en ninguna parte, así que las ha juntado todas y las ha intentado hilar con un… bueno, llamémoslo argumento al servicio exclusivo de un título llamativo y resultón que llevara público al cine. Título que, siendo sinceros, viene a ser el único mérito de la película. Soy relativamente novato en el Festival de Sitges, pero nunca había visto salir a tanta gente de la sala en plena proyección. Y eso que me perdí los primeros veinte minutos.

A ver, sois muy libres de hacer lo que queráis con dos horas cualesquiera de vuestra vida, por supuesto, y probablemente Yakuza Apocalypse gustará a los fans de lo estrambótico y bestia porque sí, pero si no lo sois resistid los cantos de sirena de un título tan molón y no toquéis este desvarío ni con un palo.

Demon de Marcin Wrona

Demon - Boda
Peter, o Piotr, es un inglés que se traslada a la Polonia rural para casarse y vivir en las tierras de la familia de su novia, concretamente en el viejo caserón que les regala su futuro suegro, el cacique de la zona. Sin embargo, la víspera de la boda Peter descubre por accidente unos viejos huesos enterrados y todo se tuerce: durante la celebración, empieza a tener comportamientos extraños que derivan en lo que parece un ataque de epilepsia. Aunque ya supondréis, tratándose de Sitges (y de Fantífica), que en realidad es un caso de posesión.

Pero claro, es Polonia y en la boda todo dios se ha puesto como una auténtica cuba a base de vodka, que no dejan de beber como agua desde el principio de la cinta hasta casi sus títulos de crédito. Y justo eso es lo que define la propuesta de Demon: un caso que pide a gritos un exorcismo pero ocurre justo en el peor momento, con la casa llena de invitados que van hasta arriba de alcohol. La peli se ha llevado el premio a la Mejor Fotografía del festival, pero para mí su principal baza es que destila —je, je— un aire medio trascendental, medio costumbrista pero con un delicioso e incesante subtono cabroncete. Y que su final dejará más de una pregunta abierta para las conversaciones al salir de la sala.

As the Gods Will de Takashi Miike

As the Gods Will - Aula masacrada
Después de Yakuza Apocalypse, y siendo ya como las tres de la madrugada, entré de nuevo a Auditori con la idea de conceder diez minutos de gracia a la segunda cinta seguida de Miike y largarme si no me daba motivos para lo contrario. Pero la vi entera. As the Gods Will viene a ser como Battle Royale pero con toques de Cube y juegos y cuentos infantiles japoneses: por todo el país, los alumnos de instituto deben enfrentarse a mortíferas y sangrientas pruebas orquestadas, al parecer, como parte de una invasión alienígena.

De todas formas, no conviene hacer demasiado caso al trasfondo de los supercubos flotantes que aparecen sobre todas las ciudades del planeta, ni tampoco a la pseudomoralina sobre religión y violencia que hace acto de presencia de vez en cuando. As the Gods Will sigue a Shun, un chico que se aburre de su vida, a Ichika, básicamente su interés romántico, y al malvado Amaya a lo largo de pruebas y más pruebas que dan un giro ultraviolento y divertido a los juegos tradicionales. Si os va, disfrutaréis de los efectos, de los chistes visuales y de la aventura ensangrentada pero intrascendente de Shun. Si no, reservadla para un domingo de resaca.

Parasyte 1 y 2 de Takashi Yamazaki

Parasyte - Migi y Shinichi
Yamazaki adapta en dos partes bien diferenciadas el cómic Kiseijuu de Hitoshi Iwaaki. Un buen día rodean Tokio unas esporas del espacio exterior que al instante se lanzan a la caza de huéspedes humanos en cuyos cerebros instalarse para devorar a otros humanos y dominar el planeta. Pero cuando uno de estos bichos intenta colarse en la cabeza de Shinichi, un alumno de instituto de lo más normal, se lo impiden los auriculares que lleva puestos y acaba controlando solo su brazo derecho. Pero la simbiosis que se establece entre Shinichi y Migi, que es como el primero bautiza a «su» alien, no es lo normal, y los parásitos se valen de sus cuerpos humanos para alimentarse a lo burro y tratar de apoderarse del mundo…

Parasyte - Bicho

Aquí un parásito declarando sus pacíficas intenciones.


Es posible que Yamazaki acertara dividiendo su adaptación en dos partes, ya que (sin abandonar el concepto de la invasión de parásitos) la primera es más local, más íntima, mucho más centrada en Shinichi y sus problemas cotidianos, y la segunda más a lo grande en cierto modo. Pero al cambio de tono entre una y otra se añade un repetitivo mensaje medioambiental en la segunda parte que puede llegar a cansar un poco, y que lleva a preguntarse si quizá no sería mejor haberlas comprimido en una sola cinta algo más larga.

Sea como sea, Parasyte es la buddy-movie de un chico y su versátil mano alien, enfrentados a una amenaza apabullante. Tiene buenos personajes —aparte de Shinichi y Migi, destaca la profesora infectada Ryoko con sus experimentos llevados al extremo— y unos efectos especiales impecables que, como los chistes (inevitables y necesarios en una situación de mano derecha poseída), están aplicados con mesura y acierto. Si en algún momento hacen un montaje conjunto de las dos, lanzaos de cabeza. En todo caso, una propuesta más que digna.

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