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Spider-Man: Lejos de casa

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La nueva entrega del trepamuros es una correcta película para adolescentes, pero se echa en falta algo más de profundidad.

Así a ojo, en lo que va de milenio salimos casi a una película de Spider-Man cada dos años. Resulta difícil mantener un buen listón, e incluso el propio Sam Raimi acabó pagándolo en aquella olvidable tercera entrega -aunque siempre le agradeceremos las dos primeras-. Y si bien Spider-Man: Lejos de casa no es una mala película, no pasa de un buen entretenimiento. Quizás el problema sea que Marvel nos ha acostumbrado a grandes películas y ahora, cuando saca algunas que simplemente están bien, saben a poco.

Insisto, Spider-Man: Lejos de casa no es una mala película. De hecho, tiene algunas grandes virtudes. La construcción del personaje de Peter Parker, naturalmente, es el gran pilar sobre el que se construye todo, pero el puñado de adolescentes con peso en la trama es uno de los mejores retratos de esa edad que he visto en mucho tiempo. Por desgracia, de vez en cuando cae en los tópicos más insufribles, más propios de una teleserie del Disney Channel que de una película: el pijo maleducado que trata mal a Peter sin ningún motivo; el rival amoroso que nos tiene que caer mal porque… bueno, es el rival; los problemas por no hablar y decir lo que sienten los personajes…

Que las películas de Tom Holland como Spider-Man están orientadas a un público adolescente es evidente. Y no solo es una decisión razonable, sino que es probablemente la mejor opción. Pero uno esperaría que hubiera una cierta capa, una lectura más adulta. Igual que pasa en las películas de Pixar, que tienen una lectura simple y centrada en la peripecia para los críos, y otras lecturas más profundas para otras edades, incluyendo a los padres de esos críos. Spider-Man: Lejos de casa no tiene esas capas. Sus lecturas más profundas siguen estando orientadas a un público juvenil.

Así, es fácil ver que la película habla sobre las fake news, los impostores que quieren llegar al poder a base de mentir y engañar, e incluso el papel de los medios de comunicación en la era Trump. Pero no hay realmente un discurso más allá del de las apariencias engañan, mentir está mal.

El público de 14 años disfrutará como debe. Los fans irredentos de Marvel disfrutarán, sobredimensionarán cada detalle, cada referencia, cada guiño, y obviarán los chistes fáciles y los giros narrativos sin sentido. Y los muggles verán desconcertados esas reseñas que le ponen un 9. Pero todos estarán de acuerdo en que Spider-Man: Un nuevo universo le da sopas con honda.

A pesar de todo eso, Spider-Man: Lejos de casa aguanta razonablemente bien hasta el tercer acto. Tiene sus dosis de acción bien repartidas, sus giros de guión no tan sorprendentes como se suponen, y sobre todo se centra en Peter Parker con sus problemas de adolescente, un chaval que tiene la sensación de que no puede con todo, de que no le da la vida. Justo lo que siempre ha hecho que Spidey sea uno de los personajes más queridos por el público. Pero el tercer acto, el momento en el que Marvel suele desatar la tormenta de CGI, es francamente fallido. No tiene fuerza, y por momentos es casi tedioso. Los gags que lo interrumpen no son graciosos y son demasiados. Y la resolución final es tan predecible que casi da vergüenza pensar que se supone que hay sorpresa.

Así pues, la película es correcta y tiene suficientes puntos fuertes como para que el público salga contento del cine, pero parece que no haya querido ser todo lo que podía. Curioso, porque es eso lo que siempre le están diciendo al pobre Peter Parker en el UCM. Tiene a un Tom Holland que parece haber nacido para el papel y a una Zendaya de la que es imposible no enamorarse, pero sobre todo tiene a un Jake Gyllenhaal soberbio, que consigue mantener el improbable equilibrio entre seriedad e histrionismo de su personaje.

Es cierto que se agradece un tono más ligero después de la intensidad de los últimos Vengadores, y que sus casi 130 minutos no se hacen largos, pero Spider-Man: Lejos de casa es como ese alumno que nunca estudia y saca sietes. Está bien, pero si hubiera querido podría haber sigo gloriosa.

A mitad de los créditos hay una escena extra, y otra más al final de ellos. Y merecen absolutamente la pena. No puedo creer que en 2019 todavía haya tanta gente que se levanta y se va en cuanto empiezan las letras.

Sinopsis

Spider-Man: Lejos de casa

Peter Parker se va de viaje por Europa con el instituto, pero no hay vacaciones para los superhéroes. Mysterio sale del anonimato, pero no todo es lo que parece.

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