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Suspiria: la intención no es lo que cuenta

El remake de Suspiria intenta ser una gran obra de arte, pero a ratos resulta ridículo.

El remake del clásico de Dario Argento Suspiria ha optado por alejarse de la original e intentar tener una personalidad propia. Eso es un acierto, no solo por evitar comparaciones, sino porque la original ha envejecido más bien regular y adolece de la marcada estética del italiano. Y hasta aquí llega más o menos lo bueno que se puede decir de la nueva versión.

suspiria dakota

 

Los caminos del infierno están empedrados de buenas intenciones, y Suspiria está llena de ellas, pero en general fracasa en todo lo que se propone. Estructurada en seis episodios y un epílogo, las dos horas y media de Luca Guadagnino confunden un ritmo pausado con el aburrimiento. El epílogo entero resulta prescindible y en realidad no aporta nada necesario y su única virtud es conseguir que el espectador no salga del cine justo después del despropósito que es el sexto episodio. Para agrabarlo, la película va claramente en declive conforme avanza el metraje y, si su primera hora es incluso interesante, a partir de la mitad cae hasta llegar al esperpento autoparódico del aquelarre, supuesto colofón.

El film empieza jugando a la ambigüedad: ¿son brujas de verdad, o es todo autosugestión? Y mientras se mantiene ahí la historia consigue funcionar a pesar de sus muchos problemas de narración. Es cierto que es elementos clave para la trama que están separados por una hora entera, con lo que cuando aparecen por segunda vez muchos espectadores no saben de qué les están hablando; y también es cierto que hay demasiados cambios en la protagonista que quedan elididos, de manera que hay que hacer un esfuerzo para creérselo; incluso es verdad que se demora en tramas secundarias que no siempre van a ningún lado. Pero a pesar de todo ello la película funciona razonablemente bien durante algo más de una hora, fundamentalmente gracias al enorme trabajo de sus actrices. Dakota Johnson y Tilda Swinton muy especialmente, pero también Chlöe Grace o Angela Winkler.

tilda swinton

Lamentablemente, esa ambigüedad es abandonada y a partir de ahí todo se vuelve un despropósito. Incluso visualmente hay un cambio: el tono moderado y gris, como con un filtro sepia de Instagram, es sustituido por contrastes chilllones de negro y rojo; la cámara sutil y de suaves movimientos se convierte en zooms como si en vez de ambientada en los 70 hubiera sido rodada en los 70. Todo el largo, larguísimo aquelarre parece un mal videoclip. En general, Guadagnino está tan preocupado de dotar de valor metafórico a todo que acaba teniendo un totum revolutum bastante ridículo. La relación de Madame Blanc (Tilda Swinton) y Susie (Dakota Johnson) es a la vez la de cazador y presa, la de madre e hija, la de maestra y alumna, la de dos desconocidas y la de dos almas que se conocen desde tiempo inmemorial. Debería serlo todo a la vez, pero, lógicamente, acaba siendo a ratos una, a ratos otra. Es bastante representativo de lo que sucede con todo en esta película: intenta ser tantas cosas, tener tantos mensajes, que acaba por no ser realmente nada.

suspiria moretz

Suspiria se esfuerza tanto por ser brillante que su fracaso aún resulta más triste. Como película de terror -que, recordemos, es lo que se supone que es- no consigue dar miedo en ningún momento. Su atmósfera a ratos es desconcertante, pero nunca inquietante. Y las escenas en las que pretende crear tensión o incluso dar algún susto al espectador, no lo logran o, peor aún, resultan cómicas. También fracasa en algo tan básico como la trama, con demasiados giros inverosímiles, con tramas secundarias que no llevan a ningún lugar pero se extienden a lo largo de muchos minutos, y con grandes revelaciones que no son tan grandes ni revelan demasiado ni, para ser sinceros, importan a nadie. Mi umbral de verosimilitud es realmente bajo, y si a mí me costó mantenerme dentro de la película, no quiero pensar lo que sentirá un espectador más exigente.

Por no funcionar, ni siquiera funciona el montaje. En la que debería ser una de las escenas cumbres del film la protagonista está bailando, mientras en otra sala otra chica es mutilada y torturada mediante una especie de conexión mágica entre los dos bailes. Solo que no hay el más mínimo parecido entre los movimientos de ambas. Una levanta los brazos, y a la otra se le disloca la mandíbula; una se deja caer al suelo, y a la otra se le parte el brazo. Como si hubieran rodado dos escenas totalmente inconexas y las hubieran montado juntas. Sabemos lo que está pasando, pero no es gracias al montaje.

Suspiria aquelarre

Quizás lo mejor de Suspiria sea el tiempo que uno puede pasar después de verla devanándose los sesos para intentar entender por qué se han puesto algunas cosas, como la subtrama de los terroristas -¿para dar sensación de que el mundo fuera de la compañía de danza es caótico, absurdo y peligroso?-, o por qué Tilda Swinton hace también el papel del psicólogo. O cómo Guadagnino puede ser tan malo en la composición.

Es posible que alguno esté pensando que ahora tiene ganas de verla. Recordad que son dos horas y media de pura pretensión. Dos horas y media de vuestra vida. Al menos, Cadáver eran 85 minutos y no intentaba ser una gran obra de arte.

Sinopsis

Suspiria

Una escuela de danza contemporánea en el Berlín de los años 70 es en realidad un aquelarre de brujas. La llegada de una nueva bailarina parece no ser casual

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