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Worlds of Ursula K. Le Guin, homenaje a una vida

Un vistazo a lo que podemos encontrar en el documental, ya disponible para mecenas de la campaña de crowdfunding.

Leí En el otro viento en 2006, y recuerdo que me impresionó el tono crepuscular que impregnaba la obra, casi de despedida. Ursula sabía que ya no le quedaba demasiado para llegar al final del camino, y en aquella novela nos decía que lo aceptaba sin pesar, con esa lucidez poética que solo ella sabía manejar de un modo tan versátil. Sin embargo, pasaron los años y hubo otros libros después de aquél. Novelas, poesía, artículos que demostraban que seguía al pie de la actualidad y que la edad no había erosionado su capacidad crítica. Nunca llegó a desvanecerse. No la perdimos de vista, como sucede a tantos autores cuando llega la última etapa de su vida. Sus palabras eran una constante para nosotros. Hasta este año, ese veintidós de enero que resultó ser más frío que cualquier otro día del invierno.

No sabemos cuántas cosas dejaría Ursula inconclusas en su escritorio. Pero sí que, por desgracia, no llegó a ver el resultado de un documental en el que se volcó desde el primer momento: Worlds of Ursula K. Le Guin. Un homenaje a su trayectoria que nació como una campaña de Kickstarter, en 2016, de la mano de Arwen Curry, licenciada en Periodismo y dedicada a la producción audiovisual en el ámbito cultural. Ni que decir tiene que la campaña atrajo de inmediato la atención de miles de admiradores de la obra de Le Guin: se financió con éxito sin mucha dificultad, recaudando más de 200.000 dólares —la meta original eran 80.000—. Una cantidad que se ha aprovechado al máximo: además de permitir diversos alicientes para los mecenas, como una libreta con un retrato de la autora o material firmado por ella, el resultado final del documental es muy satisfactorio.

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El embarazo de Curry y las tareas habituales de postproducción retrasaron la fecha de entrega prevista. Ha sido este pasado 11 de septiembre cuando los mecenas hemos recibido el enlace para verlo en Vimeo, finalmente. En poco más de una hora de duración, nos encontramos con una narración respetuosa y alegre, una celebración de la vida de Le Guin que aúna el recorrido histórico y su propia voz con testimonios directos de admiradores como Neil Gaiman, Samuel R. Delany o China Miéville. Hay espacio, incluso, para recrear algunas de sus obras más emblemáticas mediante animación, en un estilo similar a una acuarela que cobra vida. Con una personalidad tan fascinante y prolífica como la de Le Guin, es inevitable que el documental deje algún que otro tema por tratar, no obstante. Se echan en falta algunos de sus trabajos recientes, como la trilogía de los Anales de la Costa Occidental —habría sido interesante analizar cómo se desenvolvió Le Guin al volver a dirigirse al público juvenil, tanto tiempo después de Terramar—, su labor como poeta y traductora; o Lavinia, su última novela. Pero, en fin, esto es pecata minuta: la intención de Worlds of Ursula K. Le Guin no es convertirse en un repaso biográfico exhaustivo y lineal, sino explicar de qué modo la persona y la obra se imbrican, enriqueciendo la una a la otra.

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Desde el primer momento, resulta emotivo escuchar la voz de Ursula. De ella como nombre propio, en primera persona. No solo es la voz de la escritora que admiramos, sino también la de la joven ilusionada ante el futuro, la madre y la esposa. Ursula nos habla de sus orígenes, del modo en que sobrellevó los rechazos editoriales, y su voluntad de abrirse camino en un mundo eminentemente masculino; pero es una delicia escuchar también a Charles Le Guin, su compañero, confidente y lector cero. Y a sus hijos, quienes nos revelan la estricta disciplina que tenía su madre a la hora de escribir. Siempre fueron conscientes de que debían respetar esa parcela de su vida y las horas que dedicaba a ello.

Aunque nadie puede dudar hoy en día del peso que el feminismo tiene en la obra de nuestra autora, resulta interesante escucharle hablar sobre ello, remontándose al apogeo de su carrera. Llegó a sentirse una impostora, nos explica, cuando eligió ser madre y ama de casa al tiempo que se centraba en su labor literaria; los roles femeninos tradicionales parecían estar reñidos con ese despertar feminista de los sesenta y setenta del siglo XX. Un contexto que la hizo reflexionar como mujer y como autora, e incluso replantearse el modo en que se había aproximado al tratamiento del género en La mano izquierda de la oscuridad, mediante el uso del pronombre masculino. Las críticas en este sentido la llevaron a ponerse a la defensiva al principio, admite, hasta darse cuenta de que tenían razón: podía haber intentado llegar un poco más allá en su alegato. Al final de su vida, rememorando aquel tiempo, Ursula nos recuerda algo muy básico, que no siempre tenemos presente: jamás hay que dejar de aprender de los demás, por muy expertos que nos creamos en un tema.

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Muy interesante resulta también el acercamiento a la figura de su padre, Alfred Kroeber. Ursula fue consciente, desde pequeña, de su relevancia en el campo de la antropología cultural, y vivió de cerca su investigación sobre las tribus indígenas de la zona de California. En especial su trato con Ishi, el último superviviente de estas. Todos sabemos que la profesión de su padre influyó de manera decisiva en el interés que desarrolló hacia la exploración de otras culturas, pero gracias a Worlds of Ursula K. Le Guin podemos entenderlo mucho mejor. Ser consciente del exterminio del pueblo nativo americano por parte de los suyos fue algo que sobrecogió a Ursula, y la única manera que encontró de asumirlo fue «plasmarlo en una novela», nos cuenta. De ahí al nacimiento del Ekumen y sus ramificaciones hubo solo un paso.

La faceta ética e ideológica de Le Guin se explora a través de Los desposeídos y, cómo no, Los que se marchan de Omelas, un relato que sigue removiendo conciencias pese a los años transcurridos: durante el documental, vemos cómo se utiliza como ejercicio de debate en una clase de instituto. Por supuesto, también hay un espacio amplio para Terramar, posiblemente la saga que mejor nos explica quién fue Ursula, su crecimiento como autora y los temas que le fascinaron a lo largo de su vida. Partiendo de la alquimia de las palabras, que quiso plasmar desde el primer momento a través de la magia, hasta la comprensión de esa necesidad de virar hacia el protagonismo de lo femenino. Y finalmente, en una novela tan particular y única como Tehanu, su deseo de mirar más allá del telón y mostrarnos a un héroe épico «desposeído», en un entorno costumbrista que nos trae la fantasía a nuestro propio umbral.

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El último tercio del documental es más variado, y regresa a la Ursula más íntima: nos habla de su relación con Charles y el modo en que se conocieron, de otros trabajos más experimentales como El eterno regreso a casa —y el álbum de música derivado—. La vemos junto a los aficionados, en charlas, firmando libros; y termina recordándonos que nuestra autora no perdió fuelle en los últimos años, como comentábamos al principio. Siempre fue fiel a esa muchacha de eterna curiosidad en la mirada, que jamás tuvo miedo de enfrentarse a las normas. Ni siquiera en el momento de recibir el reconocimiento por su carrera en los National Book Awards, en 2014, perdió la oportunidad de expresar su descontento con la deriva del sector editorial y el modo en que afectaba a la creación artística.

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El hecho de que participen en el documental autores de generaciones muy diferentes, aportando su testimonio y compartiendo qué significa para ellos la obra de Le Guin, evita que lo veamos como un epílogo de su carrera, pese a que, lamentablemente, haya tenido que convertirse en una elegía. La sensación que nos queda es de continuidad y permanencia. Una idea que se refleja en las palabras con las que la autora cierra el documental, invitándonos a seguir descubriendo sus mundos; al fin y al cabo, somos una pieza indispensable de los mismos. Nada de detenerse en lo alto de una colina: siempre hay un valle nuevo que explorar, y siempre habrá alguna página, algún artículo, algún verso que nos haga acompañarla de nuevo. Ya sea a un lugar inmenso como el propio universo, vasto y mágico como Terramar, o minúsculo como una gota de lluvia.

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