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Un Salón del Manga amarillo Pikachu

Éxito sin aglomeraciones en una nueva edición del encuentro otaku más multitudinario de Europa.

Y ocurrió que un tipo al que le gustaba coleccionar insectos de niño, un tipo llamado Junichi Masuda, decidió que por qué no iban a querer los niños del mundo entero coleccionar pequeños seres imaginarios. Pequeños seres imaginarios que pudiesen pasar por mascotas mutantes y almacenarse en los bits de una (también) pequeña consola. Asi fue cómo nació, hace ya 20 años —los mismos que ha cumplido el Salón del Manga de Barcelona este 2014— Pokémon. Y precisamente por eso, por el asunto del doble aniversario, el Salón del Manga de este año era amarillo limón. No, qué digo, amarillo Pikachu.

Para empezar porque el acceso al recinto, que este año fue más ordenado aunque hubo colas de más de una hora (y eso que las entradas estaban agotadas, al menos las de sábado y domingo, y no había esperas en taquillas), parecía incluir una gorrita de cartón con la carita de Pikachu. Ciertamente podías elegir, pero de cada tres otakus que accedían al recinto (enorme este año, porque de los 35.000 metros cuadrados del año pasado se ha pasado a los 50.000), al menos uno lo hacía con la gorrita en cuestión. Así que la sensación, cuando tratabas de atisbar el horizonte, era de estar en un mar de cabezas amarillas. Y la culpa es de estos dos señores:

Masuda y Ohmori

Junichi Masuda y su compañero, Shigeru Ohmori.


¿Novedades de este año, además de la venta anticipada, el inevitable sold out y el cabreo del que se despertó el sábado o el domingo pensando en darse una vuelta por el Salón, como otros años, y se dio cuenta de que ya no había forma humana ni inhumana posible de entrar? Pues una especie de espacio de chill out que simulaba un jardín zen, con una pequeña muestra de bonsáis y espacios para meditación, reiki y cosas por el estilo. ¿Y algo más? Bueno, lo gastronómico seguía presente: el chef invitado este año era Jordi Roca, el de El Celler de Can Roca, que hizo algunos postres con sake. El escenario en que se celebraron los mil y un concursos de cosplay internacionales (en realidad, eliminatorias para elegir a los representantes españoles, entre otros, para el World Cosplay Summit que se celebrará en Japón en verano). Y en el apartado videojuegos no había más que títulos de Nintendo.

Papagallo Roca

El chef y su gran nariz.


Y cada vez es más extraño ver a alguien de civil en el Salón. Es decir, que es raro quien no se disfraza. Los hay más o menos creativos y más o menos currantes, en lo que a ataviarse como sus personajes favoritos, entre los que empiezan a abundar secundarios de videojuegos que al común de los mortales le pasan más que desapercibidos. O no. Juzgdad vosotros mismos:

Stephen King con pasta

No es Stephen King, es un cosplayer con pasta.


Aunque luego también están los clásicos, claro:

Dragon Ball cosplay

Los chicos de las bolas (de dragón).


Y los que no pasan frío:

Gato Gigante

No es el gato con botas, ¿verdad?


Los expositores también eran más este año, y sobre todo abundaba el merchandising de todo tipo (incluso podían verse cojines con la cara de Walter White, y no a la nipona), y entre los autores invitados había incluso un Pynchon, esto es, uno que no se dejaba fotografiar ni a tiros y que en el mejor de los casos salía de esta guisa:

Takeshi Obata - Flexo

Takeshi Obata, Il Divo


Es el creador de BAKUMAN, un manga sobre un tipo que sueña con ser mangaka y que en realidad es el mismo autor, o lo era de adolescente. Para él fue el Premio del Salón al Mejor Autor de Manga de este año, y ni siquiera se dejó fotografiar en la ceremonia de entrega. Sus sesiones de firmas estaban previamente pactadas y se habían sorteado los números por la red, de manera que hubo malentendidos cuando algunos ganadores de tan preciado sorteo descubrieron que las entradas del sábado se habían agotado, y justo el sábado era el día en que Il Divo iba a firmarles un ejemplar de su obra porque en efecto, eran de los elegidos y les había tocado, pero, qué demonios, ¡no tenían entrada!

Para invitado ejemplar, Ken Niimura, el madrileño de padres nipones que vive en Tokio y que cofirmó el enorme Soy una matagigantes, y que ahora ha conseguido hacerse un nombre como autor (no solo como dibujante) en la capital del manga hablando un perfecto español (y un perfecto japonés, claro) con obras como Henshin. Ken regalaba sonrisas y encantadores dibujos a todo aquel que se lo pedía y se convirtió en el único en conseguir un dibujo de Il Divo Obata, que se adelantó a él y le entregó un ejemplar de su último tomo autografiado y dibujado. «Qué honor», balbuceó el bueno de Ken, al enterarse de que los  ganadores del sorteo obtenían poco más que un garabato.

Ken Niimura

Niimura, posando ante el cartel del Salón, también obra suya.


¿Algo más? Bueno, tal vez I am a hero. Que contó con exposición de originales y la presencia de su autor, Kengo Hanazawa, tan idéntico al protagonista que daban ganas de preguntarle si en realidad la serie está sacada de sus diarios personales. Pero iba rodeado de tanta gente —su número de guardaespaldas era tres veces inferior al de Il Divo, pero no estaba nada mal— que no nos atrevimos. Eso sí, os podemos enseñar una parte de la muestra, que, aunque pequeña, no estaba nada mal.

I am a Hero - Muestra

La sangrienta muestra de Kengo Hanazawa


En definitiva, la cosa ha ido muy bien. La venta anticipada ha sido un acierto, porque ha evitado las aglomeraciones (que el año pasado obligaron a cerrar el Salón la tarde del sábado por miedo a avalanchas) y ha permitido un ambiente fluido en todo momento, al que ha contribuido la distribución del contenido en dos palacios y la planta de chill out. Y parece que la cosa no va a dejar de crecer. Este mismo año ha habido, en teoría, al menos 15.000 visitantes más que el anterior (un total de 130.000), así que puede que siempre sean malos tiempos para la lírica, pero desde luego nunca lo son para el manga.

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