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Un Beowulf épico

David Rubín y Santiago García nos traen una versión fiel de la canción de Beowulf. Pura épica.

Después de tantas versiones y obras «inspiradas en», resulta sorprendente encontrarse con alguien que ha intentado seguir el poema de Beowulf con fidelidad. Entre la película de Zemeckis (¿de verdad ese guión era de Neil Gaiman?) y la novela de Michael Crichton Devoradores de cadáveres (os sonará más su versión en cine, El guerrero número 13), nos habíamos acostumbrado a que del poema no quedara más que un tipo con espada y algún tipo de monstruo más o menos draconil.

Por eso me parece tan destacable el guión de Santiago García. Bueno, por eso y porque tiene una solidez narrativa muy difícil de conseguir en las historias épicas. Que lo habitual es caer en el esperpento y el ridículo, o en los tópicos. García lo evita huyendo de los recuadros explicativos y reduciendo los diálogos a lo mínimo necesario, de manera que, por un lado, el ritmo es ágil, a veces incluso endiablado; y por otro lado las frases de los personajes cobran fuerza y protagonismo, adquiriendo esa resonancia épica que se suele echar en falta en las historias de este tipo. Resumiendo mucho, se ha dado cuenta de que la épica no se puede contar, hay que mostrarla.

Beowulf

Usar el texto solo cuando haga falta.


Quizás el rasgo más destacable del guión sea la narración en paralelo de diferentes escenas (la primera parte de las tres de que consta el cómic empieza así), con un dominio de los tiempos que facilitan la comprensión a la vez que dan velocidad a la historia.

Beowulf

Montaje en paralelo de dos escenas.


Pero tengo que reconocer que lo que me ha atraído como un canto de sirena a este cómic es el nombre de David Rubín en la portada. En su día me hice el remolón con La tetería del oso malayo y tardé un par de años en leerlo. De hecho, si finalmente lo hice fue porque oí a Rubín hablar en el Saló del Còmic de Barcelona y me pareció un tipo bastante interesante. Menos mal. Porque desde entonces le sigo con ganas. No es que todo lo que hace me parezca bueno, pero sí que lo encuentro siempre interesante. Intenta hacer cosas y a veces lo consigue, aunque a veces no.

De hecho, solo en este cómic me he encontrado con los dos casos. Cosas que le han salido muy bien… y otras que no. En varias ocasiones combina una splash page con pequeñas viñetas de plano detalle, pero el recurso no funciona porque el detalle es demasiado confuso y, en vez de ampliar la información, entorpece la narración. Su dibujo, que en otros momentos es una delicia, aquí llega a ser molesto.

En cambio, hay páginas soberbias. La última de la segunda parte, con dos viñetas iguales, una con Beowulf joven, la otra con el héroe anciano. Como un juego de las siete diferencias. Solo que hay una tercera viñeta: a nuestra mente acude por fuerza un Conan rey sentado en su trono. Una página que pone los pelos de punta y que sirve a la vez de colofón a la segunda parte y de puente a la tercera. Una página que resume la épica que resuena en todo el volumen.

Beowulf

Beowulf no se anda con chiquitas. Vamos a llamar al dragón.


En conjunto resulta una obra más que recomendable. No es redonda, pero se disfruta entera y se lee de una sentada… si tienes el tiempo necesario. La edición en tapa dura y con páginas de tamaño álbum europeo, impecable (aún espero una mala edición de Astiberri), ayudan a disfrutarla aún más. Yo lo he hecho, desde luego.

Sinopsis

Beowulf

El monstruo Grendel asola las tierras de los skyldingos durante doce años, hasta que Beowulf y sus hombres lleguen para enfrentarse a él y ganar la gloria eterna de las canciones. Pero Grendel no puede ser herido por ningún arma forjada por el hombre...

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