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El último mortal, de Mahoney, Sablik y Nachlik

El género negro, la acción, la nostalgia noventera y lo sobrenatural se dan cita en esta serie que fue finalista del premio Harvey en la Comic-Con de Baltimore 2012.

Cuando El último mortal llegó a mis manos, lo cogí sin la menor idea preconcebida. No conocía a sus creadores ni me sonaba el título, así que lo abrí y, puestos a conservar la pureza espiritual, pasé por alto la introducción escrita por Victor Gischler. Sin embargo, mientras daba la vuelta a la página me saltó a la cara una palabra escrita en cursivas: noir. Y vaya si este cómic es noir.

El último mortal (tomo de Norma Editorial que incluye los números 1 a 4 de The Last Mortal) narra las desventuras de Alec King, un don nadie que nunca ha hecho nada bien en su vida, por decirlo con sus propias palabras. Alec sobrevive a base de chanchullos y, para sacar de apuros a su mejor amigo, decide echarle una mano en un trabajito bastante más peligroso de lo normal: asesinar al candidato a la alcaldía. Pero, cómo no, todo se tuerce y nuestro protagonista descubre por las malas —por las muy, muy malas— que no puede morir. Mientras se suceden los intentos de acabar con su vida, Alec termina metido hasta las cejas en las intrigas de unos altos fondos que, vistos con perspectiva, no son tan distintos de los bajos.

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Los guionistas de El último mortal, John Mahoney y Filip Sablik, conocieron casi por casualidad al dibujante Thomas Nachlik, polaco afincado en Alemania, y concluyeron que era la persona perfecta para ilustrar el proyecto que llevaban acariciando desde la adolescencia. Y eligieron bien: el estilo de Nachlick, en un blanco y negro crudo, anguloso y expresivo, con unos trazos dobles que parecen desdibujar a los personajes en distinto grado según lo alterados que están, encaja de maravilla con el tono de la historia. Nachlik logra que los flashbacks se distingan a primera vista presentándolos sin entintar, como en la viñeta izquierda de arriba. Detalles como los pósters de Babylon 5 o Mötley Crüe terminan de clavar una época, tratada con cierta nostalgia y una banda sonora muy apropiada, en la que el protagonista era algo menos pringado que ahora. El dinamismo de su trazo complementa bien el ritmo de la historia, sólida y cerrada, y el buen resultado de la combinación de estilos hace que se le perdonen algunos defectillos, como lo unidimensional que es el villano o cierto encuentro casual sobre el que gira la trama. Pero al fin y al cabo, ¿qué hay más casual que descubrir por las muy, muy malas que eres inmortal?

Aunque se trata de una historia autoconclusiva (publicada en Estados Unidos como miniserie de cuatro números), Mahoney y Sablik tienen intención de retomar a Alec el inmortal en nuevos cómics. Si sus futuras historias son tan compactas con esta, con buen ritmo, diálogo brillante, un trasfondo soltado a cuentagotas rápido, y sobre todo si Nachlik regresa a los lápices, conmigo pueden contar.

Sinopsis

El último mortal

Alec, un pringado callejero de Philadelphia, descubre que es inmortal después de emprender una misión casi suicida en la que muere su mejor amigo. Perseguido por mercenarios y acosado por historias de su pasado, Alec decide que, si no puede morir, solo le queda actuar.

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