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Fatale 2: Los trabajos del Diablo, vuelve la mujer fatal de Brubaker

Un libro perdido, una película maldita y una iglesia sectaria se dan cita en el siguiente episodio de la inmortal femme fatale.

Cuando se piensa en las películas clásicas de cine negro de las primeras décadas del siglo XX y en las novelas de detectives de toda la vida, no se puede evitar pensar también en la femme fatale, esa víbora por la que el protagonista de la historia pierde la cabeza. La Wikipedia dice lo siguiente de las mujeres fatales:

Es un personaje tipo, normalmente una villana que usa la sexualidad para atrapar al desventurado héroe. Se la suele representar como sexualmente insaciable. Aunque suele ser malvada, también hay mujeres fatales que en algunas historias hacen de antiheroínas e incluso de heroínas. En la actualidad, el arquetipo suele ser visto como un personaje que constantemente cruza la línea entre la bondad y la maldad, actuando sin escrúpulos sea cual sea su voluntad.

Es imposible no atruibuirle a Ed Brubaker el máximo mérito posible por convertir a la mujer fatal arquetípica en la protagonista absoluta de Fatale, la serie cuya autoría comparte con Sean Phillips a los lápices y Dave Stewart al color. Su femme fatale es aquí la heroína de la historia, pero también es una especie de antagonista por la que los hombres se desviven, ven nublados sus sentidos sin explicación alguna y en la mayoría de ocasiones pueden llegar a perder la vida.

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El aura de misterio que rodea a Josephine continúa expandiéndose en el segundo volumen en tapa dura de esta serie que en español está publicando Panini con acierto, tras haber llenado las estanterías de los aficionados al cómic con los dos integrales de Criminal, también de la misma pareja artística.

Si bien en la primera entrega nos quedábamos con ganas de más con ese rompecabezas cuajado de alusiones al maestro del horror H. P. Lovecraft, en esta segunda parte se confirma que estamos ante una gran serie, donde Brubaker demuestra una gran pericia con los recursos más característicos del género negro. El guionista deja de lado los años cincuenta para transportarnos hasta los setenta, donde florecen las drogas, las sectas de prácticas poco ortodoxas y un Hollywood de lo más extravagante en sus gustos; y con Josephine como una musa del cine retirada en su gran mansión. Es decir, lo peor de aquellos años en la América reciente.

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Y en todo ese embrollo, donde se entremezcla la búsqueda de un libro perdido, una película maldita y la Iglesia del Método está Josephine, dejando una huella imborrable en los hombres y haciendo que sus sueños y anhelos queden relegados a un segundo plano para caer rendidos a sus pies, como si de adoradores se tratasen. Una maldición, la de la inmortalidad, de la que Jo quiere escapar a toda costa pese a saber que no puede, aunque en ocasiones no pueda evitar utilizar esa capacidad de atracción cuando la ocasión lo requiere.

La serie mejora con Los trabajos del Diablo y no puedo esperar a que llegue octubre para leer Al oeste del infierno. ¿La Gran Depresión y los tiempos del Salvaje Oeste? Debe ser mío.

Sinopsis

Fatale 2: Los trabajos del Diablo

Los Ángeles, 1970. Josephine no puede esconderse más de las fuerzas de Hollywood, de los cultos satánicos o de películas espeluznantes rodadas en ocho milímetros que los millonarios coleccionan con avidez. Después de que un actor que lucha por salir adelante y su amigo herido se crucen en su camino, el infierno se desatará... y los ecos que deje llegarán hasta los tiempos modernos, donde Nicolas Lash cae en el hechizo de Josephine.

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