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Hanzô, el camino del asesino

La gran historia de la amistad del Shogûn Tokugawa, que unificó el Japón feudal, con el ninja Hattori Hanzô.

Kazuo Koike y Gôseki Kojima son palabras mayores. Solo por Lobo solitario y su cachorro ya tienen un asiento asegurado en el palacio de los dioses del cómic (sin pensar siquiera en lo que hicieron por separado, que incluye cosas como Crying Freeman: ahí es nada). Y como a los grandes les suelen gustar los retos grandes, allá por los años setenta Koike y Kojima decidieron hacer un manga contando la historia de la relación entre Tokugawa y Hanzô, a medio camino entre la realidad histórica y la leyenda (como todo lo que tiene que ver con esos personajes, en realidad), y se marcaron una serie simplemente espectacular, publicada originalmente entre 1978 y 1984.

Si ya habéis leído Lobo solitario y su cachorro, sabéis qué podéis esperar. Si no, compraos juntos este volumen y el primero de dicha serie. De verdad, hacedlo.

Kojima - Plumilla

El virtuosismo con la plumilla de Lobo solitario también está en Hanzô.


El dibujo, a plumilla, es simplemente fascinante. Una especie de versión manga de Jack Kirby, capaz de presentar anatomías aberrantes y errores en las proporciones que, paradójicamente, dan una mayor verosimilitud a lo narrado. Los personajes, lejos de la belleza y finura de rasgos imperantes en buena parte del manga industrial actual, a menudo son abiertamente feos. Tokugawa, de hecho, es regordete, mientras que Katô, el Milano, es viejo y decrépito. Todo ello aumenta el realismo, algo imprescindible en una historia en la que las técnicas ninja más sorprendentes pueden aparecer combinadas con otras mucho más sencillas y creíbles.

La historia, más allá de algún que otro momento de pura distancia cultural, es una lección de narrativa. Una combinación de relato de amistad en la adolescencia, de lección sobre el Japón feudal, de política, de sexo… y todo sin tapujos. En el Japón feudal hay violaciones, asesinatos, intrigas y traiciones, y los personajes son maquiavélicos. Los malos, pero también los buenos. No es un cuento de hadas.

Hanzo 10 - Portada

Portada del número 10 de la edición original.


Pero lo mejor es que, al tener más de 400 páginas en las manos, da tiempo a ver cómo los personajes se van desarrollando, conociéndose y creciendo. Porque, por encima de cualquier otra cosa, esta es la historia de dos amigos y en este número es cuando se conocen. Y a nosotros, lectores, también nos los presentan ahora.

Quizás a los lectores más habituales de manga les llame la atención la estética, con un dibujo clásico del que pocos autores se siguen valiendo, pero con un uso de los fondos mucho más trabajado. El blanco típico del fondo de viñeta del manga industrial aquí es un recurso narrativo, no una obligación estética ni, peor, una forma de ahorrarse trabajo cuando hay que sacar un volumen cada dos semanas. Abundan las tramas y las sombras, y toda la escena del duelo en la playa bajo la lluvia tiene tal densidad que casi podemos tocar el aire.

Yo me he quedado con las ganas de más. En cuanto salga el segundo número lo leeré. Y sé que no me defraudará. Mientras tanto, creo que voy a volver a ver Kill Bill, que allí sale ese famoso maestro hacedor de katanas: Hattori Hanzô.

Sinopsis

Hanzô, el camino del asesino

Hattori Hanzô es un joven suppa, un ninja, que tiene la misión de servir y proteger a su señor, un chico poco mayor que él: el futuro shogûn Tokugawa. Entre los dos irá surgiendo una amistad mientras crecen y maduran, aprendiendo uno del otro.

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