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La guerra de Wade Wilson, un imprescindible de Deadpool

Para abrir boca hasta el estreno de Deadpool, hablamos del que quizá sea el mejor cómic del personaje.

El artista anteriormente conocido como Masacre, Deadpool, el mercenario bocazas, es un personaje menor de Marvel y, la verdad sea dicha, hasta que se anunció su película pocos habían leído algo suyo. Muchos ni siquiera lo conocían. Basta con ver cómo hordas de neófitos ponen el grito en el cielo cuando alguien se refiere a él como Masacre.

Yo no había leído nada del personaje hasta hace un par de semanas, lo reconozco. Y en estos días he comprobado que había hecho bien. Es un personaje que ha ido teniendo guiones malos y chistes fáciles, historias de lectura rápida y rápido olvido. Su arco argumental de los presidentes resucitados de EEUU es una continua sensación de algo desaprovechado. Podría haber sido muy grande, y a ratos es una simple enumeración de señores muertos que no conoce nadie fuera de América.

La guerra de Wade Wilson - I want you

Verás, quería que tú, querido lector, oyeras la verdad. O partes de la verdad, al menos.


Pero entonces me encontré con La guerra de Wade Wilson. Es una miniserie de cuatro números editados en un solo volumen por Panini aquí en España, y es una obra maestra. Tiene todo lo bueno del personaje, todo lo que me he hartado de ver limitado a chistes fáciles, pero aquí está llevado mucho más allá. Incluso convierte sus puntos débiles en hallazgos. Y, encima, es una historia cerrada. No hace falta haber leído nada de Deadpool antes, ni volver a hacerlo después. Ni siquiera hay que haber leído cómics de superhéroes.

¿Por qué es tan bueno? Para empezar, porque es un ejercicio narrativo brillante. Deadpool se presenta ante una comisión de investigación del Senado para explicar una masacre en Sinaloa unos meses atrás, y ya de paso cuenta cómo le crearon a él y a otros tipos como Bullseye. De paso se convierte en casi el único cómic en el que se nos cuenta algo del pasado del mercenario bocazas, pero es él mismo quien lo cuenta, lo que vuelve toda la historia sospechosa.

La guerra de Wade Wilson - Tetona
Me explico: hay dos momentos temporales, el presente en el que Wilson está ante la comisión, y el pasado que está narrando. El presente lo conocemos a través del narrador omnisciente habitual en los ćomics de superhéroes, pero el pasado lo conocemos a través de la narración de Wilson, con sus exageraciones, tergiversaciones y simples y llanas mentiras. Por eso los personajes femeninos tienen anatomías imposibles (pechos descomunales, cinturas inexistentes, curvas en las curvas) en el pasado, pero no en el presente, donde sus pechos son pequeños, sus curvas son reales (por ejemplo, producto de músculos y no de acumulación de grasa en el lugar adecuado) y su cutis no parece sacado de un anuncio de cremas para la piel.

Para remarcar ese efecto, hay un par de personajes que narran también parte de esos hechos, pero fuera de la comisión, de manera supuestamente más real y objetiva. El contraste entre ambos discursos es evidente, y se refuerza mezclando la imagen de uno con el texto de otro. Pero solo un lector ingenuo se creerá el discurso de estos otros personajes sin un ápice de duda. Al fin y al cabo, también son parte interesada.

La guerra de Wade Wilson - Sinaloa

—Llegó a creer que él y los tíos raros de su equipo eran superhéroes de cómic.
—Oh, dios mío. Sinaloa.


Para acabarlo de mejorar, Deadpool rompe la cuarta pared a menudo (lo que es una seña de identidad del personaje), pero no para hacer chistes fáciles (o no solo para ello), sino para volver toda la historia un relato. Así, cuando empieza a narrar una incursión en Nicaragua, el dibujo hace el salto temporal del presente al pasado, y el texto que Deadpool empieza diciendo en el presente lo acaba de decir en el pasado, de manera que sus compañeros le preguntan que con quién narices está hablando: «Con una comisión de investigación del Senado en el futuro. Es una larga historia.» Pero lo dice mirando al lector, no a sus compañeros. Y al final de la historia vuelve a romper la cuarta pared durante páginas enteras, dirigiéndose al lector, con el resto de la narración detenida y coloreada en tonos pastel. Porque Wilson sabe que está en un cómic.

La guerra de Wade Wilson - Máscara
¿Lo sabe? ¿O lo cree? Porque la cosa da otra vuelta de tuerca, y al hablar de cómo adquirió sus poderes se nos explica que el medicamento que les daban tuvo el efecto secundario de provocarles esquizofrenia y paranoia, y que Wilson empezó a creer que vivía en un cómic. Incluso propone entrar en los X-Men. ¿Qué parte de lo que leemos es verdad? ¿Qué parte es ilusión? ¿Qué es pura y simple mentira y qué es una alucinación?

Cuando crees que ya no se puede dar otro giro más, llegan las últimas páginas, de las que no puedo decir nada sin destriparlo, y tienes que recoger tu mandíbula del suelo y limpiar tus sesos de la pared, porque la cabeza te ha estallado. Duane Swierczynski nos ha regalado uno de los mejores guiones que me he llevado a la cara en mucho tiempo.

La guerra de Wade Wilson - Coche
Todos estos juegos metanarrativos no se limitan al texto, sino que el mismo grafismo se regodea en ellos. Ya he mencionado cómo el aspecto de los personajes femeninos es muy diferente entre los dos momentos temporales, cosa que, de paso, lanza una pulla a los cómics del personaje, que suelen tener ese tipo de mujeres anatómicamente imposibles. Y que un cómic de superhéroes destaque por eso ya dice mucho de lo exagerado que puede llegar a ser. Pero Jason Pearson, el dibujante, va más allá. Las escenas de acción narradas por Deadpool están dibujadas al estilo habitual del personaje, con gore, violencia, profusión de explosiones y disparos, poses exageradas… mientras que las del presente, en la comisión del Senado, son todo lo contrario. Sobrias, sin colores estridentes. Incluso la elección de planos. El presente recuerda mucho (aunque hay que tener ya una edad) a la retransmisión televisiva de la comisión por el Irangate, con el punto de vista normalmente a ras de sala, como si fuera de verdad la CNN emitiendo. En cambio, el pasado se regodea en picados, contrapicados, escorzos, planos aberrantes de todo tipo. Es show, es un cómic de superhéroes y tiene que ser espectacular.

La guerra de Wade Wilson - Calzoncillos

Un tirillas con calzoncillos de Spiderman: ¿Deadpool?


Y entonces, de nuevo, en las últimas páginas va más allá. He mencionado cómo se detiene la narración y todo se vuelve de tonos pastel mientras Deadpool, tan brillante como se puede esperar, va hablando con el lector. E, igual que hacía el guión, el final te hace estallar la cabeza, y rompe con las dos estéticas que ha ido alternando, al tiempo que explica por qué las ha usado. Tiene toda la lógica del mundo.

Aunque la lógica sea la último que uno espera de algo relacionado con Deadpool.

Sinopsis

Masacre: La guerra de Wade Wilson

Wade Wilson se enfrenta a una comisión de investigación del Senado norteamericano por una masacre en Sinaloa unos meses antes. A través de su narración conocemos, por fin, algo de su pasado, aunque no será fácil discernir la verdad de la ficción, especialmente cuando el propio Masacre no tenga clara la diferencia.

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