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La muerte blanca de Robbie Morrison y Charlie Adlard

¿Todavía eres de los que piensan que el cómic es cosa de críos? Aquí tienes un ejemplo práctico para sacarte de tu error.

Es el centenario de la Primera Guerra Mundial, y aunque está teniendo menos eco del que merece, al menos el mercado no se está limitando a reeditar a Tardi. Robbie Morrison (Nikolai Dante, Juez Dredd) y Charlie Adlard (Los muertos vivientes, El aliento del Wendigo) nos traen este interesante cómic ambientado en uno de los escenarios menores del conflicto, poco conocido pero igual de sangriento que el que más. Su título, La muerte blanca, hace referencia al nombre que los soldados de la entente daban a los aludes provocados por los cañones austro-húngaros. Aludes provocados aposta y que mataron probablemente a más de cien mil soldados.

Lo que más llama la atención en La muerte blanca es el tipo de ilustración elegido, con unos tonos grises que lo inundan todo, volviendo el aire irrespirable y llegando a crear auténtica sensación de asfixia en el lector. La técnica usada por Adlard es parecida al carboncillo, y el dibujo es bastante diferente de su línea habitual.

La muerte blanca - Página

Todo el cómic es gris, creando una mezcla de claustrofobia y agorafobia.

No es la primera vez que Adlard se acerca a la Gran Guerra, que ya apareció en su El aliento del Wendigo, aunque allí era sólo un escenario en el que situar su historia de terror indio. En esta ocasión el escenario se convierte en el gran protagonista. La composición se llena de grandes viñetas y fondos casi sin definir, lo que aumenta la fuerza del primer plano. Además, el punto de vista suele situarse por encima de los personajes, aunque a menudo lo hace sólo levemente, como si lo viéramos desde las montañas que les van a traer la muerte en cualquier momento.

La muerte blanca - Contraportada

La imagen de contraportada lo resume a la perfección: la naturaleza se convierte en un arma más, en otro soldado.

La historia en sí es casi anecdótica, y ese es el principal problema: aunque sabemos que es una excusa para contarnos la brutalidad que fue esa guerra, a ratos nos gustaría que nos importara más lo que les pasa a los personajes. Su tragedia personal debería ser más trágica, por así decirlo, y menos filosófica.

Quizás si el aspecto visual no fuera tan brillante se notaría menos lo flojo del guión y, en conjunto, dejaría mejor sabor de boca. Tal y como está, no puedo evitar quedarme con la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que es. Aun así, merece la pena leerlo y, sobre todo, disfrutarlo visualmente.

Sinopsis

La muerte blanca

Durante la Primera Guerra Mundial, el frente italiano estaba justo en los Alpes. Allí lo más mortífero no eran los soldados enemigos, sino los aludes. Sobre todo, los que provocaban los cañones.

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