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Y, el último hombre: Un pequeño paso, de Brian K. Vaughan y Pia Guerra

Seguimos repasando Y, el último hombre, con la reseña del tercer volumen de la reedición española, que incluye los números del 13 al 18 del cómic original.

El título de este tercer volumen, Un pequeño paso, es un pequeño guiño a la frase que Neil Amstrong pronunció en la Luna (si es que verdaderamente pisó la Luna y no un decorado, como apuntan los amantes de las conspiraciones) porque los protagonistas de los primeros números que incluye el volumen son un par de astronautas que podrían acabar para siempre con la soledad de Yorick en la Tierra post-plaga, únicamente habitada por mujeres. Hay una cápsula espacial en la que viajan dos tipos y una chica, una chica con un secreto, aproximándose a la Tierra y el grupo formado por la cada vez menos fría agente 355 —atentos a la confesión que pretende hacer pasar por falsa de un momento determinado de la historia— y la doctora Mann pretende llevarlos a un lugar seguro antes de que otras (las soldados israelíes, empeñadas en hacerse con Yorick para repoblar su nación) los encuentren.

Con Yorick más desaparecido que de costumbre (lo que ocurre en este volumen, ocurre, sobre todo, entre las chicas y el último hombre no es más que el trofeo que se disputan, o, como dice una de las soldados, «esto es lo que les pasa a las amigas cuando se interpone un hombre») y las amazonas fuera de plano por completo (hay una fugaz aparición de Hero, pero es tan fugaz que apenas anticipa algo que, con toda seguridad, ocurrirá en los números que siguen a los incluidos en este tercer volumen), la acción se centra en lo que podría ocurrir con dos hombres más sobre la Tierra y la posterior huida de Ampersand, que acaba en manos de las integrantes de un grupo de teatro de lo más peculiar, un verdadero acierto a nivel de trama del siempre talentoso Vaughan (recordemos que es, en parte, responsable del argumento de Perdidos). Un grupo de teatro al que le llueven encargos de continuar exitosas series de televisión que se quedaron sin final (culebrones que las únicas habitantes del planeta echan muchísimo de menos) pero que prefieren las historias de piratas y que, en un giro metaliterario (o metaviñetesco) de la trama, acabarán por representar una obra de producción propia que fantasea con la idea de que quedara un último hombre en la Tierra.

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Ocurre con estas chicas lo contrario de lo que ocurría en la época de Shakespeare: que las únicas que suben al escenario son mujeres, mujeres que hacen papeles de hombre como en la época de Shakespeare los hombres hacían papeles de mujer, solo que por entonces las mujeres existían. Hay, como en toda la serie, una reflexión poco profunda sobre la condición de la mujer hasta el momento y sobre la posibilidad de que un mundo únicamente habitado por mujeres pudiera ser distinto al mundo que conocemos, y una y otra vez se nos dice que no, que ellas pueden llegar a ser tan crueles como lo fueron ellos, porque de lo que se trata es de «dinamitar los mitos sobre el género», como dicen en un momento dado uno de los personajes de este tercer volumen. Vamos, que las guerras seguirán existiendo, solo que quizá lo hagan (con toda probabilidad) por motivos distintos.

Pero es el último número el que pone a nuestro protagonista en un verdadero aprieto. La agente 355 está convencida de que la mejor forma de protegerle de todas aquellas manos de arpías que desean hacerse con él es dejarle en una cabaña en mitad de la Nada con otra agente, una agente que merece todo el respeto de 355. La agente en cuestión se hace llamar 711 y, aunque tiene una poblada biblioteca, no piensa ponérselo fácil al bueno de Yorick, porque sus intenciones no son del todo limpias. ¿Podrá escapar el último hombre de los dominios de la fatal 711? Aunque algo irregular por la resolución del periplo espacial (el asunto de los astronautas), el volumen se cierra con un final de impacto, el arranque de una escena que debía producirse tarde o temprano y que había empezado a hacerse de rogar, porque, después de todo ¿para qué quieren todas esas mujeres a Yorick? Ha llegado el momento de averiguarlo. Solo que habrá que esperar un poco más. A que llegue el cuarto volumen a las librerías.

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Sinopsis

Y, el último hombre 3: Un pequeño paso

Yorick está a punto de dejar de ser el último hombre vivo en la Tierra, si su habitual reparto de enemigos no hace nada para remediarlo. En la trama que recorre los primeros números incluidos en este tercer volumen una cápsula espacial en la que viajan tres astronautas (dos de ellos, hombres) está a punto de aterrizar en el planeta y acabar con todos los problemas del chico en cuestión. En el resto, Paul Chadwick pone sus lápices al servicio de un breve arco argumental de aires shakespearianos y, por último, Yorick acaba en manos de la agente 711 que tiene otros planes para él. Planes que no garantizan su protección, que es lo que espera garantizar la agente 355 escondiéndolo en su cabaña.

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