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Crónica de la II Catcon

II catcon

La II CatCon exhibe normalidad en Vilanova i la Geltrú.

Los días 24 y 25 de noviembre se celebró la II CatCon en Vilanova i la Geltrú. Durante la misma, además, se entregaron los Premios Ictineu, con los que la Societat Catalana de Ciencia Ficció i Fantasia reconoce las mejores obras de género publicadas en catalán en el último año.

En esta ocasión, los invitados de honor fueron Elia Barceló –a quien entrevistamos hace tiempo- y Joan-Lluïs Lluïs. La alicantina había ganado la semana anterior el Ignotus a mejor relato, pero no había podido asistir a la Hispacon de Salamanca, por lo que se aprovechó su presencia en Barcelona para entregarle el «piedro».

Elia Barceló con su Ignotus

Elia Barceló con su Ignotus

El programa para los dos días era algo escueto en comparación con otros eventos similares, pero intenso y con algunas mesas realmente potentes. Incluso alguna sorpresa, como la mesa inicial sobre «Las traducciones perdidas de la CF». Un lugar común entre los aficionados catalanes es la ausencia de clásicos traducidos, pero en esta mesa descubrimos que en realidad lo que hay es un enorme campo de descatalogados: desde Asimov hasta Sturgeon, Watson o Dick, muchos clásicos fueron publicados hace tiempo en catalán, pero hoy resultan inencontrables. La mesa de Miquel Codony, Edgar Cotes y el traductor Eduard Castaño fue una excelente manera de arrancar la CatCon.

Hubo otras mesas interesantes, como la de robosexualidad, de la profesora Sara Martín, el mismo sábado por la mañana, o las entrevistas a los invitados de honor, o incluso la mesa a dos de homenaje a Mary Shelley a cargo de Ricard Ruiz Garzón y Teresa López-Pellisa: tan intensa y con tantas ideas por minuto que no hubo preguntas del público, porque este estaba aún intentando procesar todo lo que había oído y visto.

Elia Barceló, Carme Torras, Rosa Fabregat y Teresa López-Pellisa moderadas por Karen Madrid

Elia Barceló, Carme Torras, Rosa Fabregat y Teresa López-Pellisa moderadas por Karen Madrid

Pero una Con no son solo las charlas. Las librerías y editoriales tenían un agradable espacio en el vestíbulo del auditorio, aunque quizás resultaba algo frío para los que tuvieron que pasar allí horas. Además de cotillear novedades y ver On Writing por fin en catalán (¡ya tocaba!) o las ilustraciones de Dave McKean para la nueva edición de American Gods, era una buena ocasión para charlar con algunos editores -por allí andaban los de Hermenaute, Orciny Press, SECC y Pagés Editors- y autores. Y todo el mundo simpático y encantado de estar allí -o disimulando muy bien-.

Y bares, claro. La cafetería de detrás del auditorio o el bar de enfrente, con su terraza al sol en la que charlar y hacer las inevitables bromas sobre el independentismo, o sobre que de 8 personas solo una fuera nacida en el Principado. Pero también para hablar sobre qué estábamos viendo y leyendo y apuntar recomendaciones y comentar que había gente desde los 14 hasta los 85 años.

La verdad es que el ambiente ha sido tan agradable que, acostumbrado a los dramitas típicos de otras convenciones, a las peleas de egos y las discusiones bizantinas que parecen sacadas de un mal episodio de The Big Bang Theory, el buen rollo que se respiró este fin de semana en Vilanova i la Geltrú resulta envidiable.  No quiero decir que fuera una convención perfecta, pero no parecía una segunda edición, sino más bien un a décima, algo ya consolidado y sin imprevistos. Hubo el típico momento «todo está fatal», pero al menos no hubo una vieja guardia reivindicando lo bien que estaba todo -a su juicio- en sus tiempos, más que nada porque en sus tiempos estaba Franco y el catalán estaba cualquier cosa menos bien.

La imagen de Boris Karloff como Frankenstein está en parte inspirada en un capricho de Goya.

La imagen de Boris Karloff como Frankenstein está en parte inspirada en un capricho de Goya.

La sensación general, pues, es de que a las CatCon les queda mucho recorrido por delante, y que se pueden reivindicar como una cita ineludible en el calendario friki. El reto que tiene por delante es conseguir que más gente pase el fin de semana entero, y no vaya solo uno de los dos días. La afluencia el sábado fue bastante superior a la del domingo, y solo una pequeña parte de los inscritos se apuntaron también a la cena de gala en la que se entregaron los Ictineu. Esperemos que el año que viene más gente se quede. Si depende de cómo ha ido todo esta edición, seguro que será así.

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