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Crónica de la Semana Negra de Gijón 2013

Nuestro enviado especial, Jordi Balcells, nos da envidia desde la Semana Negra de Gijón.

La Semana Negra es una importante cita literaria en Gijón, Asturias. Aunque la mayor parte del recinto ferial que alberga esta fiesta está orientada al ocio y solo una pequeña parte está dedicada a los libros, es suficiente para que los aficionados a la lectura disfrutemos como enanos (esto es, bebiendo cerveza, comparando la longitud de nuestras barbas y haciendo lanzamiento olímpico de hacha al casco del primo Glod). Si bien desde el año pasado tiene una dura competencia en el Celsius 232 de Avilés, este encuentro con la novela negra, con 26 años a sus espaldas, todavía alberga numerosas presentaciones y actos relacionados con nuestros géneros favoritos. Veamos este festival desde el prisma de Fantífica.

Semana Negra: Félix de la Concha retratando a Joe Haldeman

Félix de la Concha retratando a Joe Haldeman


A pesar de que Joe Haldeman no necesita presentación, tal vez alguien no haya leído La guerra interminable. Digamos que retrata la alienación que sufren unos soldados espaciales que viajan de batalla en batalla a velocidades relativistas, es decir, tan cerca de la velocidad de la luz que ellos envejecen semanas mientras en la Tierra pasan años. La conexión con Vietnam (y con tantas otras guerras) es clara: regresan a un país distinto al que dejaron, y que los rechaza. Es más, se encuentran con que las costumbres sociales han cambiado tanto que pasan de rechazar ellos ciertas prácticas a ser rechazados por mantener costumbres pasadas de moda. Al fin y al cabo, como decía Chesterton, la fantasía consiste en tomar lo que es familiar y cotidiano y darle la vuelta para mostrárselo al lector desde una nueva perspectiva, para que lo vea de nuevo por vez primera.

Además de dejarse retratar por Félix de la Concha (aquí el resultado), el sábado día 6 Haldeman presentó La libertad interminable, escrita 25 años después de La guerra interminable y que recupera los personajes años después de dejarlos jubilados, totalmente abandonados en una sociedad utópica y paradisíaca y aburrida… y no digo más por no spoilear. Haldeman comentó que, en general, la literatura sobre el futuro se sigue enmarcando dentro del capitalismo porque es un sistema que se resiste al cambio y porque presentar una utopía socialista no sería muy interesante. Es más tentador hablar de distopías fascistas: poner a sus personajes en situaciones incómodas para ver cómo reaccionan. En relación a la adaptación a cine de La guerra interminable que prepara Ridley Scott desde 2008, se imagina al director levantándose un buen día y pensando: «Mmm, a ver, de todas estas adaptaciones que estoy desarrollando, ¿de cuál podría hacer declaraciones para que al autor le incordien todo el año preguntándole cómo va la película?».

Semana Negra: Laura Fernández presenta La chica zombie

Laura Fernández presenta La chica zombie


El mismo sábado 6, Laura Fernández, redactora de Fantífica, presentó La chica zombie, una novela que trata más de hacerse adulto que de zombis, con una protagonista, Erin, que, un buen día se despierta y está muerta por haber sucumbido a la presión social del sexo y haber hecho algo que no quería. Erin es el único personaje que es consciente de lo que le espera si no cambia; el resto están muy perdidos en la vida. A continuación, Laura Fernández presentó junto a otros autores Aristas Martínez, una editorial indie que publica libros al límite de los géneros.

Alberto González, otra joven promesa española, habló el domingo día 7 de El amargo despertar, una novela del apocalipsis en Vallecas y en un pueblo perdido de León, que bebe de La tierra permanece de George R. Stewart. Es la historia de un hombre, no especialmente agradable, al que le comunican que tiene SIDA el día antes de que prácticamente todo el mundo desaparezca, y debe colaborar con los supervivientes para sobrevivir. En un apocalipsis, o se vuelve a la tierra, a los orígenes, o tienen un futuro crudo.

Semana Negra: Howard Chaykin

Howard Chaykin


Howard Chaykin nos relató, sin pelos en la lengua, sus experiencias en el mundo del cómic. Además de trabajar en Batman, Los Vengadores o Superman, también publicó obras más personales, como American Flagg! o Black Kiss. Pero más que el contenido de las historias, lo que de verdad le interesa es la narrativa: cómo estructurar historias viñeta a viñeta y página por página. Mientras que en American Flagg! exploró sus límites como creador, Black Kiss surgió para responder con una obra hiperviolenta y pornográfica a la propuesta de la industria en los 80 de volver a un sistema de autocensura como la Comics Code Authority. En los 70, en sus principios como autor, estuvo haciendo el vago y no rendía a plena potencia por su vida bohemia: fiestas nocturnas continuas, alcohol, drogas y mal humor. Ahora se levanta al alba para trabajar y disfruta de una vida aburrida. En su madurez ha decidido que prefiere el crimen y la política a la ciencia ficción.

Tampoco tuvo reparos Chaykin en retratar las miserias del mundo de la TV de los 90, que poco tiene que ver con la TV actual de grandes superproducciones de calidad («milagro de creatividad increíble»). Tuvo un prometedor comienzo en la industria en Flash, el relámpago humano, porque se encontró con buenos colegas y manga ancha por parte de los productores, pero La Tierra: conflicto final (lo más bonito que puede llamarla Chaykin es «una mierda infecta») y Mutante-X lo alejaron para siempre de la TV, al tener que luchar con jefes inútiles y compañeros pelotas. Afirma que su trabajo en televisión le sirvió para dos cosas: aprender a distribuir la trama en escenas (narrativa) y pagar al contado la casa de veraneo.

Elia Barceló, a quien es casi obligatorio introducir como la gran dama española de la ciencia ficción, presentó Hijos del clan rojo, el primer acto de una trilogía de aventuras más o menos juvenil que se cerrará, si todo va bien, en primavera de 2014. Se esconde entre nosotros una especie muy similar físicamente, pero de gran longevidad y poder acumulado a lo largo de los años y que está en peligro de extinción por no poder reproducirse. Para sobrevivir, deberán aprender a colaborar entre ellos y, especialmente, con los humanos. Es de agradecer que la autora reconozca una realidad: al suceder la trama a lo largo de casi todo el mundo (menos en EE. UU., que a esos siempre les pasan cosas), a veces se den problemas de comunicación porque no todos entienden los mismos idiomas.

Semana Negra: Mas allá de Némesis (posado)

Posado en la presentación de Mas allá de Némesis


Una de las grandes sagas de la ciencia ficción española es Akasa-Puspa, que iniciaron Juan Miguel Aguilera y Javier Redal en 1988 con Mundos en el abismo, recientemente reeditada como facsímil. En la Semana negra se presentó Más allá de Némesis, una antología que sigue la estela de una propuesta similar en 2012, Akasa-Puspa, de Aguilera y Redal. Como sería imposible resumir aquí el argumento de esta saga (baste decir que la evolución, la genética y la biología juegan papeles fundamentales), centrémonos en el libro: un conjunto de relatos que funcionan como novela cohesiva gracias al pegamento de uno de ellos, repartido a lo largo del libro. Además, el libro trasciende sus páginas gracias a unos códigos QR que, al principio de cada relato, enlazan con la canción de introducción y que, al final de cada relato, permiten al lector ampliar los conocimientos científicos relacionados.

La isla de Bowen de César Mallorquí recupera la esencia y las sensaciones que recuerda el autor de su lectura juvenil de la novela de aventuras pura de Verne, trasladada a la década de 1920, con toques dieselpunk. El viernes día 12, César Mallorquí contaba que, en los años previos a la escritura de la novela, meditó sobre los pilares de la novela de Verne, que destiló en: un barco, un dirigible o globo, una isla y un volcán, además de la búsqueda y el viaje de toda novela de aventuras. Mallorquí dio con una definición de novela juvenil: «La novela juvenil es la novela que gusta a los jóvenes». Tan completa como la definición de Damon Knight («ciencia ficción es lo que señalo con el dedo mientras digo “esto es ciencia ficción”»), sin duda.

Finalmente, Emilio Bueso presentó su Cenital, que precisamente se llevó el Celsius de esta Semana Negra, tras ganarlo también el año pasado con Diástole. Cenital es una novela sobre la crisis: la crisis energética, principalmente, pero también la crisis económica y sociopolítica. Comenzó a escribirla en 2007, antes de la caída de Lehman Brothers y, para cuando se publicó en 2012, solo tuvo que añadir menciones al 15-M para que siguiera siendo vigente. Es una novela sobre un apocalipsis malthusiano, sobre la implacabilidad de la segunda ley de la termodinámica, sobre la incompatibilidad del crecimiento infinito que defiende el capitalismo y los recursos finitos (cobre, coltán, uranio): «Ya hemos chocado con el iceberg, solo que la orquesta sigue sonando». Lo llaman pesimista, pero cree que los pesimistas son los que mueven el mundo, que a los optimistas ya les va bien como está, y, como ingeniero, cree que basar las innovaciones en el mayor beneficio económico (en la última década «los mayores inventos han sido el Facebook y el Nespresso») no puede traer nada bueno. No le gusta especialmente la ciencia ficción (salvo Black Mirror) porque «hoy día cultivar la space opera es como hablar de dragones y mazmorras»; está más a gusto en el terror y se nota: «No a todo el mundo le asustan los fantasmas, pero a todos nos aterroriza perderlo todo y no poder recuperar nada». Actualmente se encuentra preparando un biothriller.

Por supuesto, la Semana Negra es mucho, mucho más, pero estas fueron las presentaciones, los libros y los autores más relevantes desde la perspectiva fantástica. ¡El año que viene, más!

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