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El Mundodisco cumple 30 años

Celebramos el aniversario con una versión actualizada de la Guía de Lectura del Mundodisco.

Tal día como hoy pero hace 30 vueltas a nuestro aburrido sol central, un 24 de noviembre, la pequeña editorial del agente literario Colin Smythe publicaba un libro escrito por un periodista de Beaconsfield, que por entonces trabajaba como enlace de prensa para una central nuclear. El tal Pratchett ya había sacado tres novelas, pero aquella, El color de la magia, tenía algo. Eran cuatro historias hiladas, con las que daba un repaso en clave de parodia a buena parte de la fantasía épica (y no tan épica) más popular de entonces. Estaba protagonizada por Rincewind, un mago cobarde e incapaz de hacer magia,1 que por azares del destino se veía obligado a acompañar al primer turista del Mundodisco allá donde este quisiera ir. Y este quería ir a todas partes.


Sería bonito decir que la novela tuvo un éxito instantáneo, pero en realidad no lo alcanzó hasta que la todopoderosa Corgi reeditó El color de la magia a finales de 1985. El año siguiente, un Terry Pratchett cuyo nombre ya empezaba a sonar en convenciones y corrillos de fantasía publicó su continuación, La luz fantástica, que por supuesto también estaba ambientada en su mundo plano, es decir, construido con sentido común.2 Y que por supuesto era una extraordinaria segunda dosis de carcajadas, escrita con el mismo estilo fresco e irreverente de la primera, con la misma profusión de hilarantes notas al pie —interpretad las mías como un homenaje, no como una referencia de calidad— y con una cadena similar de situaciones absurdas, personajes estrafalarios y referencias más o menos veladas a todo lo que se menea, que llevaba a un final tan épico como mucha de la fantasía que estaba parodiando.

Y entonces fue cuando Terry Pratchett tomó la decisión que lo ha traído hasta 2013 como un superventas absoluto en Reino Unido: no escribió una tercera novela de Rincewind. Su tercer libro del Mundodisco, Ritos iguales, cambiaba de protagonistas y no tenía ninguna relación con los dos anteriores. Volvió a hacerlo con el cuarto, Mort (aunque para este pusiera el foco en uno de sus, hasta la fecha, secundarios más celebrados: la Muerte), y esperó hasta el quinto libro de la serie para recuperar a Rincewind, su mago cobarde e inútil de las primeras novelas. Pero para entonces ya había plantado la semilla de lo que se convertiría en un rasgo definitorio de la serie del Mundodisco: que no es una serie sino varias que comparten mundo.

Portada de Raising Steam

Raising Steam, la última novela del Mundodisco publicada hasta la fecha.


Durante estos treinta años el estilo de Pratchett ha ido cambiando gradualmente; lo contrario habría sido preocupante. Él mismo afirmaba al principio que «llegó un momento en que descubrí que existía algo llamado trama», aunque posiblemente exagerara. Sí es cierto que, salvo contadas recaídas, no hemos vuelto a ver el humor desatado, exuberante y sin complejos de los dos primeros libros, pero también lo es que lo reemplazó por otra clase de humor más elaborado e igual de chispeante. Y al mismo tiempo, sin dejar de provocar carcajadas, los libros del Mundodisco fueron ganado profundidad, sustancia. Los cuatro despojos de la sociedad que protagonizan ¡Guardias! ¡Guardias! y se valen de un bug de la probabilidad para enfrentarse a un dragón son los mismos que, en Ronda de noche, se ven inmersos en una sangrienta revuelta con la que Pratchett enfoca las revoluciones, la podredumbre institucional y los equilibrios de poder que requiere una sociedad sana.3

Y por supuesto, treinta años dan para mucho. Dan para 40 novelas del Mundodisco propiamente dichas —algunas ilustradas, otras juveniles—, cuatro libros de divulgación científica, mapas, guías de viaje, juegos de tablero, rol y ordenador, miniseries de televisión y un larguísimo etcétera. Treinta años dan para que la corona británica reconozca el mérito de Terry Pratchett ordenándolo caballero —momento que aprovechó para forjarse una espada meteorito +30—, para que le diagnostiquen un alzheimer temprano y para que aun así siga escribiendo, dictando a su ayudante o al ordenador. Treinta años dan para que podamos leer historias de magos, dioses, héroes y faraones, pero también para echar carbón al cráneo con temas como la religión, el especiesism… racismo, el ansia bélica, las tradiciones y últimamente las relaciones entre distintas culturas.

Pero sobre todo, treinta años de Mundodisco dan para que no podamos esperar al próximo libro, aunque acabe de salir uno. Treinta años no son nada. Queremos más.

Guía de lectura del Mundodisco, versión 2.3

¿Asustados por enfrentaros a 40 libros? Aquí tenéis los puntos recomendados de entrada y los libros que siguen.


  1. Pese a ello, tanto el personaje como el escritor se empeñaban en seguir afirmando que era mago, lo que sería equivalente a llamar vaso a un bloque de cemento aunque sea incapaz de contener líquido. Volver.
  2. Aunque es cierto que a los ejeños que visitan la Periferia les cuesta un poco mantener el equilibrio al principio. No existen estudios al respecto porque se tiende a considerarlos simples borrachos. En buena parte, con razón. Volver.
  3. ¡Y un huevo duro! (Si no lo pilláis, corred a comprar Ronda de noche, porque vuestra vida no está completa.) Volver.

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2 Responses to “El Mundodisco cumple 30 años”

  1. […] conocemos; y porque a medida que nos acercamos al horizonte, éste se aleja (a no ser que vivas en Mundodisco, porque entonces te caes por el […]