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J. Valor Montero: «La mía es una novela histórica de un universo paralelo»

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J. Valor Montero nos cuenta todos los secretos de La República Pneumática.

En la mesita de noche de J. Valor Montero, el tipo que ha sido capaz de imaginar un Imperio Romano steampunk, o una antigua Roma capaz de desarrollar la máquina de vapor y unir el mundo con trenes, hay tres libros. Uno de ellos es Mientras escribo, de Stephen King. Los otros dos son El marciano, de Andy Weir, y El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales.

«Uno antiguo, otro actual (¡y de género!) y un tercero sobre el oficio», dice. Y añade: «Siempre suelo combinar estos tres aspectos». Aunque si tiene que hablar de sus escritores favoritos, al primero al que menciona es a Philip K. Dick: «Me abrió las puertas de «otra» ciencia-ficción a los 17 años (género en el que me había iniciado con Fundación de Asimov tres o cuatro años antes), y de Ursula K. Le Guin, con la que descubrí que te pueden gustar a la vez las espadas láser y las espadas mágicas. Pero, por supuesto, no leo solo género, y aprendo y disfruto tanto de Dostoyevski como de John Fante. Y no toda la narrativa es escrita, por lo que también aprendo mucho del cine, que me gusta hasta el extremo de haber hecho mi tesis doctoral sobre Cine y arquitectura (porque sí, J. es arquitecto y profesor de universidad) y las buenas series, como The Wire o True detective, por citar sólo dos de las que más me han impresionado recientemente».

La República Pneumática - Portada

Pero en realidad no estamos aquí para hablar de influencias, sino para hablar de La República Pneumática, de cómo se gestó, de su protagonista, Marcus Novus, y de sectas luditas y xenófobas.

Así que empecemos.

Cuéntanos, J., ¿de dónde sale la República Neumática?

La idea surgió hace muchos años, cuando me enteré de que los romanos habían descubierto la máquina de vapor en el siglo I d.C., pero solo fue usada con fines recreativos, porque su economía se basaba en el esclavismo y no tenía necesidad de fuerza mecánica. Pasé años tratando de imaginar cómo habría sido la Revolución Industrial si se hubiera producido en aquel momento, cómo habrían sido las ciudades, los vehículos, la sociedad… Entonces, en el año 2012, leí un estudio de unos arqueólogos sobre el trazado de los campos alrededor de la Barcelona romana. Ahí se me disparó la imaginación y, como soy arquitecto, me puse a dibujar ese Ensanche de la ciudad que nunca existió. Y justo en esa época tuve la suerte de conocer a Ricard Ruiz Garzón, que me empujó a escribir la novela.

¿Por qué Roma? ¿Qué te atrajo desde el principio de la capital del eximperio?

Como escritor y como arquitecto siempre me estoy preguntando «¿qué pasaría si…», y el caso de Roma es muy fértil para ese tipo de preguntas, porque era una sociedad muy estructurada, con una historia muy larga, la base de gran parte de nuestra cultura… ¿A quién no le gustaría saber qué habría pasado si la Revolución Industrial hubiera ocurrido mil quinientos años antes? ¿Cómo habrían sido las ciudades, los dirigibles y locomotoras, la política, las luchas entre clases sociales…?

Háblanos del protagonista, Marcus Novus.

Es un chico de provincias, cuya imaginación le trae problemas en la escuela, que de repente tiene que huir de su mundo para intentar salvar a su padre de una ejecución segura por unos crímenes que no ha cometido. Escogí un protagonista joven porque me interesaba que tuviera capacidad de maravillarse ante cosas que, para nosotros, son el pasado pero que a él le provocan un efecto «¡Guau!» que intento contagiar al lector (el sentido de la maravilla). Marcus tenía más capacidad de sorprenderse (y de asustarse) que un adulto, y gracias a su desconocimiento por razones de edad, descubrimos el mundo al mismo tiempo que él.

¿Y qué hay de su escudero autómata?

Como la novela está narrada en primera persona y el protagonista es muy joven, me preocupaba que las introspecciones sonaran impostadas. Por eso inventé una especie de alter ego de Marcus con quien pudiera conversar. No puedo decir mucho sin hacer spoilers.

¿Qué crees que tiene la pareja de quijotesca?

No lo había pensado, pero ¡es cierto que son un poco quijotescos! En realidad, Hoc es la parte de Marcus que se busca problemas, el irreflexivo y visceral, el miedica… Marcus es el reflexivo de la pareja.

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Ahora háblanos de los vehículos, tan romanos y a la vez tan de un hoy de vapor.

En el worldbuilding era muy importante que las máquinas fueran verosímiles y plausibles (que el lector se las creyera y que fueran posibles con la tecnología disponible en la época). Eso implicó un trabajo de investigación largo, incluyendo los neologismos que se habrían podido usar. Imaginé esos casi 200 años de evolución manteniendo conversaciones con arqueólogos para entender cómo era su ropa, las costumbres… ¡hasta me apunté a una sesión de cocina romana!

Era difícil, pero has logrado crear un steampunk romano…

Como decía, solo me dejé llevar por la tecnología y la cultura romana tras introducir ese «¿y si…?» subversivo de la generalización de la máquina de vapor. Imaginé qué habría pasado en su sociedad, su arte, su tecnología… Puede que el resultado final remita al Londres del siglo XVIII o XIX, pero es porque a causas parecidas, resultados similares, no porque persiguiera una estética determinada.

¿Qué te atrae del steampunk?

Como dijo Ursula K. Le Guin, «al género se llega, no se parte de él». Quiero decir que no soy lector de steampunk, aunque me gustaron Las puertas de Anubis de Tim Powers (donde no veo el steampunk por ningún lado), La máquina diferencial de Gibson y Sterling o Pavana de Keith Roberts. Pero es porque son buenos libros, no por el género. Para mí, el steampunk es ciencia-ficción hard: un universo derivado de una evolución técnica imaginaria… solo que transcurre en el pasado en lugar del futuro.

Se define la novela como una ucronía, ¿la ves así?

Como ha dicho una amiga, la mía es una «novela histórica de un universo paralelo». Es una manera de definir la ucronía: una historia alternativa que parte de un hecho que nunca ocurrió, que en mi caso es el uso de la tecnología del vapor por parte de los romanos. Como decía, me he dado cuenta de que la ucronía le permite a la ciencia-ficción conservar el sentido de la maravilla que quizá había perdido en favor de la fantasía, ya que la tecnología real avanza tan rápidamente que no hay manera de sorprender imaginando sus desarrollos futuros.

También se podría definir como «retrofuturismo» (un futuro que nunca existió) o, más exactamente, como «retrodistopía», porque muestra ese «futuro chungo» al que se refería Javier Negrete para definir la distopía cuando se publicó la excelente antología Mañana todavía.

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Háblanos de las sectas y del amor imposible (hasta donde creas oportuno contar)…

Respecto a los grupos xenófobos, tienen que ver con esa distopía que comentaba: se trata de un mundo en el que se retrata la destrucción de la naturaleza, la ascensión de una dictadura, la inminencia de la guerra… En una sociedad así es de esperar que haya grupos que se enfrentan a la industrialización con todos los métodos a su alcance (sean o no justos) y otros que atribuyen todas las culpas de lo que ocurre a los inmigrantes, más cuando el contacto entre Roma y China ha favorecido la expansión de la filosofía oriental entre los más desfavorecidos. Respecto al amor (imposible o no), hay que tener en cuenta que el protagonista es un muchacho que empieza a entrar en la edad adulta. Y, ¿en que piensan los muchachos a esa edad?

Y por último, confirma: ¿habrá una segunda y una tercera parte?

Efectivamente, está la segunda parte que estoy escribiendo, donde habrá más voces y escenarios, y una tercera en la que se cerrará tanto la historia como la maduración personal de Marcus.

Por otra parte, con Laura Llimós llevamos adelante una serie de novelas juveniles multimedia interactivas llamadas «Ømni», de la que hasta ahora hay dos libros (Barcelona Roman Steampunk y El constructor de laberintos) que van apareciendo en papel con realidad aumentada a través del móvil o en capítulos para iPad, así como en Kindle pero sin imágenes. Transcurren en un futuro cercano, donde la Barcinomagna de La República pneumática es el escenario de un juego de rol online. Laura hace las imágenes y animaciones y yo el texto. Con esta obra fuimos premiados en el II Concurso de Guión Transmedia de la Associació de Guionistes – Mercat Audiovisual de Catalunya – TV3, y nos gustaría que acabara convirtiéndose en una serie que transcurriera en distintos formatos: desde la TV hasta las redes sociales y la geolocalización en el móvil.

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One Response to “J. Valor Montero: «La mía es una novela histórica de un universo paralelo»”

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