Este sitio utiliza cookies. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. Para más información vea la política de cookies.

Cerrar

Prólogo de El secreto de la ventriloquia

La nueva colección de relatos de la editorial Dilatando Mentes se pondrá a la venta el próximo 11 de marzo.

El secreto de la ventriloquia es la primera colección de relatos de Jon Padgett, autor estadounidense residente en Nueva Orleans y estudioso de la obra de Thomas Ligotti, algo que quedará en evidencia a medida que avancemos en la lectura del libro. El tono metafísico del autor ahonda en el sufrimiento humano y la agonía de la existencia personal, una alegoría en clave de horror del nihilismo metafísico. El que acuda a sus páginas en busca del terror más típico se quedará decepcionado, ya que no es lo que eso lo que busca el autor, sino profundizar en un horror más filosófico. Autores como Laird Barron o Paul Tremblay también comentan maravillas de él, así que cómo mínimo merece que le echemos un ojo.

La traducción corre a cargo de José Ángel de Dios, el libro consta de 230 páginas, se pondrá a la venta el próximo 11 de marzo y tendrá un precio de 16,95 €. Podéis usar este enlace para comprarlo directamente a la editorial y añadirlo a vuestro Goodreads desde aquí.

La editorial Dilatando Mentes ha tenido a bien cedernos el prólogo de la colección de relatos, donde el editor Matt Cardin pone en contexto la figura del autor y la relaciona con el terror de figuras como Poe, Lovecraft o Ligotti. Sin más, os dejamos con la cubierta y dicho prólogo.

Ventriloquía_Portada

PRÓLOGO

          Es por todos conocidos que S. T. Joshi ha argumentado que los autores weird verdaderamente grandes han alcanzado su grandeza precisamente porque hacen uso de sus historias como vehículo para mostrar una concepción del mundo coherente. Me gustaría añadir una tesis alternativa. Me gustaría afirmar que una de las características de la ficción de corte weird —especialmente en el horror weird —, y no es la única, por supuesto, que el horror weird es una joya con muchas aristas, pero una característica crucial e irreductible en estas obras es que se alojan en la mente del lector con una fuerza y una intensidad del todo inolvidables —es una voz literaria viva y diferente—.
          ¿Se imagina el lector la obra de Poe, “La caída de la casa Usher” , sin la potente voz narrativa que habla, desde la primera página, con un tono de absoluta tristeza y abyecto terror? ¿Podemos concebir la obra de Lovecraft, “La música de Erich Zann” , sin su agitada voz onírica con un matiz de horror cósmico, generada por el particular despliegue del autor en su dicción y en su estilo de prosa? ¿O “La maldición de Hill House” de Shirley Jackson sin la notable instauración de la voz en el clásico párrafo de apertura ( “Ningún organismo vivo puede prolongar su existencia durante mucho tiempo en condiciones de realidad absoluta sin perder el juicio; hasta las alondras y las chicharras sueñan, según suponen algunos…” ), que luego se desarrolla a lo lago de la novela en un tono sostenido de terror combinado con soledad y melancolía? ¿O qué hay de “La última fiesta de Arlequín” de Ligotti sin su tono mesurado de temeroso descubrimiento envuelto por un telón de fondo emocional de desastrosa frialdad interna, tal como aparece en la voz narrativa de un antropólogo social anónimo que investiga un extraño festival de payasos en una ciudad del medio oeste estadounidense? Cada una de estas historias no solo se vería disminuida, sino fundamentalmente alterada, castrada, eviscerada por la eliminación de su voz distintiva, que, vitalmente, no es solo la voz narrativa de la historia individual, sino la voz del autor que se expresa a través del entorno de ese trabajo en particular.
          El asunto no es, por supuesto, que estos escritores siempre mantengan la misma voz en diferentes obras. Poe crea muchas voces narrativas diferentes a lo largo de su trayectoria. Pero él siempre, en cierto modo, suena como Poe. Lo mismo se puede aplicar a Lovecraft, Jackson, Ligotti y los otros grandes maestros del horror weird y sobrenatural. Su voz es vital para su ser literario. No escriben con el estilo monótono de muchas de las propuestas de terror que nos ofrece el mercado. En sus obras puedes oírlos hablar a través de la multitud de voces que componen sus respectivos mundos ficticios. Esta capacidad de creación de una voz diferente que le habla al lector en tonos inconfundibles con una fuerza manifiesta y con singularidad de identidad, es un don especial del arte literario.
          Y es un arte que Jon Padgett posee a raudales. Aprendí esto a lo largo de un lapso de años, ya que tuve el privilegio de observar, de forma intermitente y desde la distancia, la germinación y gestación del ser autoral de Jon. Eventualmente comenzó a enviar cuentos que me sorprendieron por la fuerza de su impacto filosófico-emocional. Recuerdo haber quedado en estado de shock a raíz de “20 pasos simples hacia la ventriloquia” , donde la narración misma se enfoca directamente en la naturaleza y el poder de la voz y, en particular, en una voz especial y atroz, “una voz intangible y extraña, retorciéndose a través de esa garganta y esa boca, diciéndonos que solo has sido uno de sus millares de brazos carmesí… Siente esa voz que no es solo una voz que burbujea a través de esa boca que no es una boca. Deja que purgue tu inmovilidad. Deja que te llene con su propio ruido.” Presentado bajo la forma de una guía paso a paso para aprender “un nivel superior de ventriloquia” —cuyos practicantes son “acólitos del Ventrílocuo Definitivo… estamos catatónicos, despojados de ilusiones de individualidad e identidad… receptores y emisores perfectos de la nada con nada para sofocar la voz de nuestro sufrimiento absoluto” —, es una de las historias más poderosas, inquietantes, perturbadoras e impactantes de este tipo, o de cualquier otro, que he leído en los últimos diez años.
          La misma energía poderosa serpentea a través de los otros cuentos que se reúnen aquí. En estas nueve historias impactantes —o más propiamente dicho, siete historias más una obra teatral de un acto y una meditación guiada para experimentar el horror de la existencia consciente—, Jon modula la voz del yo de su autor en múltiples tonos dependiendo de las necesidades de la pieza en cuestión. En “ÓRGANO – VACÍO” e “Infusorio ”, por ejemplo, lo calibra con efectividad irritante para generar un tono, un estado de ánimo y una visión del mundo de la inmundicia visceral situada en un reino ficticio de oscuridad creciente y espeluznante. En “Murmullos de una voz conocida” , lo aplica con éxito a la descripción en primera persona de la pesadilla del propio narrador sobre la persecución infantil, y la transición interna que lleva a este joven protagonista a darse cuenta de su poder para superar a su perseguidor. En “La autoconciencia de la práctica del horror” (la meditación guiada antes mencionada), suena casi como una de sus influencias ajenas al horror, el escritor y profesor espiritual contemporáneo Eckhart Tolle, que habla con una voz dulce y lúcida desapegada y cargada de autoconfianza, inquisitiva y, sin embargo, Jon hace esto tan suyo, que la voz que guía al lector hacia un estado de liberación de, o más bien dentro de, los horrores del cuerpo, la mente y el ser es reconocible como, quizás, la quintaesencia de las otras voces narrativas en el libro. En todo esto, uno puede, creo, detectar rastros de su larga práctica de ventriloquia, mientras proyecta la voz de su autor en cada obra y la hace hablar de manera convincente a través de todas ellas, incluso cuando sigue siendo, en esencia, la suya.
          Espero y creo que este, el primer libro largo de Jon Padgett, será recordado como una colección de cuentos auténticamente significativa. Junto con esa voz, nos llega también una visión, como resulta evidente a partir de las líneas que he citado, y la rica confección de Jon de esta visión va hacia el establecimiento de una cosmovisión coherente y, por lo tanto, destinada a cumplir el criterio Joshi. “Nosotros, los Ventrílocuos Supremos, somos acólitos del Ventrílocuo definitivo” , anuncia uno de sus narradores al final de las veinte lecciones transformadoras. “ Nosotros, los ventrílocuos Supremos, estamos catatónicos, despojados de ilusiones de individualidad e identidad… receptores y emisores perfectos de la nada con nada para sofocar la voz de nuestro sufrimiento absoluto. Sí, los Ventrílocuos Supremos hablamos con la voz de la naturaleza dañándose a sí misma.” No estoy seguro de si “la voz de la naturaleza dañándose a sí misma” es en realidad, en última instancia, la voz del propio Jon. Por su bien, creo que me gustaría que no lo fuera. Pero sí sé que se trata de una voz que se aloja en la mente del lector con una fuerza e intensidad colosales, marcando esa historia y este libro como algo inolvidable.

Matt Cardin
Stephenville, Texas
Septiembre 2016

Inicia sesión y deja un comentario