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Buscando a Jake y otros relatos, buceando en la mente de China Miéville

Trece historias —y un cómic— que suponen un recorrido por la trayectoria del autor entre 1998 y 2005.

China Miéville es uno de los mayores exponentes actuales del new weird, ese cajón de arena de límites difusos donde se entremezclan nuestras inquietudes más oscuras. Casi se podría decir que es el principal referente, si consideramos que el término fue acuñado en el prólogo de su novela corta El azogue (2002), por parte de M. John Harrison.

Hay una diferencia que matiza la obra de Miéville. Y es que no se conforma con arrojar deformidades, pesadillas, híbridos perturbadores y angustias invisibles en su cajón de arena. Por encima de todo ello hay una capa fundamental: la indignación. Bajo la mitología urbana que desarrolla, con ciudades que dejan de ser un escenario para convertirse en protagonistas, capaces de mirar con ojos primigenios a quienes les han dado vida, siempre subyace esa crispación que forma parte indisoluble de un autor cuyo activismo político es más que conocido.

La antología Buscando a Jake y otros relatos, publicada en España por La máquina que hace ping, coincide en el tiempo (2005) con la publicación de su tesis doctoral, que lleva un título tan elocuente como Between Equal Rights: A Marxist Theory of International Law. Miéville fue, además, candidato a las elecciones a la Cámara de los Comunes por parte de la Socialist Alliance en 2002. Su trayectoria como activista político corre paralela a la literaria, y es algo que permea de manera fundamental los relatos que componen esta antología. Sobre todo, en esa crispación que lo define y que aquí se percibe, en muchos momentos, como indignación. De nuevo nos encontramos con ciudades que cobran vida, que se yerguen y nos silencian, ante las que nos vemos impotentes. Aparece esta idea en el relato que da nombre al libro y que lo abre; pero el mejor ejemplo, el más crudo, lo tenemos en Cimiento. El segundo relato de la antología, en el que realmente fabula sobre edificios hambrientos que quieren cobrarse las afrentas de su fundación con la carne de sus habitantes. Incluso la prosa de Miéville deja entrever esa rabia, dirigida hacia el hombre que destruye sin miramientos con la excusa de un beneficio mayor, con frases veloces que nos contagian angustia de un mordisco.

Las ciudades y los no-lugares ansiosos por devorarnos también son los protagonistas de los dos relatos posteriores, El parque de bolas y el excelente Informes sobre diversos sucesos acaecidos en Londres, elaborado mediante documentos ficticios que son remitidos al protagonista; los retazos de información críptica terminan por encajar en una historia que consigue fascinarnos por encima de lo que nos perturba. Los tres siguientes, Familiar, Entrada extraída de una enciclopedia médica y Detalles cambian un poco el tono y se orientan al terror más clásico; en el caso de Familiar, al new weird más barroco y grotesco, en el que Miéville se desenvuelve con tanta soltura y ligereza como el protagonista de la historia. Lo mismo sucede con Cielos Diferentes, un relato que pivota sobre el memento mori, pero que nos invita a plantarle cara; de nuevo, armados con esa rabia e insatisfacción frente al entorno de las que no se desprenden ninguna de las historias, en mayor o menor medida.

Entre el weird y el horror urbano, Miéville también aprovecha para colocar su faceta activista y anticapitalista en primer plano en varios relatos: Mensajero, Acaba con el hambre, Jack y Noche de paz. En ellos el terror se diluye en pro de la distopía, si bien no se apaga del todo. Las ciudades se adormecen, y ahora es la maquinaria corporativista la que nos aterra y amenaza con engullirnos. No se puede hacer nada contra ella, nos dice Miéville, más que rebelarnos.  Aunque nuestros actos sean el batir de las alas de un insecto. Quién sabe si en algún momento, en algún lugar, a través de otras manos y otras mentes, habremos desencadenado la tormenta. En el caso de Noche de paz, además, llama la atención la fina ironía y el sentido del humor que impregna la narración. Miéville introduce aquí otro punto de reflexión: tal vez ni toda la rebeldía del mundo sea suficiente si terminamos por fragmentarnos.

El libro incluye una pieza curiosa, Rumbo al frente, un cómic con guion de Miéville e ilustrado por Liam Sharp; la historia menos interesante de la antología, tal vez porque la fuerza narrativa del autor no encuentra su eco en el estilo de dibujo elegido. Y cierra con El azogue, precisamente el inicio canónico del new weird que mencionábamos al principio. Una novela corta que se apoya en el conflicto entre identidad y otredad, trasladándonos de una perspectiva a otra constantemente, con la intención clara de evitar que nos anclemos en ninguna certeza; y mucho menos en ningún bando, en el conflicto que se narra.

Como en cualquier antología, la calidad e interés de los relatos varía, pero sorprende el elevado nivel general. Se trata de una puerta de entrada excelente, además, a cada uno de los temas que definen la producción de Miéville, aderezados con ese ímpetu juvenil que supone una novedad interesante para quienes estamos acostumbrados a su faceta más intrincada y compleja. Si pasamos por este rito de inicio y sondeamos su mente, estaremos listos para tomar el camino hacia Nueva Crobuzon.

Sinopsis

Buscando a Jake y otros relatos

Las historias de Miéville mezclan fervor político con amenazas góticas, y caminan de manera inquietante sobre el filo que separa lo extraño de lo cotidiano… poderosos cuentos de paranoica complicidad. (Times literary suplement).

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