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Diástole, o la naturaleza vampírica del arte

Bueso Diástole

Arte, vampirismo y adicción en la segunda novela de Emilio Bueso.

Reconozco que soy más de terror que de ciencia ficción o de fantasía, y seguramente ese es uno de los motivos que me llevaron a leer Diástole en cuanto salió. Pero, al mismo tiempo, justo eso me lo hizo coger con pinzas. Al fin y al cabo, es una novela de vampiros, como deja muy claro la portada. ¿Qué se puede hacer de nuevo con vampiros, a estas alturas? ¿Qué hay que no hayamos leído ya cien veces?

Pues el caso es que sí, que Bueso hace algo que yo no había visto nunca. Nos cuenta la historia de dos personajes vampirizados por el arte, por la pintura en este caso. Jerôme lo ha sido de una manera metafórica: por el arte ha terminado convertido en un yonqui que malvive, incapaz ya de pintar como una vez lo hizo. Porque Jerôme era muy bueno, pero su necesidad de pintar pudo con él. Y ahora tiene un trabajo de mierda que le deja aún peor de lo que ya está, y se gasta sus cuatro duros en malos picos, sin darse cuenta de que no es a la droga a lo que de verdad está enganchado, y que nunca superará ese mono que tiene si no consigue volver a pintar.

Iván también fue pintor, pero ahora no puede pintar. El arte le ha chupado la creatividad. Nos narra su larga vida y nos damos cuenta de que, cuando se convirtió en lo que es, superó ese mono de creatividad que Jerôme siente sin saberlo, pero a costa de perder la capacidad de crear.

Bueso Diástole

Emilio Bueso con su libro.

No voy a contar más de la historia (entre la sinopsis y el pedazo de spoiler de la portada no creo que le haya chafado a nadie nada), pero sí voy a dar algunas de las razones por las que me parece uno de los mejores libros españoles de lo que va de milenio.

Lo primero y más importante: la prosa. Diástole es un increíble ejercicio de estilo digno del mismísimo Quenau. Si ya habéis leído algo de Bueso, aún lo notaréis más.

Al hablar el otro día de Cenital dije que usaba tres voces narrativas diferentes, y aquí tenemos una sola voz, pero el flujo de conciencia la convierte en toda una polifonía. En ocasiones es un narrador tradicional en tercera persona, más o menos imparcial. Pero cuando la narración se acerca a Jerôme, hay una identificación entre el narrador y el personaje (que siguen siendo diferentes: eso es el flujo de conciencia) que nos permite ver el mundo como lo ve el pintor, entender qué siente, qué piensa. Así conocemos su pasado sin que realmente se nos narre en un aparte.

En cambio, la vida de Iván sí la conocemos narrada directamente. No es un flujo de conciencia lo que Bueso usa, sino que nos lo cuenta la voz del personaje. Mientras Jerôme va pintando, Iván le va explicando sus aventuras y desventuras, más de lo segundo que de lo primero, en un diálogo que es casi un monólogo. Tanto, que el lector olvida que el capítulo que está leyendo es la narración que Iván le está haciendo a Jerôme. Pero si se hace el ejercicio de comparar el estilo de esos capítulos con el del resto de la novela se verá que la voz es totalmente distinta. Las partes de Jerôme tienen esa prosa dura que caracteriza a Bueso: al fin y al cabo, es un yonki, no un aristócrata. Las partes de Iván, por contra, son suaves y delicadas a la vez que destilan mal rollo. Como una noche blanca de San Petersburgo, bella y poética, pero que sabemos que puede ser mortal.

Portada de Diástole

Portada de Diástole con spoiler incluido.

Pero quizás el principal punto fuerte de esta novela esté en sus dos personajes protagonistas. Está creados con mucho cuidado, casi con mimo, dándoles un pasado que sabemos mucho más extenso y complejo de lo que nos muestran; y una amplitud de emociones, así como una gran capacidad para reflejarlas en la prosa, que por momentos dejan boquiabierto. Y claro, los diálogos. Porque Bueso no se limita a decirnos cómo son esos personajes, sino que les hace hablar (y mucho), y vemos en lo que dicen y en cómo lo dicen esas personalidades.

Por más que lo diga, si no leéis Diástole es improbable que os hagáis una idea de lo espectacular que es su lectura. No perdáis más el tiempo leyéndome: id a buscarlo corriendo. Ya me daréis las gracias.

Sinopsis

Diástole

Jerôme es un pintor yonki venido a menos, al que Iván, un extraño personaje del este, encarga que le haga un retrato. A lo largo de las sesiones iremos descubriendo el pasado de Iván, perseguido por la URSS, superviviente del asedio a Leningrado, habitante del Chernóbil radiactivo... y es que su auténtica naturaleza está hecha por igual de radiactividad y de pintura, como Jerôme está a punto de descubrir.

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