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El eterno, vampiros y psicoanalistas

Una novela posmoderna sobre un vampiro que no se toma muy en serio a sí mismo.

En la década de los 90, Anne Rice creó el vampiro posmoderno, el vampiro con remordimientos, el vampiro que no quiere acabar con seres humanos y prefiere chupar sangre de ratas a desangrar a un nutritivo oficinista. Louis, el protagonista de la tremenda Entrevista con el vampiro, es el personaje del que han bebido (valga el guiño) desde la creadora de True Blood, Charlaine Harris, hasta la superventas Stephenie Meyer (La mujer Crepúsculo), y cuyos pedazos han servido para crear cientos de frankensteins chupasangre de todo tipo. El último en sumarse a esta ya larga lista es Ionas, el protagonista de El eterno, el debut como novelista del dibujante y director Joann Sfar.

El tipo en cuestión

El tipo en cuestión


El caso de Ionas es singular. Porque al principio parece una versión macarra de Juego de tronos. La cosa arranca a principios de siglo, pero el ambiente que reina en casa de los protagonistas es casi medieval. Ionas, un violinista judío bastante sinvergüenza, está a punto de casarse con la mujer de su vida, Hiéléna, pero entonces va y se muere. Porque estamos en 1917 y hay una Guerra Mundial. ¿Y qué ocurre cuando se muere? Pues que su hermano Caïn toma el testigo. Y se casa con Hiéléna y la desvirga a lo bestia. Pero, oh, Ionas no ha muerto. Y cuando vuelve a casa, después de devorar a su caballo y a un puñado de campesinos (porque, aunque intenta evitar acabar con seres humanos y trata de sobrevivir al estilo Louis, cuando tiene mucha sed enloquece y pierde el sentido y devora a cualquiera que se cruce en su camino), descubre el pastel, pero para entonces su aspecto es horrible, es casi una calavera andante, y tiene tanta hambre que…

Ocurre algo monstruoso, sí.

Pero luego se convierte en el amante nocturno de la que iba a ser su mujer y de vez en cuando se la lleva a volar por ahí y ese tipo de cosas. Porque Ionas vuela y duerme en un nicho del cementerio. Y mordisquea cochinillas y a veces se harta de mordisquear cochinillas y entonces quiere algo más y la lía más de la cuenta. Pero digamos que eso no es todo. Y que lo que viene ahora es aún mejor que el propio Ionas y su triste futuro interminable.

Joann Sfar - Viñetas

Sfar también es dibujante. Aquí una muestra de sus viñetas


Porque la segunda parte de la novela la protagoniza Rebecka Streisand, una psicoanalista neoyorquina que acaba de quedarse viuda de una famosa estrella del rock, y que está a punto de recibir en su despacho a un cliente muy especial. Sí, nada menos que Ionas, que ha sobrevivido a su dieta de cochinillas y ha aborrecido a todos los rabinos del mundo y ha decidido pasarse al lado oscuro y empezar a psicoanalizarse. En un triple salto mortal, Sfar convierte a Rebecka en la Christian Slater de la novela, esto es, el tipo que entrevistaba a Louis, el vampiro de Anne Rice, en la versión cine de Entrevista con el vampiro. Y entonces empieza el delirio y la novela gana enteros, porque Ionas reflexiona, a su humilde manera, sobre la condición del vampiro, el tipo de ser al que se le niega prácticamente todo menos la vida. «Oh —se lamenta Ionas—, soy un animal nocturno que solo puede elegir entre deprimirse o aprovecharse de… vamos, descubrir el mundo.»

¿Recomendable? Sí, hasta cierto punto. Para aquellos que quieran leer novelas sobre vampiros que no se toman muy en serio a sí mismos pero sí lo suficiente como para ir al psicoanalista. O para aquellos que echen de menos a una improbable versión gamberra de Anne Rice, capaz de alumbrar una Entrevista con el vampiro 2.0 que, sobre todo, intenta tomarse con humor lo de no encontrarse (pero sí) entre los vivos.

Sinopsis

El Eterno

Ionas, joven violinista judío, muere en una batalla en 1917 y, para su desgracia, regresa a la vida en forma de vampiro. Desde entonces solo tiene una obsesión: reecontrarse con el amor de su vida, Hiéléna. Su nueva vida de vampiro, sin embargo, le trae complicaciones, pues tiene que beber sangre para alimentarse, lo cual le hace sentir tremendamente culpable y deprimido.

Casi un siglo después, Ionas vive en Nueva York y encuentra en Rebecka Streisand, una psicoanalista que acaba de quedarse viuda de una famosa estrella de rock, una figura que le ayudará a superar su soledad y su culpabilidad. Después de tantos años, tal vez sea posible vivir en armonía con sus demonios.

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