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Las luminosas, de Lauren Beukes

Las luminosas, de Lauren Beukes

La nueva novela de Lauren Beukes que Literatura Fantástica RBA publicará en España en septiembre.

Cuando Biff Tannen, el incómodo y ridículo villano de Regreso al futuro, descubre el Delorean de Doc en un callejón y se convierte en interesado polizonte del mismo, lo hace con el fin de llevarle a su yo del pasado un catálogo deportivo que va a convertirle en el tipo más rico de la ciudad y, de paso, a transformarla en una hortera capital del pecado en la que los McFly, encabezados por el bueno de Marty, no son más que perdedores. Biff es la clase de tipo que podría quitarle sin dudar su helado a una niñita en un parque con el único fin de ver como estalla en llanto, pero jamás llegaría tan lejos como el protagonista de esta historia, un ex combatiente de la Primera Guerra Mundial que en lo primero en lo que piensa cuando descubre la Casa, suerte de máquina del tiempo con aspecto de, sí, casa, es en matar.

Y ¿por qué en lo primero que piensa es en matar? Porque cree que algo así no puede existir sin sacrificios. Así, Harper Curtis, el tipo en cuestión, un siniestro y delgadísimo Mr. Hyde cojo que está siendo perseguido en su tiempo (1932), decide viajar al futuro para deshacerse de las luminosas (mujeres llenas de vida, con un potencial tremendo para llevar a cabo cualquier cosa que se propongan y llevarla a cabo con éxito) propietarias de los objetos que encuentra en una de las habitaciones de la Casa, un misterioso lugar antes habitado por el tipo que se pudre en el salón, el cadáver de alguien que Harper no conoce pero de quien deduce que estuvo dedicándose a lo mismo que él hasta que la Muerte le sorprendió.

Bien. Veamos. Así que tenemos a Harper, que piensa dedicarse a matar chicas hasta que la Muerte le sorprenda. Y para ello va a viajar constantemente entre 1932 y el resto de años hasta 1993, y va a encontrarse con ellas cuando aún son niñas y, un instante después, va a matarlas cuando ya son adultas, cuando han superado la mayoría de edad y se han convertido en aquello que querían ser de pequeñas, y ninguna de ellas va a recordarle, ninguna de ellas va a relacionarle con el hombre que les regaló un cromo de béisbol o un unicornio de peluche porque para entonces habrán pasado tantas cosas en su vida que aquel insignificante encuentro con un extraño habrá quedado sepultado. Pero, ¿qué ocurrirá cuando una de esas niñas, cuando una de esas luminosas, sobreviva? Que la Muerte empezará a perseguir a Harper.

La chica en cuestión es Kirby Mazrachi. En 1989, Harper la dio por la muerta después de degollarla y extraerle parte de las entrañas. Pero la chica sobrevivió y, cuando se recuperó, decidió encontrar al hombre que había intentado deshacerse de ella. ¿Y cómo lo hizo? Se metió a periodista. Entró de becaria en el Chicago Sun Times con el único fin de trabajar junto a Dan Velásquez, el tipo que cubrió su (intento de) asesinato y el resto de crímenes cometidos en esa época. Pero, ¿cómo se encuentra a un asesino que no existe? He aquí el motor de la tercera novela de la sudafricana Lauren Beukes, que debutó con Moxyland, una historia cyberpunk (al más puro estilo William Gibson) ambientada en una Ciudad del Cabo futurista, y se hizo un nombre con la novela que precede a Las luminosas, Zoo City (que le valió un Arthur C. Clarke y el favor de la crítica de medio mundo, y que será publicada el próximo año en España).

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¿Y cómo ha construido Beukes esta historia de saltos en el tiempo? Lo ha hecho mediante capítulos cortos, que son como disparos, y que sitúan al lector en una y otra época, siguiendo alternativamente los pasos del asesino y de la víctima superviviente, pero también los de otras víctimas y otros personajes que forman episódicamente parte de la trama. El elemento adictivo de la trama tiene precisamente que ver con su estructura, simple pero efectiva. Y con el dibujo de sus personajes, en especial, los dos principales (Harper y Kirby), pues el resto parecen existir únicamente para darles sentido a sus actos. Y a eso debemos sumarle el hecho de que la trama está construida con más armas de novela negra que de la historia de género, puesto que el elemento fantástico se limita al viaje el tiempo, un viaje en el tiempo que se esgrime como el elemento definitivo, el más original, de la trama, y que prácticamente no se explica (sí, existe una Casa, pero ¿cómo demonios viaja esa casa en el tiempo? ¿Realmente basta con una llave?), por lo que parece más una excusa que un pretendido intento de integrar en la historia dicho elemento fantástico.

Y aquí pienso en lo distinto que resulta leer 22/11/63, de Stephen King, novela en la que el protagonista viaja al pasado para cometer un crimen, y en la que el autor no sólo no evita hablar de lo que el viaje al pasado provoca en el protagonista sino que prácticamente lo convierte en la parte más interesante de la historia, como ocurre con la mayoría de las historias en las que producen saltos temporales, algo de lo que Beukes prescinde por completo, limitándose en su caso a servirle para que el asesino permanezca oculto, para que no exista, y para que, por lo tanto, la búsqueda (la cacería) resulte, en apariencia, imposible.

Es éste (el de prescindir del enorme potencial del viaje en el tiempo), el mayor desliz de una novela que, por otro lado, se lee como un thriller de altos vuelos, una superproducción literaria que nació de una idea sencilla y devorable: la de la no-muerta que regresa para vengarse porque, como dejó dicho Michael Madsen en la segunda parte de Kill Bill, «esa mujer se merece una venganza y nosotros (en este caso, él, Harper) merecemos morir».

Sinopsis

Las luminosas

Kirby ha sobrevivido a un intento de asesinato brutal. El asesino trató de degollarla y de arrancarle las entrañas. Pasó meses en un hospital. Y cuando despertó, quiso contratar a un detective privado para que le echase una mano buscando a su asesino. Pero no tenía el suficiente dinero. Así que empezó a investigar ella misma. Y fue así como descubrió que su asesino podía no estar viviendo en esta época, sino que podía tratarse de un viajero en el tiempo.

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