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Relojes de hueso de David Mitchell

La nueva novela del autor de El atlas de las nubes es un gran ejemplo de buena literatura.

Hay libros que parecen hechos para leerse en muchas sesiones, espaciadas en lapsos de tiempo concretos, y los hay que parecen escritos o diseñados para zampárselos de un tirón. Cuando uno mira las más de setecientas páginas de Relojes de hueso de David Mitchell podría pensar que se trata de  de los primeros, pero en realidad es más bien de los segundos: es un libro que, pese a su volumen, no podemos soltar hasta enterarnos de lo que ocurre en el siguiente fragmento de la historia. Ese es el gran acierto del autor de El atlas de las nubes, que bajo su simbólico y abstracto título es una obra que al leerla da la sensación de estar en un reloj, uno de arena donde las corrientes temporales fluyen al mismo tiempo hacia adelante y hacia atrás, como si entráramos en un gran mecanismo del destino donde el devenir de los acontecimientos está prefijado y lo único que podemos hacer como espectadores es sentarnos y esperar.

Relojes de hueso no es de esas novelas recomendadas para leer en el metro o el autobús entre gritos, calores y bamboleos. No, Relojes de hueso es una novela para disfrutar sin prisa y sin pausa, para sumergirse en la inteligente y perfectamente construida prosa de Mitchell, cuajada ella misma de referencias y guiños al lector avispado que pretenda no dejar pasar ni una. Está construida a partir de varios relatos protagonizados por distintos personajes que terminan relacionándose de alguna manera. ¡Y de qué manera!

David Mitchell

David Mitchell, creador de El atlas de las nubes y Relojes de hueso.


He leído muy pocas, poquísimas, novelas donde el reparto termina involucrándose con la trama de una forma tan magistral como lo hace en la de Mitchell. La prueba está en que una vez consumido un buen bloque de páginas, echamos la vista atrás para descubrir el derrotero que han tomado algunos acontecimientos y lo que los ha provocado. Por eso he llegado a la conclusión de que los distintos relatos que forman Relojes de hueso podrían hipotéticamente leerse de forma independiente, a modo de ejercicio posterior al término de la novela, para jugar a las relaciones entre lugares, personajes y hechos, aunque mi recomendación sea igualmente leerlos en el orden en que están editados.

Lo siento, no puedo contar de qué va Relojes de hueso porque os estropearía gran parte de la diversión. Sería como contar el final de El atlas de las nubes, y eso es imperdonable en una novela como esta. Puedo decir, eso sí, que en Relojes de hueso seguimos la pista a tres o cuatro personajes cuyas vidas están marcadas por algo especial, como si hubiera una fuerza superior que ha reservado algo para ellos, algo escrito en el Guión. Desde una joven británica de los ochenta que se escapa de casa tras una inesperada bofetada de su madre, pasando por un escritor que se cree la monda literaria, hasta un reportero de guerra en el Irak de principios de siglo. Algunos son peones, otros tienen un propósito mayor.

Sí, puede que todos los relatos sigan un patrón, que no es otro que el de la propia literatura y el del paso del tiempo, como un reloj. Cada relato se ambienta en una época diferente, y Mitchell los rellena cuando corresponde con canciones de época o teléfonos móviles. Están ordenados cronológicamente, es decir, empezamos en 1984, seguimos hasta 1991, pasamos al 2015 y años posteriores, hasta alcanzar ni más ni menos que 2043.

Relojes de hueso
La novela ha ganado el World Fantasy Award de 2015 y también quedó finalista del Man Booker Prize de 2014, aunque en mi opinión los premios se quedan cortos por lo interesante de la propuesta y por la calidad que desprende Mitchell por los cuatro costados. No es algo que diga solo yo, lo avalan miles de lectores. Pero tengo que hacer una gran advertencia para los lectores de fantasía que vean en Relojes de hueso una de sus próximas adquisiciones. Es verdad que se trata de una novela de fantasía que ha ganado un importante premio del género, pero no es una novela donde se vaya a encontrar una fantasía desbordada. El lector no encontrará una sobredosis de mundos imaginarios, ni magos urbanos, ni un glamour en cantidades ingentes, ni intrigas políticas de salón en plan «Canción de Hielo y Fuego».

En absoluto: la fantasía de David Mitchell es muchísimo más sutil. En tres cuartas partes de la novela no hay prácticamente nada de fantasía, salvo escenas concretas. Pero cuando esa fantasía aparece nos golpea como una pala chocando contra la sien, tiene un efecto demoledor y nos da qué pensar. Por eso Relojes de hueso es una novela exigente que despierta la atención del lector y no la suelta hasta cerrar la última solapa. Además, toda esa preparación fantástica de unir esquemas y personajes tiene su recompensa, vaya que sí. Y por eso no puedo contar nada más, porque no hay que estropear los buenos vinos abriéndolos en plan salvaje, y porque aunque sepas lo que te espera dentro del recipiente eso no te impide disfrutarlo como mandan los cánones y hacer viajar a tu mente hasta los límites de la posibilidad.

Se dice que en el género fantástico está todo hecho, pero cada cierto tiempo nos encontramos con títulos como el de Mitchell que demuestran justo lo contrario: que no, que hay muchas formas de expresar el género y Relojes de hueso es una de ellas. Es el típico caso de novela que ganará en adeptos y envejecerá estupendamente conforme pasen los años, lo mismo que hacen sus personajes que, como nosotros, sufren una evolución, cual reflejo de nuestra realidad.

Sinopsis

Relojes de hueso

Después de una pelea con su madre, Holly huye de su hogar. Mientras se adentra en la campiña inglesa, una extraña se cruza en su camino y le solicita «asilo», una petición a la que la adolescente accede sin ser consciente de su significado. De repente, las extrañas visiones y voces que la acechaban de niña vuelven a perseguirla y alteran su mundo hasta adquirir un aura de pesadilla. A esto se añadirá la traumática desaparición de su hermano pequeño, un niño inquietante con una inteligencia inusual.

Pasarán muchos años antes de que Holly entienda qué sucedió ese fin de semana.

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