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Octodad, cuando ser padre resulta peligrosamente divertido

Octodad - Destacada

Un indie sobre lo complicado que resulta dar la talla como un tipo cualquiera cuando eres un pulpo.

Veamos. Eres un pulpo. Un pulpo naranja. Pero nadie más que tú lo sabe. Para todos los demás, incluida tu mujer y tus hijos, eres un tipo cualquiera. Un tipo que cada día lleva traje y corbata, y que, cuando alguien le pide que haga algo, lo hace. Con algo de torpeza, pero lo hace. ¿Y qué pasa cuando la familia en cuestión decide que estaría bien pasar un día en el acuario? Que no te parece en absoluto buena idea porque el resto de peces podrían reconocerte, ¿y qué pasaría entonces? ¡Que tu familia te odiaría! ¡Que te convertirías en una atracción de feria! ¡Que al cocinero que te persigue le podría dar por freírte de una maldita vez!

Porque sí, hay un tipo que sabe que no somos lo que aparentamos ser, que sabe que somos un pulpo y quiere matarnos para freírnos. Y nos lo encontraremos una y otra vez en cada una de las pantallas con aspecto de tarea de padre con las que nos iremos topando en esa genialidad algo lo-fi que sus creadores han dado en llamar Octodad: Dadliest Catch, un videojuego que consiste en tratar de ser como los demás cuando no lo eres.

¿Y si ese pez nos descubre?

¿Y si ese pez nos descubre?


La cosa empezó cuando un puñado de universitarios de Chicago decidieron que jugarían con las mecánicas de colisión y crearían un videojuego si lo recaudado en Kickstarter lo permitía. El juego trataría de seguir a un padre en apuros, que en realidad era un pulpo en apuros. La cosa consistiría en colocarle en un entorno determinado: un cuarto, una iglesia a diez minutos de la boda, su propia casa una mañana con niños cualquiera, el supermercado con una lista de la compra encabezada por la palabra «Pizza». Y luego, una vez estuviese ahí, pedirle que hiciese algo en concreto. En la iglesia, por ejemplo, ponerse el traje de novio y la corbata, lo cual puede resultar verdaderamente complicado cuando eres un pulpo y en vez de brazos y piernas tienes tentáculos que se disparan en todas direcciones, claro. Porque la gracia de Octodad es la de lidiar con tu propia torpeza. Porque jugar a Octodad garantiza un montón de risas, porque es literalmente imposible dar pie con bola. Tu mujer te pide que frías una hamburguesa y tú tiras la barbacoa, la mesa, todo, antes de poder siquiera coger la hamburguesa.

La idea de Octodad es fascinante porque invita a algo a lo que no acostumbran a invitar los videojuegos, convencidos, como parecen, de que la diversión está en la perfección o en la consecución de un objetivo al que la práctica acaba dándote acceso. ¿Y a qué invita Octodad? En primer lugar, a reírnos de nosotros mismos. A sentirnos muy muy torpes. A volver a ser niños y no tener ni la más remota idea de cómo controlar un juego. Porque, creedme, hasta el más experimentado de los gamers, se las verá y se las deseará para ponerse la corbata el día de su boda o conseguir el paquete de cereales en el supermercado sin tirar todas las estanterías y lanzar, en todas direcciones, los carros de todo el mundo. Y parece sencillo. Sus creadores han tomado la vida cotidiana y la han convertido en lo que es a veces: un infierno divertido. Y lo han hecho poniéndonos un espejo delante y diciéndonos que a veces no basta con querer y poder, que no basta con probar y probar, que a veces la cosa es solo cuestión de suerte y risas.

¿Preparar café o destruir la cocina?

¿Preparar café o destruir la cocina?


Cada pequeño reto se presenta pues en un escenario que, en sí mismo, es un pequeño sandbox, porque en él podemos pasar todo el tiempo del mundo siempre que hagamos lo que se nos pide. Retirar las malas hierbas, preparar el café, cualquier cosa. Y una vez superadas un par o tres de estas misiones, tendremos un encuentro con el chef que nos persigue, y entonces la cosa se complicará, porque hay algo que no he dicho. No basta con hacer lo que se nos pide. Hay que hacerlo sin que los demás noten nada raro. Es decir, sin destrozar por completo el lugar en el que estamos. Quien sea que esté contigo en el sitio que sea te irá echando miraditas y si te descubre, una mancha de, claro, tinta, acabará con tus tentáculos en la casilla de salida.

El supermercado, esa odisea

El supermercado, esa odisea


Aunque la parte gráfica esté algo descuidada, el hallazgo de Octodad es una estupenda noticia para los amantes del universo indie (puede jugarse en prácticamente todas las plataformas, desde PlayStation 4 hasta Wii U, pasando por la Xbox One y, por supuesto, el ordenador), y un más que recomendable buen rato encerrado en un juego que se vende a sí mismo así con el siguiente eslogan, lo cual de por sí ya es maravilloso: Loving father. Caring husband. Secret octopus, (Un padre cariñoso. Un marido atento. Un pulpo encubierto). Un enorme hurra por la apuesta por el humor absurdo (y el fantástico) que, estamos convencidos, hubiese fascinado al mismísimo H.P. Lovecraft.

Sinopsis

Octodad: Dadliest Catch

Vive las peripecias diarias de un elegante pulpo en un mundo diseñado para los humanos.

Seguir: Octodad | Young Horses

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